viernes, 6 de julio de 2012

Segunda parte: Manuel

SEGUNDA PARTE: MANUEL
Día 1: Empiezo esta relación de viaje con algunas explicaciones. Las fechas las reemplazos por una numeración, como quien empieza una nueva vida. No se lo que me depara, pero quemo mis naves, y con ellas el calendario y todo lo demás por que se rigieron mis días y movimientos. Sin rencor, solo con la ligereza del que quiere viajar ligero de equipaje. Mi maletín de viaje, igual que la última vez. El ferrocarril, ese si que es un cambio bienvenido. A pesar de que no se de las durezas que me depara fortuna, es mejor partir así, y sin los interminables zamarreos del viaje en coche, como la primer visita a la Casa Matriz. Ademas de los enseres personales, llevo mi juego de plumas y el resto de mi carga está en mi memoria y mi mente. Mis conocimientos de contabilidad para procurarme sustento en los puertos extranjeros, mis conocimientos del francés y el inglés, y los versos amados que me impulsan a saltar a este dulce abismo, habiendo dejado su versión escrita con mi querido amigo el doctor José María.
El viaje en tren, aunque novedoso, en poco años se ha vuelto rutinario. ¡Que fácil es acostumbrarse a la comodidad, y que difícil puede ser acostumbrarse a que estás sean retiradas!
Día 3. Mi puerto de salida, igual que como lo vi hace un par de años. Un bosque de mástiles de las naves menores, una humareda de los grandes vapores. Mi alojamiento, igual que las anteriores ocasiones, con mis compatriotas y las consabidas advertencias de precaución por la vida en el puerto. Mi pasaje ya estaba listo, solo me queda esperar la salida del vapor para la tarde. Reviso una vez mis escasos planes, y mis fondos que parecen suficientes, pero fácilmente pueden volverse escasos.
Día 5. El viaje fue calmo, y aunque no lo hubiera sido, el tamaño y potencia de estos modernos vapores nos hubieran ahorrado la zozobra de viajeros de hace mucho tiempo ha. El puerto principal bullía en su actividad febril, pero me ambiente rápidamente, por los caminos ya tomados en un par de ocasiones. El alojamiento seguía en buen pie, con su hospitalaria matrona y su alegre jardín mirando a la bahía.
Día 6. Mr. Cooke se mostró afable, y después de despachar los asuntos que me traían, a pesar de la sorpresa de mi solicitud de ayuda para llegar prácticamente al otro lado del mundo, pareció tomarlo como algo mas bien natural. Me comentó de como el también había sido victima de la que llamo wanderlust, aventura que lo dejo en estás riberas, felizmente casado. Me hizo una sugerencia intrigante. Me dijo que tenía un contacto de negocios importante en Tahiti, y que justamente hace poco había recibido correspondencia de él informándole de su necesidad de personal contable, europeo de preferencia, por la perdida que había sufrido recién de algún personal por motivos de salud. Mr. Cooke parecía tomar con el flema de su carácter nacional esta aparente alusión a un alta mortalidad por un clima pestilente, y lo que es mas, me dio entender que consideraba un gran cumplido enviarme en lugar de un connacional o un europeo. Le hice ver que la ruta que él sugería duplicada mi recorrido, sin embargo lo consideraba un obstáculo menor y que estaba hablando con alguien que sabía no iba en un viaje de negocios, a ser terminado lo antes posible, si no en busca de emociones nuevas, y que estas de seguro eran mas y mejores en los Mares del Sur que en un aburriéndome en un crucero transatlántico, con sus vicios y placeres ya rutinarios, todo bajo una mirada socarrona, de avezado vividor hacía un joven iniciándose en su mundo. Me exigió una respuesta perentoria, y sin pensarlo mucho acepté esta alocada oferta.
Día 10. La espera en el puerto ha sido tranquila, con cenas cordiales en el club y en casa de Mr. Cooke y otros miembros de la colonia. Han brindado por mi fortuna, como un joven aventurero, y noté como esa condición me daba un status que no me hubiera esperado, especialmente entre las damas, como un hombre lleno de misterios, quien no creía ser. Anoche fue una velada especialmente agradable, con un grupo de hombres con alguna experiencia en las islas que iba a visitar. Me alentaron de las múltiples oportunidades de alguién con mi formación para conseguir una buena posición en esos territorios. Puedo decir que les he sido agradable compañía, aunque los puedo haber decepcionado por mi falta de habilidad en las cartas o el billar.
Día 16. Ya he tomado posesión de mi camarote, y hemos zarpado internándonos en el las inmensidades del Océano Pacífico. Parece que fuera solo ayer que estaba en mi ciudad natal, discutiendo con mi jefe sobre la necesidad de comprar mas maquinas de escribir. Viajo en un carguero con una docena mas de pasajeros, un potpurrí de nacionalidades, chilenos, peruanos, ingleses y franceses, entre otros. En nuestras charlas me enterado de lo variopinto de mi destino, de como llegan todo tipo de buscavidas, y que entre esta multitud de aventureros, un europeo (ya me acostumbre a  que voy a ser considerado tal en mi destino inmediato) dispuesto a ensuciarse las manos con tinta es valioso por su escasez.
Día 24. Después de una parada de abastecimiento local, llegamos a nuestro destino, la ciudad de Paapete, capital administrativa y centro comercial de estas colonias. El recipiente de mi carta, M. Villiers, me recibió con fría hospitalidad, presentándome con mis compañeros de trabajo y mis acomodaciones, para darme rápidamente su espalda.  Aburrido de la inactividad durante mi largo viaje, empece al momento a familiarizarme con las particularidades de la contabilidad en estas latitudes. Aunque los principios básicos son los mismos en todo el mundo, y la legislación francesa con es demasiado distinta de la nacional, la experiencia nos enseña que si en cada establecimiento hay idiosincrasias administrativas, tanto más habrán de  ser entre territorios distantes. Me enteré así que nuestra principal actividad era el suministro de contratos para una compañía explotadora de fosfatos. Mis compañeros de trabajo han sido tanto mas cálidos que nuestro jefe. Son todos franceses y algunos mestizos, de mezclada raigambre, hijos de un europeo con una mujer local, china, india, de todo. Pensándolo bien, eso soy yo también, aunque en mi ciudad natal no fuese muy publicitado, nuestra abuela india nunca fue negada, y sí muy querida, en su callada humildad. Es cosa de ver el color de mi piel, para entender que M. Villiers me ha considerado otro mestizo mas, y que mi expectativa de ser un europeo fue una visión alterada por la realidad desde nuestras tierras.

