viernes, 6 de julio de 2012

Tercera parte: Hassan


TERCERA PARTE: HASSAN
Así, 20 años después, el pequeño Hasan, criado amorosamente por su madre, atendido de manera frugal pero consciente por el Sr. Piet Van der Merwe, llego a buscar a su padre a Calcuta. Con la calmada perseverancia heredada de su padre y el bengalí un tanto rudimentario que había tomado con la leche materna, se instalo a trabajar en esa ciudad, hasta que logró rastrear los empleados de la compañía que lo habian visto por última vez con vida. Por medio de estos, obtuvo los particulares de sus cuidadores, que a su vez tuvo que seguir cientos de pistas falsas hasta finalmente, y a punto de perder las esperanzas, dio con el médico, que por una fortuna caprichosa, había guardado su diario. Al llevarlo donde su madre, de vuelta en Batavia, lo cuidaron como una reliquia, aunque totalmente incomprensible. Hasan sabía que estaban en el idioma español, por la información que alguna vez le había dado el Sr Van der Merwe, pero la única manera que iba a lograr entenderlo iba a ser en la ciudad de Manila, antigua colonia española donde iba a poder encontrar gente conocedora de este idioma. Con la bendición y las lagrimas de su madre y una carta de recomendación de van der Merwe, partió a esa nueva estación de su búsqueda. En Manila tampoco le costo encontrar trabajo, otra habilidad heredada de su padre, tras haber aprendido contabilidad eficientemente trabajando en la compañía donde tan bien se había desempeñado su padre. Al aprender el idioma español, con la misma facilidad que lo había hecho Manuel el árabe clásico, este joven pudo por fin descifrar la historia de su padre. Al comprender estos portentos, se propuso ir a buscar sus raíces nada menos que a la misma Bolivia de sus ancestros. Volvió a Batavía, para discutir todo esto con su madre, con quien estudiaron el diario varias veces, haciendo revivir cada ves al añorado Mahdi, como se había hecho llamar Manuel en su familia despues de darle nombre a su hijo. Su madre hizo prevalecer en el la mesura, llamandole la atención sobre el terrible sufrimiento final de Mahdi. Le advirtió que no cometiera el mismo error, de dejarla abandonada, ahora si que a su miserable suerte. Una breve investigación epistolar, breve comparada con los años que le habían tomado las anteriores, permitieron que Hasan le confirmara a su madre que los cuerpos de sus padres reposaban bajo el suelo de la isla de Vanua Levu. así se quedó ejerciendo la contabilidad en Batavia hasta la ocupación japonesa. Cuando empezaron las confiscaciones masivas de alimentos, se dio cuenta que hubiera sido mejor irse con su madre a Sudamérica, aunque dudaba de la calidez con que los hubiesen recibido allí sus familiares, y ahora en retrospectiva se veía claro lo que se venía, pero en ese momento, igual que a la mayoría de sus vecinos, les poseyó lo que después parecía una absurda parálisis. ¿Y adonde hubieran huído? ¿A unos familiares que podían bien despreciarlos e incluso hacerlos deportar de vuelta? No veía propósito en exponer a su madre a tal humillación. El ambiente era de optimismo al empezar la ocupación, pero la consecuente hambruna provocada por las tropas de ocupación debilitaron a su madre, que cayó enferma y murió rápidamente. Hasan fue transportado a los trabajos forzados en el ferrocarril de la muerte, entre Tailandia y Burma, antes de que pudiera haber aprendido bien el japones, con lo que esperaba valerse mejor con las fuerzas de ocupación. Varios javaneses lograron un buen pasar por su cooperación con el imperio del sol naciente, pero a Hasan, por su condición de hindú, le era denegada esa oportunidad, y mas bien era mirado con recelo por su posible lealtad a la corona británica. En los campos de trabajos forzados fue donde Hasan logro salvar su vida actuando como traductor, y aprendiendo con pasmosa velocidad otras lenguas usadas entre los prisioneros. Al terminar el ferrocarril, en vez de irse con el resto de la fuerza esclava al Japón, se quedó trabajando en la administración de la linea, en un estatus de personal de confianza, lo que no era mucho, pero sí le salvo de quedar entre el 80% de trabajadores javaneses que no volvieron. Después del último bombardeo en junio del 45, el final de la guerra ya se veía venir. La administración del ferrocarril colapso, y Hasan quedo mas cerca de Rangún, que ya había sido liberado por los británicos, y a pesar del inclemente monsón, que ya había empezado, y de la desesperación de las tropas japonesas en sus últimas operaciones en Burma, se arriesgó a tratar de alcanzar las lineas aliadas, que él sabía estaban compuestas mayoritariamente por tropas de la India. El acercamiento lo hizo anexo a un convoy japones. Al llegar al frente de combate, el caos reinante le permitió escabullirse por la selva. Su recorrido entonces se transformo en una verdadera pesadilla, eludiendo a la muerte al esconderse antes de cada matanza. Innumerables soldados japoneses yacían por toda la ribera del río crecido, y eran arrastrados por sus aguas turbulentas. Las crueldades que vio en el ferrocarril no lo habían preparado para estos últimos horrores de la guerra. Finalmente logró ser capturado por una banda de guerrilleros Burmeses, que al constatar que no era del ejercito japones, logró convencer que era un prisionero que había huido de los japoneses, algo muy cercano a la verdad. Con ellos logro alcanzar un destacamento de soldados hindúes, que lo recibieron como un camarada mas, encontrado en la confusión de la guerra.
Tuvo la fortuna que la rendición del Japón le evitó el participar activamente en alguna otra operación militar. El “regreso” era a la India, el hogar de sus nuevos camaradas de armas. Como no tenía adonde volver en Batavia, optó por llamar hogar a Calcuta, el lugar donde mas se hallaba de los que tenía a su disposición. Los diarios de su padre habían quedado guardados en Batavía, en una caja se material resistente, pero fácil de abrir para que nadie se lo llevase pensando encontrar algún botín, Los dejo en una casa abandonada pero de firme construcción, con la esperanza de poder ir a buscarlos antes de que la humedad y las alimañas terminaran con él. Mal podía prever que estaba saltando dentro de otra hoguera de violencia. Calcuta, a donde llego a buscarse la vida en cualquier oficio menial antes de poder acceder a un puesto administrativo, estaba a punto de caer en la marea de violencia producto de la partición. Empezando por su nombre, no podía dejar de ser considerado otro musulmán más, y habiendo pasado por tan feroz devastación ya durante la guerra, prefirió ser de los primeros en huir a la Bengala Oriental, luego Pakistán Oriental. La nueva capital de Dhaka, para su fortuna, había quedado desierta de administradores, logrando un puesto gracias a sus conocimientos contables y lingüísticos. Gracias a lo que había aprendido trabajando en el ferrocarril, no le costó nada dominar el urdu y así hacerse un poco mas valioso para las nuevas autoridades, del lejano Paquistán Occidental. Durante este periodo de relativa estabilidad, la obsesión por alcanzar esa lejana tierra de promisión, la Bolivia de su padre, no abandonaba su mente. Lo primero que hizo apenas pudo ahorrar algún dinero fue ir a la ciudad que ahora se llamaba Jakarta, en busca del diario de su padre. Las circunstancias de su hallazgo fueron extraordinarias. El viaje y la búsqueda la hizo Hasan con solo la mas ligera esperanza de encontrar alguna cosa. Para su gran sorpresa, la casa donde lo había dejado era ocupada por un académico de la universidad, empedernido bibliófilo y coleccionista,  causa del milagro de que el escrito aún haya estado legible. Lleno de esperanza volvió a Dakha, a su trabajo y a su vida espartana de ahorro, pasando los años enclaustrado para algún día poder llegar a la tierra andina que lo llamaba como una sirena. Sin duda que ese estilo de vida afecto su salud mental, sin embargo logro mantenerse a flote, y alrededor de sus cuarenta años, cuando empezó a notar las señales del conflicto en su actual nación, que el consideraba adoptiva. Habiendo progresado las condiciones de viaje, Hasan hizo un viaje sumamente imprevisor, y gastando la totalidad de sus ahorros, volo medio mundo, conoció una docena de aeropuertos y sus salas de espera, para llegar al Aeropuerto Internacional de El Alto, en el diafano aire que rodea a la ciudad de La Paz. Su primera impresión fue el efecto de la altura, el cansancio por el viaje y la falta de oxigeno pusieron a su cuerpo y mente en una durísima prueba. A duras pena consiguió entrar en un alojamiento, para dormir por mas de un día. Al recuperar fuerzas, su vasta experiencia en transplantes culturales le recomendo irse con calma. Dedico un par de semanas a simplemente recorrer distintas zonas de la ciudad y ambientarse con las costumbres, alimentos y la idiosincracia en general de esta ciudad. Cuando se considero en condiciones de buscar empleo, se dio cuenta que sin contactos, solo podía aspirar a los trabajos de menor cuantía, a pesar de su amplia experiencia en la contabilidad. Lo acepto de buen grado, y después de una par de semanas de búsqueda, encontró trabajo de auxiliar de aseo en la sucursal de un banco. Aprendió a arrancar de las marchas de protesta, y a aceptar que eran solo parte del paisaje y no una señal de un desastre inminente como las que había aprendido a anticipar, se fue enterando que las revoluciones no eran particularmente sangrientas en esta tierra, comparadas con las masacres de la partición de la logró escapar con tan buena previsión. Entonces, una vez establecido, se puso manos a la obra de encontrar a sus familiares. En esta ciudad procuro armarse un pequeño circulo social, iba a ser vital para orientarse y aprender de las idiosincracias locales. Curiosamente, no había una colonia, por pequeña que fuera, de comerciantes hindúes. Toda una vida de esfuerzos poder llegar a este momento. La ciudad no parecía tan grande y su investigación empezó por los pocos Ampuero que salían listado en la guía de telefonos. Las reacciones variaron desde una violenta colgada, hasta un pollo que trato de hacerse pasar por pariente con la esperanza de que fuera un extranjero de medios. La lista se agoto rápidamente, y se encontró mas perdido y desanimado que nunca en su azarosa vida. Las energías de su juventud se estaban agotando ya. Fue entonces, cuando revisando el diario de su padre, encontró un aviso de “Bahá’í” en una fachada de la ciudad. Inmediatamente le llamó la atención la palabra, que reconoció como árabe. Pidió mas información y al indagar mas presintió que había algo ahí que lo podía llevar a su padre. Al presentar brevemente lo que lo traía a La Paz, si bien sorprendió a sus interlocutores, se vio bienvenido, y al revisar las estanterías, le llamó grandemente la atención el libro titulado Kitab-i-Iqan, que supo traducir a Libro de la Certeza. Ese había sido mencionado varias veces en el diario, aunque del que su padre había llevado a Calcuta en su último viaje no había quedado rastro. Al sacarlo y empezar a hojearlo, encontró fragmentos conocido y se emociono hasta las lagrimas. Sus anfitriones lo acogieron cariñosamente ante esa demostración, pero no supieron darle ninguna referencia de su padre ni de ningún otro bahá’í de ese apellido. Le sugirieron entrevistas con antiguos creyentes en la ciudad, que no eran muchos, y así fue que encontró a una señora que era muy amiga de una sobrina de la primera esposa de su padre. Ella había sabido del tío Manuel, que se había ido para nunca volver, hace muchos años, y que nunca mas se volvió a hablar que había sido de él. Con esta pista que consideraba firme, constató que su padre no había dejado mas hijos en esa ciudad, y que no tenía ni hermanos ni primos, solo podía esperar encontrar parientes lejanos, algunos de los cuales ya lo habían rechazado por teléfono. Unas cuantas cartas redactadas con gran cuidado, pero que no obtuvieron respuesta alguno terminó por convencerle que no iba a tener recibimiento de su sangre. A pesar de esta amarga decepción, decidió quedarse en su modesta situación. Al cabo de unos años de frecuentar al pequeño grupo de bahá’ís de La Paz, por medio de la recomendación de la señora que le había dado la pista de su padre, encontró un trabajo en contabilidad, pudiendo mejorar su pasar y llevar sus últimos años con una regular comodidad.