Dia 52. Escasas semanas han bastado para hacerme valer entre los libros de M. Villiers. Mis camaradas, como ellos me han llamado afectuosamente, me han presentado el lado amable de los connacionales de nuestro jefe, conociendo ademas interesantes hombres venidos a sus antípodas en busca del paraíso perdido. Mi impresión de esta hermosa isla ha sido favorable, aunque he estado lejos de llegar a idealizarlas como algunos de estos buscadores. Ahora entiendo la mirada cómplice de Mr. Cooke, es increible lo disipada de la vida colonial, como la llaman aqui. M. Villiers me ha sorprendido con un ofrecimiento, quiere que me prepare para ir a otro territorio insular, a administrar una de sus agencias. Como es en la dirección de mi destino, me demostré bien dispuesto. Aproveche de decirle que aunque estaba contento de haber hecho honra a la recomendación dada por Mr. Cooke, no era mi objetivo ni juntar mas dinero ni hacer carrera por aquí. Como siempre, demostró la mas absoluta indiferencia con lo que tuviera que decirle, mientras sirviera sus intereses inmediatos.
Día 67. Recibí una noticia devastadora. Mi querida madre ha dejado esta vida para ir a la morada eterna. Mi querido cuñado Juan Alberto me ha escrito contándome que poco después que partiera, apareció muerta en su cuarto, habiéndose apagado su corazón durante el sueño. Que muerte mas dulce, pero que amargura en mi corazón, no haberle podido dar ese último beso de buenas noches, recibir esa última bendición, decirle por última vez lo mucho que la quería. Ya es muy tarde, solo sera en los recintos de gloria que te volveré a ver. Me da la impresión de que ni siquiera le alacanzarón a llegar las sentidas cartas con que quería decir algunas cosas que no alcance a decirle antes de partir. Que grave error, dejar algo así de importante para un momento indefinido en el incierto futuro. Me ha hecho recordar para que he venido, no ha viajar y conocer nuevas gentes, y le solicité a M. Villiers que acelerara mi partida a Fiji.
Día 73. El viaje de Tahiti a Fiji ha sido de lo mas pintoresco. El carguero que me llevo trabaja para la compañía de M. Villiers, transportando todo tipo de mercaderías y sus pasajeros. Mi destino en Fiji es similar al de Tahiti, una agencia comercial que atiende principalmente las necesidades de los ingenios azucareros esta vez. Hemos tenido numerosas recaladas en islas con cuyos nombre había empezado a familiarizarme por los intereses de la compañía. Lo que no aparecía en esos libros era la variedad de naciones y poblaciones nativas en todas ellas. Había supuesto a toda la humanidad originaria de esta tierra oceánica como similares a los de Tahiti, pero las diferencias físicas son inmediatas. Debo admitir que estoy empezando a sufrir el embrujo de estas tierras. El clima agradable me ha sentado muy bien, salvo molestias iniciales sin importancia, mi salud no se ha visto afectada. Mas bien, me pareciera que mi piel resalta lozana como en mi juventud, cosa que no hubiera creído pudiese suceder. La carga de trabajo es mas bien ligera, y se reparte de una manera acorde al clima y las estaciones. Después de agradecerle a mi cuñado su consideración, he cesado la correspondencia con mi antiguo hogar, hasta nuevo aviso. Mañana temprano, Dios mediante, debería llegar a mi nuevo lugar de trabajo.
Día 74. Esta vez las recomendaciones que yo traía eran de otro tipo. En Fiji, adonde llegamos antes del amanecer, mi sorpresa inicial fue grande al ser recibido en las oficinas de la agencia, cuando me enteré que el cargo de responsabilidad que había supuesto por las vagas indicaciones de M. Villiers, ya estaba ocupado por otro funcionario de la empresa. Todo se aclaró cuando recibí mi comisión, tenía que ir a un puesto comercial en una isla secundaria de este archipiélago. Mis aprehensiones iniciales cederión al comprender que no había sido engañado, aunque no hubiera estado de mas un poco mas de precisión como una muestra de consideración de parte de los responsables de la compañía. Es esta decidia la que hace sentir a sus empleados como un engranaje sin importancia, y por eso mismo, provoca tanta malversación cuando pueden crear la oportunidad. No se me dio la oportunidad ni siquiera de descansar y refrescarme en las amplias instalaciones de la compañía en Suva, como se llama la capital de esta dependencia de la corona británica, cuando se me envió al puerto a embarcar el correo del día, en dirección al puerto de Savusavu en esta isla vecina. así, entre los cargamentos de víveres y diversas mercancías que tengo que llevar a mi nuevo puesto, me siento a escribir, pero mantengo la dignidad de no sacarme la camisa para refrescarme en público.
Día 75. La oficina de Savusavu es bastante menor que la de Suva, siendo este solo un pequeños puesto donde los locales, mestizos de europeo y nativos de la isla, manejan un floreciente comercio en productos derivados del coco y en la copra. El puesto había quedado al cuidado de un sirviente de otra dependencia británica, por que claramente no es un nativo, pero aquí empiezan a flaquear mis conocimientos de geografía, aunque me parece que es hindú. Al revisar los libros, veo que la compañía se sujeta mas a sus propio usos internos que a la legislación de cualquiera de sus respectivas metrópolis. Especialmente en este rincón alejado, las consideraciones de imperio son mínimas, y parece mas bien que los locales se las arreglan por sus costumbres para mantener las paz interna, aceptando dócilmente el estandarte de su soberano.