Cuando llegué a La Paz, buscando información de mis raíces, encontré a Hasan ya de una respetable edad y aquejado de alguna dolencia tropical contraída durante su cautiverio. Estaba postrado y una señora cuidaba de él. Su relato terminó donde yo lo dejo, sin haber querido entrar en mas detalles de su vida en La Paz, que me parece fue mas bien tranquila. Nunca consideró volver a las tierras que lo vieron nacer, crecer, sobrevivir y buscar. Estaban todas sumamente cambiadas. Fiji hervía de sentimientos anti-indios; en Indonesia reposaban los restos de su madre, y no me supo explicar, ni quise indagar más, pero no le atraía la idea de remover esos cansados huesos; en la actual Kolkata, con su ir y venir de refugiados económicos, no esperaba mejor pasa; Pakistán Oriental era ahora Bangladesh, y su paso por la administración anterior no era una buena recomendación. De el diario de su padre he extraído este breve resumen, como una muestra mas de lo efímero de los esfuerzos humanos y de lo permanente que es esa búsqueda tras lo eterno.

Segunda parte: Manuel

SEGUNDA PARTE: MANUEL
Día 1: Empiezo esta relación de viaje con algunas explicaciones. Las fechas las reemplazos por una numeración, como quien empieza una nueva vida. No se lo que me depara, pero quemo mis naves, y con ellas el calendario y todo lo demás por que se rigieron mis días y movimientos. Sin rencor, solo con la ligereza del que quiere viajar ligero de equipaje. Mi maletín de viaje, igual que la última vez. El ferrocarril, ese si que es un cambio bienvenido. A pesar de que no se de las durezas que me depara fortuna, es mejor partir así, y sin los interminables zamarreos del viaje en coche, como la primer visita a la Casa Matriz. Ademas de los enseres personales, llevo mi juego de plumas y el resto de mi carga está en mi memoria y mi mente. Mis conocimientos de contabilidad para procurarme sustento en los puertos extranjeros, mis conocimientos del francés y el inglés, y los versos amados que me impulsan a saltar a este dulce abismo, habiendo dejado su versión escrita con mi querido amigo el doctor José María.
El viaje en tren, aunque novedoso, en poco años se ha vuelto rutinario. ¡Que fácil es acostumbrarse a la comodidad, y que difícil puede ser acostumbrarse a que estás sean retiradas!
Día 3. Mi puerto de salida, igual que como lo vi hace un par de años. Un bosque de mástiles de las naves menores, una humareda de los grandes vapores. Mi alojamiento, igual que las anteriores ocasiones, con mis compatriotas y las consabidas advertencias de precaución por la vida en el puerto. Mi pasaje ya estaba listo, solo me queda esperar la salida del vapor para la tarde. Reviso una vez mis escasos planes, y mis fondos que parecen suficientes, pero fácilmente pueden volverse escasos.
Día 5. El viaje fue calmo, y aunque no lo hubiera sido, el tamaño y potencia de estos modernos vapores nos hubieran ahorrado la zozobra de viajeros de hace mucho tiempo ha. El puerto principal bullía en su actividad febril, pero me ambiente rápidamente, por los caminos ya tomados en un par de ocasiones. El alojamiento seguía en buen pie, con su hospitalaria matrona y su alegre jardín mirando a la bahía.
Día 6. Mr. Cooke se mostró afable, y después de despachar los asuntos que me traían, a pesar de la sorpresa de mi solicitud de ayuda para llegar prácticamente al otro lado del mundo, pareció tomarlo como algo mas bien natural. Me comentó de como el también había sido victima de la que llamo wanderlust, aventura que lo dejo en estás riberas, felizmente casado. Me hizo una sugerencia intrigante. Me dijo que tenía un contacto de negocios importante en Tahiti, y que justamente hace poco había recibido correspondencia de él informándole de su necesidad de personal contable, europeo de preferencia, por la perdida que había sufrido recién de algún personal por motivos de salud. Mr. Cooke parecía tomar con el flema de su carácter nacional esta aparente alusión a un alta mortalidad por un clima pestilente, y lo que es mas, me dio entender que consideraba un gran cumplido enviarme en lugar de un connacional o un europeo. Le hice ver que la ruta que él sugería duplicada mi recorrido, sin embargo lo consideraba un obstáculo menor y que estaba hablando con alguien que sabía no iba en un viaje de negocios, a ser terminado lo antes posible, si no en busca de emociones nuevas, y que estas de seguro eran mas y mejores en los Mares del Sur que en un aburriéndome en un crucero transatlántico, con sus vicios y placeres ya rutinarios, todo bajo una mirada socarrona, de avezado vividor hacía un joven iniciándose en su mundo. Me exigió una respuesta perentoria, y sin pensarlo mucho acepté esta alocada oferta.
Día 10. La espera en el puerto ha sido tranquila, con cenas cordiales en el club y en casa de Mr. Cooke y otros miembros de la colonia. Han brindado por mi fortuna, como un joven aventurero, y noté como esa condición me daba un status que no me hubiera esperado, especialmente entre las damas, como un hombre lleno de misterios, quien no creía ser. Anoche fue una velada especialmente agradable, con un grupo de hombres con alguna experiencia en las islas que iba a visitar. Me alentaron de las múltiples oportunidades de alguién con mi formación para conseguir una buena posición en esos territorios. Puedo decir que les he sido agradable compañía, aunque los puedo haber decepcionado por mi falta de habilidad en las cartas o el billar.
Día 16. Ya he tomado posesión de mi camarote, y hemos zarpado internándonos en el las inmensidades del Océano Pacífico. Parece que fuera solo ayer que estaba en mi ciudad natal, discutiendo con mi jefe sobre la necesidad de comprar mas maquinas de escribir. Viajo en un carguero con una docena mas de pasajeros, un potpurrí de nacionalidades, chilenos, peruanos, ingleses y franceses, entre otros. En nuestras charlas me enterado de lo variopinto de mi destino, de como llegan todo tipo de buscavidas, y que entre esta multitud de aventureros, un europeo (ya me acostumbre a  que voy a ser considerado tal en mi destino inmediato) dispuesto a ensuciarse las manos con tinta es valioso por su escasez.
Día 24. Después de una parada de abastecimiento local, llegamos a nuestro destino, la ciudad de Paapete, capital administrativa y centro comercial de estas colonias. El recipiente de mi carta, M. Villiers, me recibió con fría hospitalidad, presentándome con mis compañeros de trabajo y mis acomodaciones, para darme rápidamente su espalda.  Aburrido de la inactividad durante mi largo viaje, empece al momento a familiarizarme con las particularidades de la contabilidad en estas latitudes. Aunque los principios básicos son los mismos en todo el mundo, y la legislación francesa con es demasiado distinta de la nacional, la experiencia nos enseña que si en cada establecimiento hay idiosincrasias administrativas, tanto más habrán de  ser entre territorios distantes. Me enteré así que nuestra principal actividad era el suministro de contratos para una compañía explotadora de fosfatos. Mis compañeros de trabajo han sido tanto mas cálidos que nuestro jefe. Son todos franceses y algunos mestizos, de mezclada raigambre, hijos de un europeo con una mujer local, china, india, de todo. Pensándolo bien, eso soy yo también, aunque en mi ciudad natal no fuese muy publicitado, nuestra abuela india nunca fue negada, y sí muy querida, en su callada humildad. Es cosa de ver el color de mi piel, para entender que M. Villiers me ha considerado otro mestizo mas, y que mi expectativa de ser un europeo fue una visión alterada por la realidad desde nuestras tierras.

Dia 52. Escasas semanas han bastado para hacerme valer entre los libros de M. Villiers. Mis camaradas, como ellos me han llamado afectuosamente, me han presentado el lado amable de los connacionales de nuestro jefe, conociendo ademas interesantes hombres venidos a sus antípodas en busca del paraíso perdido. Mi impresión de esta hermosa isla ha sido favorable, aunque he estado lejos de llegar a idealizarlas como algunos de estos buscadores. Ahora entiendo la mirada cómplice de Mr. Cooke, es increible lo disipada de la vida colonial, como la llaman aqui. M. Villiers me ha sorprendido con un ofrecimiento, quiere que me prepare para ir a otro territorio insular, a administrar una de sus agencias. Como es en la dirección de mi destino, me demostré bien dispuesto. Aproveche de decirle que aunque estaba contento de haber hecho honra a la recomendación dada por Mr. Cooke, no era mi objetivo ni juntar mas dinero ni hacer carrera por aquí. Como siempre, demostró la mas absoluta indiferencia con lo que tuviera que decirle, mientras sirviera sus intereses inmediatos.
Día 67. Recibí una noticia devastadora. Mi querida madre ha dejado esta vida para ir a la morada eterna. Mi querido cuñado Juan Alberto me ha escrito contándome que poco después que partiera, apareció muerta en su cuarto, habiéndose apagado su corazón durante el sueño. Que muerte mas dulce, pero que amargura en mi corazón, no haberle podido dar ese último beso de buenas noches, recibir esa última bendición, decirle por última vez lo mucho que la quería. Ya es muy tarde, solo sera en los recintos de gloria que te volveré a ver. Me da la impresión de que ni siquiera le alacanzarón a llegar las sentidas cartas con que quería decir algunas cosas que no alcance a decirle antes de partir. Que grave error, dejar algo así de importante para un momento indefinido en el incierto futuro. Me ha hecho recordar para que he venido, no ha viajar y conocer nuevas gentes, y le solicité a M. Villiers que acelerara mi partida a Fiji.
Día 73. El viaje de Tahiti a Fiji ha sido de lo mas pintoresco. El carguero que me llevo trabaja para la compañía de M. Villiers, transportando todo tipo de mercaderías y sus pasajeros. Mi destino en Fiji es similar al de Tahiti, una agencia comercial que atiende principalmente las necesidades de los ingenios azucareros esta vez. Hemos tenido numerosas recaladas en islas con cuyos nombre había empezado a familiarizarme por los intereses de la compañía. Lo que no aparecía en esos libros era la variedad de naciones y poblaciones nativas en todas ellas. Había supuesto a toda la humanidad originaria de esta tierra oceánica como similares a los de Tahiti, pero las diferencias físicas son inmediatas. Debo admitir que estoy empezando a sufrir el embrujo de estas tierras. El clima agradable me ha sentado muy bien, salvo molestias iniciales sin importancia, mi salud no se ha visto afectada. Mas bien, me pareciera que mi piel resalta lozana como en mi juventud, cosa que no hubiera creído pudiese suceder. La carga de trabajo es mas bien ligera, y se reparte de una manera acorde al clima y las estaciones. Después de agradecerle a mi cuñado su consideración, he cesado la correspondencia con mi antiguo hogar, hasta nuevo aviso. Mañana temprano, Dios mediante, debería llegar a mi nuevo lugar de trabajo.
Día 74. Esta vez las recomendaciones que yo traía eran de otro tipo. En Fiji, adonde llegamos antes del amanecer, mi sorpresa inicial fue grande al ser recibido en las oficinas de la agencia, cuando me enteré que el cargo de responsabilidad que había supuesto por las vagas indicaciones de M. Villiers, ya estaba ocupado por otro funcionario de la empresa. Todo se aclaró cuando recibí mi comisión, tenía que ir a un puesto comercial en una isla secundaria de este archipiélago. Mis aprehensiones iniciales cederión al comprender que no había sido engañado, aunque no hubiera estado de mas un poco mas de precisión como una muestra de consideración de parte de los responsables de la compañía. Es esta decidia la que hace sentir a sus empleados como un engranaje sin importancia, y por eso mismo, provoca tanta malversación cuando pueden crear la oportunidad. No se me dio la oportunidad ni siquiera de descansar y refrescarme en las amplias instalaciones de la compañía en Suva, como se llama la capital de esta dependencia de la corona británica, cuando se me envió al puerto a embarcar el correo del día, en dirección al puerto de Savusavu en esta isla vecina. así, entre los cargamentos de víveres y diversas mercancías que tengo que llevar a mi nuevo puesto, me siento a escribir, pero mantengo la dignidad de no sacarme la camisa para refrescarme en público.