Día 81. Mi sirviente, pues me trata de master sahib, y efectivamente es un hindú, se llama Mamud y tiene el aspecto de un hombre mayor. Tiene su casa al lado de la agencia, donde vive con quien debe ser su esposa y sus hijos. Hemos congeniado muy bien, y me da la impresión de ser un hombre honrado, que ha salvaguardado los magros intereses de la compañía en este lejano puesto. Los nativos nos consideran como extraños indeseables pero necesarios, por nuestro comercio, que por supuesto depende a su vez de la prosperidad de ellos. Estos primeros días han sido de una actividad febril, pues habían estado esperando el reemplazo del agente anterior, que abandono su puesto antes de mi llegada, no he podido averiguar bien por qué. Ahora que terminaron las labores de revisión de inventario y de atención de las emergencias iniciales, entramos al pausado ritmo de la vida en estas islas.
Día. 90 Afortunadamente, la buena relación con Mamud y la confianza que le he dado le permitieron juntar valor y pedirme que entrene a su hijo Farzad en las técnicas contables básicas. Como el tiempo está lejos de ser un problema en este puesto, accedí con gusto. El joven es vivaz y de buen carácter, deseoso de aprender. Abandonado en estás soledades, solo había aprendido los trabajos manuales mas básicas, y algunas artes marciales que le enseño su padre, por un lejano paso por la milicia que tuvo. Empece con los números y muy rápidamente pasamos a la aritmética básica. A los pocos días me ha sorprendido, mostrándome una técnica de multiplicación, que aunque no tan eficiente como la que le enseñé después, demuestra un talento poco común. Aunque la verdad yo no necesito de ayuda para las livianas obligaciones de este puesto, es mas bien un placer compartir con este prometedor joven.
Día 108. No me he tomado muy en serio este diario, sin embargo, no dejo pasar demasiado tiempo sin vaciar en el un breve resumen de lo que ha sido de mi. Rápidamente Farzad adelanto sus estudios, y ha sido feliz de poder trabajar en los libros, que al abrírselos su ojos se posaban en ellos como en el texto mas sagrado que haya descendido de los cielos. Mamud ha resultado un excelente interlocutor para las tranquilas tardes, cuando tomamos el fresco en mi terraza. Me he enterado de su azarosa vida, en otras lejanas tierras, que el menciona como conocidas por todos, pero a mi solo me recuerdan lejanamente alguna nota en la prensa, como he dicho no me había interesado mucho en la geografía hasta ahora. El nació en el puerto de Singapur, el que he aprendido es una verdadera joya de la corona británica en estas latitudes torridas. Ahí fue sirviente de distinguidos establecimientos, de los que habla con gran orgullo, nombrando a grandes señores que tuvo el honor de atender, pero a los que yo no conozco ni de mientes. La separación de su familia, que claramente es una herida en su corazón, se debió según él me ha contado, a la esperanza de mejorar las expectativas de sus hijos. Como iba a lograr eso en una lejana isla, en contraste con la gran ciudad, me resulta paradójico por decirlo menos, sin embargo por sus evasivas me quedo claro que no iba a lograr sonsacarle fácilmente cual era el origen de esa extraña noción. Solo se que al enterarse de las contrataciones que estaba haciendo una pequeña compañía inglesa para un puesto similar a este, solicito la autorización para cambiar de empleador, que me da la impresión era casi como cambiar de amo, la que le fue otorgada, y así llego al Pacífico Sur. Una vez aquí, se aprovecho de las condiciones laborales mas laxas, donde los hombres cambiar de empleador con gran facilidad. Así llego a ser sirviente de un caballero australiano, que lo trajo a esta lejana isla, donde me acabo de enterar aún vive, y conversa afablemente con él cuando viene al establecimiento. Queda claro que es un padre amante, y me imagino que como cualquiera, orgulloso de que su hijo haya demostrado habilidades en una labor por sobre las manuales. A su vez con él me he confesado, contándole fundamentalmente lo que he relatado en estas paginas. En estás soledades, la cercanía de almas como la que hemos formado con este sirviente es fundamental para la salud del alma. Sería fácil perder la razón sin un congénere con quien compartir nuestras inquietudes y pareceres.
Día 121. He tenido la fortuna de ser aceptado en el que hasta ahora había sido el cerrado circulo de la sociedad de Savusavu. Conversaciones que se fueron extendiendo en mi establecimiento resultaron finalmente en invitaciones, donde mi historia ha sido recibida con una mezcla de incredulidad por lo desconocido de mi tierra natal, y de naturalidad por lo abundante con son estas islas en historias fantásticas. Las familias de esta sociedad son de una hermosa mezcla, como había contado ya, de australianos con nativos. Los antiguos jefes de estás comunidades habitaban la costa, donde ahora han formado una nueva clase dominante. Al interior existen bandas de salvajes, que conservan antiguas costumbres, como el canibalismo. Estas relaciones han sido un agradable cambió en una existencia que puede considerarse monotona.
Día 154. La verdad es que este modesto cuaderno se transforma en mi mayor confidente, a falta de familia o confesor. Mamud había estado dirigiendo nuestras conversaciones constantemente al tema de mi estado civil, del cual yo no le había ocultado la verdad. Por sus indirectas, caí finalmente en cuenta que me estaba poniendo al tanto de que estaría honrado de que tomara a su hija, una tímida joven ya en edad de merecer, como su mujer. Me explicó que ante la escasez de sus connacionales en estas islas, se hallaba en graves aprietos para conseguir un novio adecuado, aunque había conseguido ahorrar el monto que en sus costumbres se considera indispensable como la dote. Debo confesar que me sorprendieron sus razones, ajenas a lo que podía concebir dentro de mi experiencia. Por otra parte, salvo una ultima escapada en Paapete, no había vuelto a conocer mujer, y estaba empezando considerar ofrecer mis atenciones a alguna de las solteras de esta pequeña ciudad. Mamud me explica, que según cierto profeta que el sigue, no habría problema con el que la tenga de segunda mujer, siempre que la trate bien. Le explique que por respeto a él, no iba a tomar a ligera un lazo tal, pero me pareció, que según las extrañas costumbres de su proveniencia, no podía menos que considerar su ofrecimiento con una respetuosa seriedad. La opinión de la dama, me quedo claro, no podía ser mas que irrelevante en este asunto.
Día 156. Parece increíble que hace poco mas de 5 meses estaba en la bella ciudad de La Paz, en las alturas de los Andes, aunque con pocos parientes, por lo menos con amigos cercanos y antiguos que podían aconsejarme bien en asuntos tan delicados como los de contraer un lazo. Aquí estoy, fuera del alcance de nadie que me conozca hace mas de un año, buscando el consejo de personas que hubiera considerado como extraños, ahora compañeros de esta pequeña embarcación fija, esta isla de Vanua Levu. El consejo de mis recientes amistades ha sido sorprendente. Toman el enlace con una ligereza, como si se tratara de ingresar a un club de caballeros. Abandonar una familia en cada isla parece ser mas bien una costumbre aceptada entre los viajeros, costumbre a la que me niego terminantemente a adherir. Sin embargo, la oferta es honrada, la dama virtuosa, y el enlace, aunque no puede llamarse ventajoso, es por lo menos adecuado. Pero no puedo abstraerme de la realidad, a estás altura muy lejana, de una familia, una esposa, una sociedad que me conoce como casado en una ley que excluye la posibilidad de múltiples esposas bajo un mismo techo. Mi mente, o debo decir una naturaleza inferior, discurre atenuantes débiles, como el frecuente concubinato escondido de muy encumbrados caballeros en mi tierra natal.
Día 177. Largas elucubraciones no me han llevado a nada, hasta que las confidencias con Mamud me han hecho volver al propósito inicial de mi viaje. Al revisar con él los escritos memorizados, transcribirlos de vuelta al inglés, me enteré con sorpresa de algo que debería haber notado antes. Mis amigos y pretendidos familiares son mahometanos. Mamud también se sorprendió de que no me haya resultado obvio desde el primer momento. así somos, ignorantes e ignorantes de la ignorancia. Mi amigo reconoció algo en el estilo, y me preguntó si acaso no era yo uno de los creyentes. así salio lo que yo no había visto. Al declararle mi interés por conocer mas de su religión, me explicó lo de los cinco pilares. La profesión de fe me pareció sorprendentemente sencilla. Por su exposición, me pareció una religión sencilla pero libre de supersticiones. Le pedí al misionero por algún escrito sagrado, y me hablo de EL libro sagrado, pero sorprendentemente no tenía una copia, dice que es muy caro. Es un extraño contraste con la proliferación de Biblias de las promociones de los misioneros protestantes. Esta novedad me ha dejado perplejo, y le dije a Mamud que tenía que pensarlo mas. A el le impresiono esta respuesta, porque como me relato entre sus connacionales era miembro de una comunidad minoritaria, generalmente menospreciada. Le expliqué que no tenía nada en contra de su religión ni a favor de la otra, cualquiera que sea, el los llama idolatras, no le quise decir que entre la gente en cuya iglesia fui bautizado, ellos también serían considerados como tales.
Día 180. Es curioso como al investigar entre los miembros de esta pequeña comunidad sobre el mahometaismo, o como el lo llama Islam, encontré una ignorancia parecida a la de mi país sobre ese tema. Algunos ni sabían que Mamud era mahometano. Los mas enterados, me dirigieron a al isla principal, donde hay una extensa comunidad, y entre ellos algunos de sus clérigos. Eso es lo que pretendo hacer en algun tiempo, cuando mis asuntos me lleven a la ciudad. Mientras tanto, mi joven novia se me ha aparecido solo de a lejos y con un gran pudor, que no pensaría en ofender con atenciones al parecer impropias para sus costumbres.
Día 197. Finalmente llego el día de mi viaje a Suva. Ya había ido un par de veces en estos días, y realmente, después de la clama de Savusavu, parece una urbe atareadísima. Ahora observo la presencia de la numerosa población hindú, en contraste con la de los escasos nativos que se ven por la ciudad, me imagino que igual que en mi isla la mayoría se hallara al interior. No fue difícil encontrar al clerigo mahometano local a través de un comerciante hindú. Este, de nombre Sheik Ajmad me recibió con sencilla hospitalidad en su cuarto, que me pareció oficiaba a la vez como iglesia para la que es mas bien una reducida feligresía. Noté como consiguieron apurado un par de sillas, como que no estaban acostumbrados a recibir visitas. En nuestra entrevista le relate mis orígenes, queme parece para él se resumen a que provengo de raigambre y tierras cristianas. Sin entrar en detalles de como llegué ahí, le  expongo mi interés en su religión. Esto lo llenó de alegría, y me costo un gran esfuerzo de diplomacia hacerle entender que solo buscaba información y no venía ya dispuesto a la conversión. En un momento se hizo necesaria la intervención de otro de sus parroquianos, quien manejaba mejor la lengua de sus amos ingleses que este humilde clerigo. A lo largo de un extenso debate religioso, en el que debo confesar no era ni el mejor preparado ni el mas firme defensor del cristianismo, me expusieron de manera mas cabal los principios religiosos. Me quedo finalmente claro que adoran al mismo Dios, solo que lo llaman Alá, en la lengua árabe. De hecho, sus escritos son en árabe, lengua que muy pocos de ellos manejan, siendo esa una de las pericias de este clérigo. Esta situación no me pareció tan extraña, pues debo recordar que en mi país todos los fieles asisten a una misa que en su mayor parte es en una lengua que la mayoría no entiende, el latín. Su libro sagrado, el Corán, esta íntegramente escrito en esta lengua y  las traducciones que hubiere son escasas y no son consideradas de gran valor, algo así como un Reina Valera entre nosotros. Me mostraron un ejemplar de este libro, el que tratan con gran reverencia. Aprendí también que no consideran en un grave error por adorar a Jesucristo como hijo de Dios, pues su libro enseña que Dios no ha tenido hijo. Sin embargo, se referían a Nuestro Señor con el titulo de el Hijo del Espíritu, y otras formalidades en árabe, lo que me dio la impresión final de que salvo puntos teológicos fuera de mi interés, no era tan diferente esa religión a la que había aprendido durante mi formación. Sus leyes son básicamente las mismas, la caridad, el ayuno, la oración, solo que mas estrictas en algunos puntos, como el que la oración deba ser cinco veces al día, lo que me confirma la severa devoción de mi sirviente. Lo del matrimonio polígamo sin duda  sería difícil de aceptar para un cristiano, pero mis particulares condiciones me hacían mas maleable