Día 75. La oficina de Savusavu es bastante menor que la de Suva, siendo este solo un pequeños puesto donde los locales, mestizos de europeo y nativos de la isla, manejan un floreciente comercio en productos derivados del coco y en la copra. El puesto había quedado al cuidado de un sirviente de otra dependencia británica, por que claramente no es un nativo, pero aquí empiezan a flaquear mis conocimientos de geografía, aunque me parece que es hindú. Al revisar los libros, veo que la compañía se sujeta mas a sus propio usos internos que a la legislación de cualquiera de sus respectivas metrópolis. Especialmente en este rincón alejado, las consideraciones de imperio son mínimas, y parece mas bien que los locales se las arreglan por sus costumbres para mantener las paz interna, aceptando dócilmente el estandarte de su soberano.
Día 81. Mi sirviente, pues me trata de master sahib, y efectivamente es un hindú, se llama Mamud y tiene el aspecto de un hombre mayor. Tiene su casa al lado de la agencia, donde vive con quien debe ser su esposa y sus hijos. Hemos congeniado muy bien, y me da la impresión de ser un hombre honrado, que ha salvaguardado los magros intereses de la compañía en este lejano puesto. Los nativos nos consideran como extraños indeseables pero necesarios, por nuestro comercio, que por supuesto depende a su vez de la prosperidad de ellos. Estos primeros días han sido de una actividad febril, pues habían estado esperando el reemplazo del agente anterior, que abandono su puesto antes de mi llegada, no he podido averiguar bien por qué. Ahora que terminaron las labores de revisión de inventario y de atención de las emergencias iniciales, entramos al pausado ritmo de la vida en estas islas.
Día. 90 Afortunadamente, la buena relación con Mamud y la confianza que le he dado le permitieron juntar valor y pedirme que entrene a su hijo Farzad en las técnicas contables básicas. Como el tiempo está lejos de ser un problema en este puesto, accedí con gusto. El joven es vivaz y de buen carácter, deseoso de aprender. Abandonado en estás soledades, solo había aprendido los trabajos manuales mas básicas, y algunas artes marciales que le enseño su padre, por un lejano paso por la milicia que tuvo. Empece con los números y muy rápidamente pasamos a la aritmética básica. A los pocos días me ha sorprendido, mostrándome una técnica de multiplicación, que aunque no tan eficiente como la que le enseñé después, demuestra un talento poco común. Aunque la verdad yo no necesito de ayuda para las livianas obligaciones de este puesto, es mas bien un placer compartir con este prometedor joven.
Día 108. No me he tomado muy en serio este diario, sin embargo, no dejo pasar demasiado tiempo sin vaciar en el un breve resumen de lo que ha sido de mi. Rápidamente Farzad adelanto sus estudios, y ha sido feliz de poder trabajar en los libros, que al abrírselos su ojos se posaban en ellos como en el texto mas sagrado que haya descendido de los cielos. Mamud ha resultado un excelente interlocutor para las tranquilas tardes, cuando tomamos el fresco en mi terraza. Me he enterado de su azarosa vida, en otras lejanas tierras, que el menciona como conocidas por todos, pero a mi solo me recuerdan lejanamente alguna nota en la prensa, como he dicho no me había interesado mucho en la geografía hasta ahora. El nació en el puerto de Singapur, el que he aprendido es una verdadera joya de la corona británica en estas latitudes torridas. Ahí fue sirviente de distinguidos establecimientos, de los que habla con gran orgullo, nombrando a grandes señores que tuvo el honor de atender, pero a los que yo no conozco ni de mientes. La separación de su familia, que claramente es una herida en su corazón, se debió según él me ha contado, a la esperanza de mejorar las expectativas de sus hijos. Como iba a lograr eso en una lejana isla, en contraste con la gran ciudad, me resulta paradójico por decirlo menos, sin embargo por sus evasivas me quedo claro que no iba a lograr sonsacarle fácilmente cual era el origen de esa extraña noción. Solo se que al enterarse de las contrataciones que estaba haciendo una pequeña compañía inglesa para un puesto similar a este, solicito la autorización para cambiar de empleador, que me da la impresión era casi como cambiar de amo, la que le fue otorgada, y así llego al Pacífico Sur. Una vez aquí, se aprovecho de las condiciones laborales mas laxas, donde los hombres cambiar de empleador con gran facilidad. Así llego a ser sirviente de un caballero australiano, que lo trajo a esta lejana isla, donde me acabo de enterar aún vive, y conversa afablemente con él cuando viene al establecimiento. Queda claro que es un padre amante, y me imagino que como cualquiera, orgulloso de que su hijo haya demostrado habilidades en una labor por sobre las manuales. A su vez con él me he confesado, contándole fundamentalmente lo que he relatado en estas paginas. En estás soledades, la cercanía de almas como la que hemos formado con este sirviente es fundamental para la salud del alma. Sería fácil perder la razón sin un congénere con quien compartir nuestras inquietudes y pareceres.
Día 121. He tenido la fortuna de ser aceptado en el que hasta ahora había sido el cerrado circulo de la sociedad de Savusavu. Conversaciones que se fueron extendiendo en mi establecimiento resultaron finalmente en invitaciones, donde mi historia ha sido recibida con una mezcla de incredulidad por lo desconocido de mi tierra natal, y de naturalidad por lo abundante con son estas islas en historias fantásticas. Las familias de esta sociedad son de una hermosa mezcla, como había contado ya, de australianos con nativos. Los antiguos jefes de estás comunidades habitaban la costa, donde ahora han formado una nueva clase dominante. Al interior existen bandas de salvajes, que conservan antiguas costumbres, como el canibalismo. Estas relaciones han sido un agradable cambió en una existencia que puede considerarse monotona.