a este punto un tanto delicado. Les explique con candor mi situación a ese respecto, y me expusieron su parecer, ya considerándome prácticamente un miembro mas, que si había dejado bien provista a mi esposa para sus necesidades, estaba mas bien cometiendo un acto noble, digno de encomio al tomar a aquella joven como mi esposa. Para afirmar su argumento, se extendieron un poco en la historia de sus connacionales en esta isla. Según relataron, invitándome a corroborarlo por otras fuentes, lo que no dejaré de hacer, la mayoría de ellos no llegó a esta isla de la misma manera azarosa que mi sirviente llegara la nuestra. Fueron contratados como trabajadores para las plantaciones de caña de azúcar por enganchadores de los ingenios. Una vez acá, se les procuró mujeres de sus tierras por métodos ruines, exponiéndose esas pobres criaturas a todo tipo de vejámenes que no quisieron precisar ni quisiera repetir aquí si lo hubieran hecho. Finalmente, y con gran soltura, me preguntaron si estaba dispuesto a hacer la confesión de fe que me haría un mahometano, sin mas tramite ni ceremonia. Les expuse finalmente mis experiencias en San Francisco, que me parecía el principal asunto en esta historia de conversión. Al recitarles las palabras que había recogido de Mr. Abbas, traducidas de vuelta al inglés, discutieron entre ellos largamente sobre una adecuada traducción al árabe, declarando luego que tales versos solo podían ser de un santo, que había visto las maravillas del libro madre, y que si alguna vez tuvieran la oportunidad de conocerlo en persona, no dudarían un instante en sentarse a sus pies y asírse de el cordón de su conocimiento, para beber de esa fuente de sabiduría a la que él se refería como su Padre. Ante tal desborde de elocuencia, caí en cuenta que había logrado un peldaño importante en el propósito final de este viaje. Me expusieron también de manera muy convincente una cierta doctrina de predestinación, según la cual todos mis pasos, desde La Paz a San Francisco, y de vuelta hasta estos remotos parajes, habían sido conocidos por Dios en su omnisciencia, lo que se ajustaba bastante bien a las impresiones que había tenido durante los preámbulos de este viaje. Me encontré avasallado por la sencillez de esa religión, hasta entonces desconocida para mi, y  donde antes no había tenido motivos para negarme, ahora sentía que estaba ante los que me iban a llevar al final de mi búsqueda. Como esto estaba ligado a mi inminente bigamia, no podía explicarlo, sin embargo ya no lo veía como una falta vergonzosa. Recite entonces las palabras en árabe que me enseñaron, dando a entender que creía en un solo Dios y en Mahomet como su profeta, y heme aquí convertido en lo que en mis tierras se llama un moro.
Día 203. Mi entusiasmo inicial y mi facilidad con las lenguas me llevo a adquirir unos textos del Sagrado Corán para emprender el estudio de la lengua que me parecía iba a acercarme al objeto de mi deseo, y a adquirir algo de esa elocuencia tan admirable. Me insistieron que trajera a mi novia a Suva para la ceremonia nupcial, lo que me pareció de lo mas razonable, para hacerlo frente al clérigo. Grande fue mi sorpresa al recibirme Mamud con una mezcla de alegría y tristeza. Me costo sonsacarle el motivo de su pesar. Muy tarde me enteré de un lamentable cisma en mi nueva religión. Resulta que mi futura familia era de una secta dentro de la religión que ahora ya sé se llama Islam, que quiere decir algo como sometimiento, se entiende a la voluntad de Dios. Por un lado podía comprender ese sentimiento, comparándolo con las reacciones en nuestro país ante los europeos protestantes. Recordé que mas de alguno se había hecho bautizar al decidirse en atar el lazo en nuestro país, sin parecer esto un trance especialmente duro para ellos, por lo poco que conocía. Esta idea me explicó él que era bienvenida en su secta, pero como un medida de duplicidad, llamada disimulación. Como él era ya conocido como sectario, iba a ser requerida una abjuración especialmente violenta de sus pontífices, llamados Imanes. Con lagrimas en los ojos, me dijo que no estaba seguro de poder acometer tamaña blasfemia, aún por el bienestar de su querida hija. Sin meditar que estaba pasando de yerno solicitado a novio solicitante, le propuse cuando se hubo calmado, una sencilla ceremonia civil, ante un representante de su Majestad Británica. Me explicó que aunque era una buena solución de compromiso, que al lo llenaría de felicidad al dejar a su hija en tan nobles manos, lamentablemente yo había ido muy lejos en mis averiguaciones, y que en este momento toda la comunidad del Islam en Suva iba a estar atenta a mis movimientos, mucho mas si me presentaba con mi novia. El había guardado un bajo perfil en esta isla que aunque cercana, estaba lejos de los asuntos de la isla principal. Ahora, el podía convertirse en el centro de una tormenta, que pondría en riesgo todo lo que había logrado hasta entonces e incluso el porvenir de su hijo, que como ayudante mio ahora era particularmente auspicioso.
Ante tal endiablada maraña de sectas y cismas, que no parecía mas fácil de dilucidar que las intricadas curvas del Libro Sagrado, dejamos la discusión para otro día, recordándole que no podemos acometer en una sola noche una obra que parecía ser de gran importe para ambos.
Día 214. Finalmente acordamos dejar la decisión respecto al matrimonio para después, en manos de Dios y esperando Su guía. Mi novia, por quien me ha empezado a unir un tierno cariño, se veía lamentablemente sombría, con su cara marcada por largas horas de llanto, ante una ilusión que parecía derrumbarse. Aunque me sentía optimista, no tenía como hacerle ver esto, ni la confianza como para acercarme a hablarle de esto. Fue entonces que se me presentó un asunto bastante obvió, que había pasado por alto hasta entonces. La que había dado en llamar mi novia, como mujer sencilla que era, no había sido instruida por su padre si no en un inglés sumamente rudimentario, por lo que no contábamos con otro medio de comunicación. Curiosamente esto no le parecía un obstáculo tan grave a Mamud, quien me aseguraba que mi futura mujer iba a saber adivinar mis deseos sin que hubiera necesidad de que salieran de mis labios. Desconfiando de sus capacidades telepáticas, le insté a aprovechar este hiato que nos estábamos dando para enseñarle a su hija la lengua de la potencia colonial a la que era leal sujeto.