Día 154. La verdad es que este modesto cuaderno se transforma en mi mayor confidente, a falta de familia o confesor. Mamud había estado dirigiendo nuestras conversaciones constantemente al tema de mi estado civil, del cual yo no le había ocultado la verdad. Por sus indirectas, caí finalmente en cuenta que me estaba poniendo al tanto de que estaría honrado de que tomara a su hija, una tímida joven ya en edad de merecer, como su mujer. Me explicó que ante la escasez de sus connacionales en estas islas, se hallaba en graves aprietos para conseguir un novio adecuado, aunque había conseguido ahorrar el monto que en sus costumbres se considera indispensable como la dote. Debo confesar que me sorprendieron sus razones, ajenas a lo que podía concebir dentro de mi experiencia. Por otra parte, salvo una ultima escapada en Paapete, no había vuelto a conocer mujer, y estaba empezando considerar ofrecer mis atenciones a alguna de las solteras de esta pequeña ciudad. Mamud me explica, que según cierto profeta que el sigue, no habría problema con el que la tenga de segunda mujer, siempre que la trate bien. Le explique que por respeto a él, no iba a tomar a ligera un lazo tal, pero me pareció, que según las extrañas costumbres de su proveniencia, no podía menos que considerar su ofrecimiento con una respetuosa seriedad. La opinión de la dama, me quedo claro, no podía ser mas que irrelevante en este asunto.
Día 156. Parece increíble que hace poco mas de 5 meses estaba en la bella ciudad de La Paz, en las alturas de los Andes, aunque con pocos parientes, por lo menos con amigos cercanos y antiguos que podían aconsejarme bien en asuntos tan delicados como los de contraer un lazo. Aquí estoy, fuera del alcance de nadie que me conozca hace mas de un año, buscando el consejo de personas que hubiera considerado como extraños, ahora compañeros de esta pequeña embarcación fija, esta isla de Vanua Levu. El consejo de mis recientes amistades ha sido sorprendente. Toman el enlace con una ligereza, como si se tratara de ingresar a un club de caballeros. Abandonar una familia en cada isla parece ser mas bien una costumbre aceptada entre los viajeros, costumbre a la que me niego terminantemente a adherir. Sin embargo, la oferta es honrada, la dama virtuosa, y el enlace, aunque no puede llamarse ventajoso, es por lo menos adecuado. Pero no puedo abstraerme de la realidad, a estás altura muy lejana, de una familia, una esposa, una sociedad que me conoce como casado en una ley que excluye la posibilidad de múltiples esposas bajo un mismo techo. Mi mente, o debo decir una naturaleza inferior, discurre atenuantes débiles, como el frecuente concubinato escondido de muy encumbrados caballeros en mi tierra natal.
Día 177. Largas elucubraciones no me han llevado a nada, hasta que las confidencias con Mamud me han hecho volver al propósito inicial de mi viaje. Al revisar con él los escritos memorizados, transcribirlos de vuelta al inglés, me enteré con sorpresa de algo que debería haber notado antes. Mis amigos y pretendidos familiares son mahometanos. Mamud también se sorprendió de que no me haya resultado obvio desde el primer momento. así somos, ignorantes e ignorantes de la ignorancia. Mi amigo reconoció algo en el estilo, y me preguntó si acaso no era yo uno de los creyentes. así salio lo que yo no había visto. Al declararle mi interés por conocer mas de su religión, me explicó lo de los cinco pilares. La profesión de fe me pareció sorprendentemente sencilla. Por su exposición, me pareció una religión sencilla pero libre de supersticiones. Le pedí al misionero por algún escrito sagrado, y me hablo de EL libro sagrado, pero sorprendentemente no tenía una copia, dice que es muy caro. Es un extraño contraste con la proliferación de Biblias de las promociones de los misioneros protestantes. Esta novedad me ha dejado perplejo, y le dije a Mamud que tenía que pensarlo mas. A el le impresiono esta respuesta, porque como me relato entre sus connacionales era miembro de una comunidad minoritaria, generalmente menospreciada. Le expliqué que no tenía nada en contra de su religión ni a favor de la otra, cualquiera que sea, el los llama idolatras, no le quise decir que entre la gente en cuya iglesia fui bautizado, ellos también serían considerados como tales.
Día 180. Es curioso como al investigar entre los miembros de esta pequeña comunidad sobre el mahometaismo, o como el lo llama Islam, encontré una ignorancia parecida a la de mi país sobre ese tema. Algunos ni sabían que Mamud era mahometano. Los mas enterados, me dirigieron a al isla principal, donde hay una extensa comunidad, y entre ellos algunos de sus clérigos. Eso es lo que pretendo hacer en algun tiempo, cuando mis asuntos me lleven a la ciudad. Mientras tanto, mi joven novia se me ha aparecido solo de a lejos y con un gran pudor, que no pensaría en ofender con atenciones al parecer impropias para sus costumbres.