Partí en mi próximo viaje a Suva con la idea clara de plantearle a mis nuevos correligionarios la postergación de mis nupcias hasta que discurriéramos una buena salida a nuestro dilema. Al empezar mi exposición, caí en cuneta de lo grave que era este cisma. Ajmad y su traductor Abdul, se lamentaron sonoramente por la tragedia que dijeron ya habían anticipado, pero estaban rogando de alguna manera pudiese ser evitada. Había caído en las garras de la peor perversión imaginable de la verdadera religión, y la que había sido mi salvación estaba a punto de convertirse en mi perdición eterna, que mas bien me hubiera quedado en la ignorancia del pueblo del libro (cristianos) que haber caído en tamaña secta satánica. Esta descripción no se ajustaba para nada a mi querido Mamud, y les explique que nada me había enseñado él sobre su secta, que yo apenas sabía de la existencia de los Imanes y que si tanto daño habían causado, no estaba interesado en conocerlas también. ¿Porque, si era así, no había traído a la doncella para la ceremonia nupcial? De verdad, sus suspicacias se habían despertado. Les expuse lo que era mi sincero parecer. Aunque no estaba retractándome de mi intención inicial de contraer el vinculo, al caer en cuenta de estos complicado asuntos teológicos, si bien me parecía no iba a poder resolverlos por mi cuenta, no quería apresurar una salida que violentara a mi querido amigo, de quien no iba a renegar por sus creencias, y que como ellos podían estar bien seguros, tampoco pensaba exponerse a sus inquisiciones. Me vieron decidido, y termine de convencerlos al explicarles que me iba a dar un plazo razonable para estudiar el Libro Sagrado, y buscar en ese periodo que la reflexión y la guía divina me indicaran el camino. Para terminar con toda suspicacia, y por sobre todo evitar complicación alguna para Mamud y su familia, accedí de buen grado a sus ofrecimientos de instrucción en Suva cuando mis asuntos me llevaran allí, e incluso en mi propio establecimiento.
Día 249. Tras estos días de intenso estudio, vuelvo a tomar la pluma para unir letras de izquierda a derecha, y mi trazo se vuelve torcido, como que estuviera dejando atrás los largos años de instrucción desde que de niño mi mano dibujara el primer ABC entre los reglones que mi institutriz había marcado. Estoy abrazado en una hoguera de pasión, mística y terrenal. El encanto de los divinos suries se mezclan con el deseo por la que ya he decidido va a ser mi esposa. Su recato e inocente mirada a terminado de cautivarme, con artes que bajo el estricto cuidado de su familia, solo puede haber nacido de su instinto femenino para mi. He lanzado a la borda todo resquemor por mi futura condición de bígamo, término que ceso de significar algo para mi. Todo esto entre el encanto de esta que daré en llamar la lengua de la elocuencia. Mis maestros de antaño habían alabado mi facilidad en el francés, inglés y latín, estudios que tomé solo hasta donde eran prácticos para mi ejercicio profesional. Ahora veo que Dios me tenía preparado este festín de melodías, como inmerecida recompensa para este siervo Suyo. Entre Mamud y sus detractores me han enseñado la recitación, que no constituye sistema alguno de gramática. Inicialmente estaba incrédulo de que no tuvieran tal material, pero una suerte de ciega persistencia ha empezado a desgarrar los velos de este maravilloso idioma. La caligrafía la he bebido de mis nuevos maestros con verdadera ansia, elogiando ellos, debo decir sin falsa modestia, la elegancia de mi curva. Apenas reviso los libros de Farzad, que aprendido a manejarlos con la misma alegría que yo los dulces suries. Su recitación y comentario me han dicho que es un placer místico mas que Dios tiene para mi futuro deleite, cuando ya han vertido lagrimas de alegría al ver como maniobro la gramática en oraciones sencillas pero con la dulzura inherente de esta lengua. Los suries, su estudio me ha vuelto un Quijote oriental, siento que mi seso hierve como el del buen manchego, pero no con lances caballerescos, si no con la voz que llama desde el cielo a la humanidad al paraíso de su fe.
Para mis vecinos en este tranquilo templo del saber, mi locura no es mas que un caso pintoresco y particular de lo que llaman going native, debilidad que ven con indulgencia por su frecuencia, relatando algunos de ellos que se han vuelto amigos mios divertidas anécdotas de otras transformaciones similares.
Día 297. Mi estudios y arrebato místico los interrumpí motivados por la admonición sagrada de no descuidar el bienestar de mi primera esposa. Una carta dirigida a mi querido cuñado Alberto, relatando someramente mi actual paradero y conversión, pero omitiendo por ahora lo que ellos llamarían un enlace bígamo, tuvo como respuesta la lamentable noticia del fallecimiento de mi queridísimo amigo José María. Querido amigo, desde estás paginas elevo una oración para que nuestro Dios nos reúna en su paraíso, bajo el abrigo de su ala misericordiosa. Esta noticia, rauda en estos días de maravillas, impensables no mas allá de mis años de juventud, recibir noticias entre ubicaciones tan lejanas y recónditas, y para mas remate en medio de una guerra europea, de la que nos hemos enterado solo lejánamente, me lleva como volando a la tierra de mis padres, ademas de traerme devuelta a esos escritos que impulsaron mi salida de los Andes. Una vez mas, querido doctor, tengo que seguir ese plan tan chiflado, que elaboramos los dos, como chiquillos soñadores. Se que tu me estás viendo desde el mas allá, deseándome bien como cada vez que compartimos primero reflexiones, luego sueños.
Vino a verme M. Villiers, quedando me imagino satisfecho de su auditoria. Con el no hay como saber, salvo por su falta de reacción. Le debe haber parecido todo bien, y accedio a hacerse cargo de mi correspondencia personal. No me atrevería a criticarle, pues fue en sumo grado diligente, llegándome la correspondencia, en varios sobres intermedios, solo unos 40 días después. Ya he tomado una decisión, con la misma firmeza que cuando salí de mi país.
Día 322. A menos de un año de salir, sin haber visto cerrarse el circulo de las estaciones en un mismo lugar, me encuentro en una nueva morada. Le escribí a M. Villiers desde Suva explicándole que dejaba su agencia en las aptas manos de Farzad, quien iba a responder a su completa satisfacción cuando tuviera a bien ir a revisar sus intereses en ese apostadero. Me disculpaba por lo repentino de mi decisión, pero me impulsaban motivos personales de impostergable urgencia.
Mamud accedió a una sencilla ceremonia y contrato nupcial frente al delegado policial en Savusavu. La despedida fue sentida para todos, y nuestro paso por Suva rápido. Con mis ahorros personales y la dote de Tahiri, mi esposa con quien ya podía comunicarme, empredimos un viaje quizás sin regreso al puerto de Singapur. Nuestros viaje ha sido auspicioso hasta ahora, aunque de alcances modestos, con el natural temor de un emprendimiento nuevo, y con las confirmaciones del único Dios.
Llevo mis tres tesoros, el Libro Sagrado, el libro llamado de la Certeza del que recién empiezo a digerir la potencia de sus palabras, y mi amada esposa, que cuida solicita de mi bienestar y se prepara para un hogar del que por ahora hay solo sueños.
Día 356. Un año de mi salida, aunque según he aprendido, tenemos un calendario distinto para nuestro año religioso, todavía no me familiarizo bien con él. En el barco, el S.S. Bandang, viajamos en tercera clase, no por economizar, si por ser mi esposa hindú. Podría haberla hecho pasar por mi sirvienta, pero hubiera sido indigno para ambos. Tuvimos la fortuna de que la separación no era muy estricta, y en una conversación casual entable amistad con un caballero holandes, el Sr. Van der Merwe El caballero estaba muy interesado en mis calificaciones administrativos, y demostró rápidamente interés en que trabaje para él en Batavia, la capital de las Indias Holandesas. Ante esa interesante oportunidad, quise ser inmediatamente sincero con él y le conté de mi esposa y de mi conversión. Le pareció increíble, me explico que muchos hombre europeos se amanceban o incluso casan con mujeres nativas, pero sin verse por ellos obligados a adoptar su religión. Le dije que lo había hecho por convicción, no por una obligación para casarme. Aunque no dejaba de sorprenderle, me explico que no era un impedimento para que trabajara en su establecimiento, un banco del que el era administrador en esa ciudad, solo que iba a afectar mi vida social, mi figuración se iba a ver un tanto opacada por ese enlace. Le conteste que eso no iba a ser problema. Me dijo, lo invitaría a brindar por la ocasión, pero no quiero ofenderlo en sus principios. Le contesté que no sabía de tal prohibición, lo que él explicó como que probablemente los que me convirtieron pertenecían a alguna secta que permitiera el consumo de alcohol. Con motivo de eso, le declaré mi malestar con la situación cismática dentro de mi nueva religión, no muy favorable al compararla con la del cristianismo. El Sr. van der Merwe me explicó que el era agnóstico, un concepto nuevo para mi, me explicó que aunque creía en Dios, todas las divisiones y guerras religiosas, entre otras cosas, le habían hecho desesperar de la religión organizada. Ideas que en mi país se habrían considerado muy de avanzada, para él eran solo una inocente opinión mas. Como no insistió en lo del brindis, sellamos nuestro acuerdo con un apretón de manos.
Día 380. La vida en esta ciudad ha resultado ser bien distinta de la de las islas del Mar del Sur. El trabajo, de regular y pareja intensidad, aunque distinta en el horario de la que llevaba en La Paz. El idioma holandés no ha sido un obstáculo importante, considerando la incursión que tuve en el alemán hace algunos años. Este detalle ha sido apreciado como algo valioso por Piet, como se llama el Sr. van der Merwe. Tal como el había predicho, no hemos sido invitados a ingresar a la vida social de la gente de mi clase en esta ciudad, pero como a pesar de eso he recibido un trato cordial en toda ocasión en mi trabajo y en las breves transacciones cotidianas con la población de la metrópolis y otros extranjeros. Tahire se ocupa de nuestro hogar y espera nuestro primer hijo, una gran emoción, un regalo que yo no esperaba ya a estas alturas de mi vida. No ha salido a las pocas tiendas de hindúes, aunque le digo que la recibirían bien, aún siendo de otra religión. Me explica que la llena de angustia la idea de salir sola, que nos digno de una mujer casada, y que yo como su marido debería no solo entenderlo, si no también imponerlo como precepto de una familia honrada. La población de esta región, la isla de Java, es mayoritariamente mahometana, lo que me ha dado la oportunidad de acudir al madrasa local a avanzar mas en mis estudios del árabe, para gran sorpresa de los estudiantes ahí, que me enseñan por una modesta paga ocasional. De esa manera puedo decir que ya he completado la lectura del Sagrado Corán, aunque sería presuntuoso decir que lo haya entendido a cabalidad, mas que por una dificultad lingüística, por el portento de sabiduría que son sus palabras. El estudio que he seguido haciendo del Libro de la Certeza, me llevan a confirmar mis sospechas de que una buena parte de él ha sido escrita originalmente en árabe, la otra en algún otro idioma que desconozco. Con este estudio y meditación, las palabras del Sr. Abbas aquella lejana velada en San Francisco, vuelve a mi memoria con mayor claridad, incluso el nombre del lider religioso del que habló, la Gloria de Dios, resuena ahora en mi mente con mayor claridad que nunca. Siento que todos los desvios y detenciones en mi viaje han sido dispuestos por la divina Providencia con el ahora claro fin de ver estas luminosas realidades, ayudado por su mano generosa en cualquier paisaje extraño.
Día 456. El abandono en que he dejado este diario no me ha apartado de la ya inveterada costumbre de marcar los dias de mi viaje en él, como una dulce condena. Ver crecer a mi hijo llena mis días de una felicidad desconocida para mi, que veía como ajena en los parientes de Carmen en La Paz y en otros conocidos. He escrito una carta a mi primera esposa Carmen, explicándole una vez mas mis motivos y ofreciéndole mi asistencia para lo que fuera menester. Me contesto que está sinceramente alegre por la dirección que ha tomado mi camino, que reza fervorosamente por mi progreso, como siempre un gesto de su singular religiosidad, y que no debo preocuparme por ella, que sus asuntos marchar sin ningún sobresalto. La institución financiera que regenta mi amigo Piet tiene sucursales en varios puertos de estas Indias Orientales y mas allá. Me ha pedido que me haga cargo de algunos asuntos en viajes de negocio, tal como había hecho para la compañía donde inicie mis primeros números en la lejana sudamérica. De esa manera he conocido la magnifica Singapur y la magica Rangún. En breves visitas de trabajo, he ido conociendo mas detalles de la historia de estás tierras, sobre las que tendría que escribir un tomo aparte. En la madrasa que frecuente he establecido una hermosa amistad con Ismail, un devoto joven con quien he estado compartiendo el sublime Libro de la Certeza. Me ha encargado fervorosamente que busque la escuela del Sr. Abbas, para ir a sentarse a sus pies. En mis recientes viajes he tenido presente esa recomendación, visitando alguno de los lugares de reunión de los mahometanos en cada ciudad. Los problemas de sectas, los he logrado ignorar, me imagino que ayudado por mi condición de extranjero, ya que en todos lugares me presento por mi nacionalidad, que nadie había escuchado mencionar antes.