Día 197. Finalmente llego el día de mi viaje a Suva. Ya había ido un par de veces en estos días, y realmente, después de la clama de Savusavu, parece una urbe atareadísima. Ahora observo la presencia de la numerosa población hindú, en contraste con la de los escasos nativos que se ven por la ciudad, me imagino que igual que en mi isla la mayoría se hallara al interior. No fue difícil encontrar al clerigo mahometano local a través de un comerciante hindú. Este, de nombre Sheik Ajmad me recibió con sencilla hospitalidad en su cuarto, que me pareció oficiaba a la vez como iglesia para la que es mas bien una reducida feligresía. Noté como consiguieron apurado un par de sillas, como que no estaban acostumbrados a recibir visitas. En nuestra entrevista le relate mis orígenes, queme parece para él se resumen a que provengo de raigambre y tierras cristianas. Sin entrar en detalles de como llegué ahí, le  expongo mi interés en su religión. Esto lo llenó de alegría, y me costo un gran esfuerzo de diplomacia hacerle entender que solo buscaba información y no venía ya dispuesto a la conversión. En un momento se hizo necesaria la intervención de otro de sus parroquianos, quien manejaba mejor la lengua de sus amos ingleses que este humilde clerigo. A lo largo de un extenso debate religioso, en el que debo confesar no era ni el mejor preparado ni el mas firme defensor del cristianismo, me expusieron de manera mas cabal los principios religiosos. Me quedo finalmente claro que adoran al mismo Dios, solo que lo llaman Alá, en la lengua árabe. De hecho, sus escritos son en árabe, lengua que muy pocos de ellos manejan, siendo esa una de las pericias de este clérigo. Esta situación no me pareció tan extraña, pues debo recordar que en mi país todos los fieles asisten a una misa que en su mayor parte es en una lengua que la mayoría no entiende, el latín. Su libro sagrado, el Corán, esta íntegramente escrito en esta lengua y  las traducciones que hubiere son escasas y no son consideradas de gran valor, algo así como un Reina Valera entre nosotros. Me mostraron un ejemplar de este libro, el que tratan con gran reverencia. Aprendí también que no consideran en un grave error por adorar a Jesucristo como hijo de Dios, pues su libro enseña que Dios no ha tenido hijo. Sin embargo, se referían a Nuestro Señor con el titulo de el Hijo del Espíritu, y otras formalidades en árabe, lo que me dio la impresión final de que salvo puntos teológicos fuera de mi interés, no era tan diferente esa religión a la que había aprendido durante mi formación. Sus leyes son básicamente las mismas, la caridad, el ayuno, la oración, solo que mas estrictas en algunos puntos, como el que la oración deba ser cinco veces al día, lo que me confirma la severa devoción de mi sirviente. Lo del matrimonio polígamo sin duda  sería difícil de aceptar para un cristiano, pero mis particulares condiciones me hacían mas maleable a este punto un tanto delicado. Les explique con candor mi situación a ese respecto, y me expusieron su parecer, ya considerándome prácticamente un miembro mas, que si había dejado bien provista a mi esposa para sus necesidades, estaba mas bien cometiendo un acto noble, digno de encomio al tomar a aquella joven como mi esposa. Para afirmar su argumento, se extendieron un poco en la historia de sus connacionales en esta isla. Según relataron, invitándome a corroborarlo por otras fuentes, lo que no dejaré de hacer, la mayoría de ellos no llegó a esta isla de la misma manera azarosa que mi sirviente llegara la nuestra. Fueron contratados como trabajadores para las plantaciones de caña de azúcar por enganchadores de los ingenios. Una vez acá, se les procuró mujeres de sus tierras por métodos ruines, exponiéndose esas pobres criaturas a todo tipo de vejámenes que no quisieron precisar ni quisiera repetir aquí si lo hubieran hecho. Finalmente, y con gran soltura, me preguntaron si estaba dispuesto a hacer la confesión de fe que me haría un mahometano, sin mas tramite ni ceremonia. Les expuse finalmente mis experiencias en San Francisco, que me parecía el principal asunto en esta historia de conversión. Al recitarles las palabras que había recogido de Mr. Abbas, traducidas de vuelta al inglés, discutieron entre ellos largamente sobre una adecuada traducción al árabe, declarando luego que tales versos solo podían ser de un santo, que había visto las maravillas del libro madre, y que si alguna vez tuvieran la oportunidad de conocerlo en persona, no dudarían un instante en sentarse a sus pies y asírse de el cordón de su conocimiento, para beber de esa fuente de sabiduría a la que él se refería como su Padre. Ante tal desborde de elocuencia, caí en cuenta que había logrado un peldaño importante en el propósito final de este viaje. Me expusieron también de manera muy convincente una cierta doctrina de predestinación, según la cual todos mis pasos, desde La Paz a San Francisco, y de vuelta hasta estos remotos parajes, habían sido conocidos por Dios en su omnisciencia, lo que se ajustaba bastante bien a las impresiones que había tenido durante los preámbulos de este viaje. Me encontré avasallado por la sencillez de esa religión, hasta entonces desconocida para mi, y  donde antes no había tenido motivos para negarme, ahora sentía que estaba ante los que me iban a llevar al final de mi búsqueda. Como esto estaba ligado a mi inminente bigamia, no podía explicarlo, sin embargo ya no lo veía como una falta vergonzosa. Recite entonces las palabras en árabe que me enseñaron, dando a entender que creía en un solo Dios y en Mahomet como su profeta, y heme aquí convertido en lo que en mis tierras se llama un moro.
Día 203. Mi entusiasmo inicial y mi facilidad con las lenguas me llevo a adquirir unos textos del Sagrado Corán para emprender el estudio de la lengua que me parecía iba a acercarme al objeto de mi deseo, y a adquirir algo de esa elocuencia tan admirable. Me insistieron que trajera a mi novia a Suva para la ceremonia nupcial, lo que me pareció de lo mas razonable, para hacerlo frente al clérigo. Grande fue mi sorpresa al recibirme Mamud con una mezcla de alegría y tristeza. Me costo sonsacarle el motivo de su pesar. Muy tarde me enteré de un lamentable cisma en mi nueva religión. Resulta que mi futura familia era de una secta dentro de la religión que ahora ya sé se llama Islam, que quiere decir algo como sometimiento, se entiende a la voluntad de Dios. Por un lado podía comprender ese sentimiento, comparándolo con las reacciones en nuestro país ante los europeos protestantes. Recordé que mas de alguno se había hecho bautizar al decidirse en atar el lazo en nuestro país, sin parecer esto un trance especialmente duro para ellos, por lo poco que conocía. Esta idea me explicó él que era bienvenida en su secta, pero como un medida de duplicidad, llamada disimulación. Como él era ya conocido como sectario, iba a ser requerida una abjuración especialmente violenta de sus pontífices, llamados Imanes. Con lagrimas en los ojos, me dijo que no estaba seguro de poder acometer tamaña blasfemia, aún por el bienestar de su querida hija. Sin meditar que estaba pasando de yerno solicitado a novio solicitante, le propuse cuando se hubo calmado, una sencilla ceremonia civil, ante un representante de su Majestad Británica. Me explicó que aunque era una buena solución de compromiso, que al lo llenaría de felicidad al dejar a su hija en tan nobles manos, lamentablemente yo había ido muy lejos en mis averiguaciones, y que en este momento toda la comunidad del Islam en Suva iba a estar atenta a mis movimientos, mucho mas si me presentaba con mi novia. El había guardado un bajo perfil en esta isla que aunque cercana, estaba lejos de los asuntos de la isla principal. Ahora, el podía convertirse en el centro de una tormenta, que pondría en riesgo todo lo que había logrado hasta entonces e incluso el porvenir de su hijo, que como ayudante mio ahora era particularmente auspicioso.