Día 470. Piet me encomendó una labor de auditoria en la lejana Calcuta, centro comercial del Imperio Británico en estás tierras asiáticas. Al prepararme para el viaje, cunde en mi el presentimiento de que me acerco al final de mi búsqueda. No puedo decir que mi estudio del Corán haya podido abarcar toda la profundidad propia de la revelación divina, pero las palabras en Kitab-i-Iqan, como he dado de traducir al árabe al Libro de la Certeza, me indican que hay algo mas en la búsqueda que empecé en este viaje, que en principio puede haber parecido tan intempestivo, pero ahora parece ser solo el curso natural de mi vida. He estado informando a Tahere de mis propósitos, y le he causado inicialmente gran aflicción, pues se imaginó que podía dejarla abandonada en alguno de mis viajes, así como abandoné a mi primera esposa. Le protesté, mostrándole inútilmente la carta de Carmen escrita en español, que ella quedó en una buena situación y que fue totalmente indiferente a mi partida, cosa muy difícil de aceptar para mi inocente esposa, y aunque no es totalmente ajustado a la verdad, confiere la justificación de mis actos de manera honrada. Le juré, sobre el Sagrado Coran, que si por algún motivo decidía cambiar de residencia en esta búsqueda, nunca la iba a dejar atrás, y que en cualquier circunstancia la llevaría a ella y a nuestro hijo, por arriesgado que fuera el camino o peligroso el lugar de llegada. Además, no iba a dejar mis responsabilidades laborales tiradas, no lo consideraba digno de una persona decente, nunca lo había hecho y no iba a empezar a hacerlo ahora.
Día 501. Es con gran esfuerzo que he logrado contar los días, desmayándome dos veces en el intento. Esfuerzo inútil, pero la costumbre esa es más fuerte. Este viaje a Calcuta ha resultado una severa lección. Con que soberbia proclamé mi decisión a mi esposa, de volver y nunca dejarla. Cuan imprevisor fue de mi no decirle que mi voluntad quedaba siempre supeditada a la de nuestro creador, el único Dios. Apenas hago contacto con la casa comercial asociada que tenía que auditar en esta ciudad, he caído enfermo con una terrible fiebre que me ha dejado debilitado y con una limitada vigilia unas pocas horas al día. Este mismo escrito he tenido que borronear varias veces, pues no logro hilar mis pensamientos. En la sede inmediatamente note una grave irregularidad en la contabilidad, que hice ver al jefe local. Deben haberse alegrado de sobremanera por mi desgracia, por que solo pude empezar con la mas somera revisión, y ya estaba postrado. El medico que me han mandado es un notable incompetente, claramente me lo mandaron sin la intención de ayudar a mi mejoría. Para mis violentas evacuaciones me recomienda té, solo te negro, sin aliños. Para mis devoluciones, que me dejan contorsionandome de dolor, mas té. Me han dejado una anciana enfermera, que no habla inglés y con la que logro comunicarme solo con quejas. No me han visitado y se han comunicado solo por escrito conmigo. Les he rogado encarecidamente que en informen de mi estado a Piet, para que este a su vez se ponga en contacto con Tahiri. Cuando tomo mi pluma, veo mis manos arrugadas como las de un venerable anciano, y siento que ya no soy de este mundo. Este cuaderno quedara en esta antípoda, donde se lo roerán los ratones y mis divagaciones, impresiones y experiencias serán solo polvo en el viento. Mi amada esposa, que me rogó la dejara seguirme, con absoluta dedicación a mi persona, y yo ahora la estoy abandonando por esta cruel enfermedad, habiendo desatendido su suplica, la dejó a la merced de la piedad de extraños, a una distancia inaccesible de sus padres. Mi hijo, el pequeño Hasan, ¿que cruel destino te depara sin tu padre que te proteja? Siento que vuelve a mi un ultimo estertor de fuerzas para completar esta despedida. Solo me queda elevar mi plegaria, a Dios Todopoderoso, a la Gloria de Dios, cuyas palabras me embarcaron a este extraño peregrinaje, confiando en su misericordia, que si ha tenido a bien que haga lo que hice, y venir a morir aquí, cuide de esas inocentes criaturas, lo que este siervo no supo hacer mientras estaba vivo. Mis amigos en mi lejana tierra, cuan distantes se ven ahora, mi madre que dios tenga en su infinita gloria, ahora voy a tu encuentro, tu hijo que también te abandonó. Mi familia adoptiva, por ese matrimonio que no me pesa haber suspendido, pero Carmen, no te dejo ningún queja, fuiste una buena mujer, aunque todavía no entiendo muy bien tus motivaciones. Don José María, con usted me encontraré, Dios lo tenga en su misericordia, viejo amigo, volveremos a conversar como cuando le lleve esas hermosas palabras por primera vez. Juan Alberto, Julio, Natividad, Armando, Victor, Lia: todos ustedes fueron mas que mis hermanos y primos, nobles amigos. Me plegaria es para que ustedes y sus descendientes puedan seguir en camino de la rectitud, el sendero que lleva al Bienamado, que sus buenas obras sean bien recibidas en la corte celestial. Quisiera terminar este relato con las palabras que las deberían haber encabezado, antes de que conociera este paso más en el camino hacia la luz, poniendome en las manos de la caridad de nuestro creador.
"En el nombre de Dios, el más Misericordioso, el Compasivo"

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