Ante tal endiablada maraña de sectas y cismas, que no parecía mas fácil de dilucidar que las intricadas curvas del Libro Sagrado, dejamos la discusión para otro día, recordándole que no podemos acometer en una sola noche una obra que parecía ser de gran importe para ambos.
Día 214. Finalmente acordamos dejar la decisión respecto al matrimonio para después, en manos de Dios y esperando Su guía. Mi novia, por quien me ha empezado a unir un tierno cariño, se veía lamentablemente sombría, con su cara marcada por largas horas de llanto, ante una ilusión que parecía derrumbarse. Aunque me sentía optimista, no tenía como hacerle ver esto, ni la confianza como para acercarme a hablarle de esto. Fue entonces que se me presentó un asunto bastante obvió, que había pasado por alto hasta entonces. La que había dado en llamar mi novia, como mujer sencilla que era, no había sido instruida por su padre si no en un inglés sumamente rudimentario, por lo que no contábamos con otro medio de comunicación. Curiosamente esto no le parecía un obstáculo tan grave a Mamud, quien me aseguraba que mi futura mujer iba a saber adivinar mis deseos sin que hubiera necesidad de que salieran de mis labios. Desconfiando de sus capacidades telepáticas, le insté a aprovechar este hiato que nos estábamos dando para enseñarle a su hija la lengua de la potencia colonial a la que era leal sujeto.
Partí en mi próximo viaje a Suva con la idea clara de plantearle a mis nuevos correligionarios la postergación de mis nupcias hasta que discurriéramos una buena salida a nuestro dilema. Al empezar mi exposición, caí en cuneta de lo grave que era este cisma. Ajmad y su traductor Abdul, se lamentaron sonoramente por la tragedia que dijeron ya habían anticipado, pero estaban rogando de alguna manera pudiese ser evitada. Había caído en las garras de la peor perversión imaginable de la verdadera religión, y la que había sido mi salvación estaba a punto de convertirse en mi perdición eterna, que mas bien me hubiera quedado en la ignorancia del pueblo del libro (cristianos) que haber caído en tamaña secta satánica. Esta descripción no se ajustaba para nada a mi querido Mamud, y les explique que nada me había enseñado él sobre su secta, que yo apenas sabía de la existencia de los Imanes y que si tanto daño habían causado, no estaba interesado en conocerlas también. ¿Porque, si era así, no había traído a la doncella para la ceremonia nupcial? De verdad, sus suspicacias se habían despertado. Les expuse lo que era mi sincero parecer. Aunque no estaba retractándome de mi intención inicial de contraer el vinculo, al caer en cuenta de estos complicado asuntos teológicos, si bien me parecía no iba a poder resolverlos por mi cuenta, no quería apresurar una salida que violentara a mi querido amigo, de quien no iba a renegar por sus creencias, y que como ellos podían estar bien seguros, tampoco pensaba exponerse a sus inquisiciones. Me vieron decidido, y termine de convencerlos al explicarles que me iba a dar un plazo razonable para estudiar el Libro Sagrado, y buscar en ese periodo que la reflexión y la guía divina me indicaran el camino. Para terminar con toda suspicacia, y por sobre todo evitar complicación alguna para Mamud y su familia, accedí de buen grado a sus ofrecimientos de instrucción en Suva cuando mis asuntos me llevaran allí, e incluso en mi propio establecimiento.
Día 249. Tras estos días de intenso estudio, vuelvo a tomar la pluma para unir letras de izquierda a derecha, y mi trazo se vuelve torcido, como que estuviera dejando atrás los largos años de instrucción desde que de niño mi mano dibujara el primer ABC entre los reglones que mi institutriz había marcado. Estoy abrazado en una hoguera de pasión, mística y terrenal. El encanto de los divinos suries se mezclan con el deseo por la que ya he decidido va a ser mi esposa. Su recato e inocente mirada a terminado de cautivarme, con artes que bajo el estricto cuidado de su familia, solo puede haber nacido de su instinto femenino para mi. He lanzado a la borda todo resquemor por mi futura condición de bígamo, término que ceso de significar algo para mi. Todo esto entre el encanto de esta que daré en llamar la lengua de la elocuencia. Mis maestros de antaño habían alabado mi facilidad en el francés, inglés y latín, estudios que tomé solo hasta donde eran prácticos para mi ejercicio profesional. Ahora veo que Dios me tenía preparado este festín de melodías, como inmerecida recompensa para este siervo Suyo. Entre Mamud y sus detractores me han enseñado la recitación, que no constituye sistema alguno de gramática. Inicialmente estaba incrédulo de que no tuvieran tal material, pero una suerte de ciega persistencia ha empezado a desgarrar los velos de este maravilloso idioma. La caligrafía la he bebido de mis nuevos maestros con verdadera ansia, elogiando ellos, debo decir sin falsa modestia, la elegancia de mi curva. Apenas reviso los libros de Farzad, que aprendido a manejarlos con la misma alegría que yo los dulces suries. Su recitación y comentario me han dicho que es un placer místico mas que Dios tiene para mi futuro deleite, cuando ya han vertido lagrimas de alegría al ver como maniobro la gramática en oraciones sencillas pero con la dulzura inherente de esta lengua. Los suries, su estudio me ha vuelto un Quijote oriental, siento que mi seso hierve como el del buen manchego, pero no con lances caballerescos, si no con la voz que llama desde el cielo a la humanidad al paraíso de su fe.
Para mis vecinos en este tranquilo templo del saber, mi locura no es mas que un caso pintoresco y particular de lo que llaman going native, debilidad que ven con indulgencia por su frecuencia, relatando algunos de ellos que se han vuelto amigos mios divertidas anécdotas de otras transformaciones similares.
Día 297. Mi estudios y arrebato místico los interrumpí motivados por la admonición sagrada de no descuidar el bienestar de mi primera esposa. Una carta dirigida a mi querido cuñado Alberto, relatando someramente mi actual paradero y conversión, pero omitiendo por ahora lo que ellos llamarían un enlace bígamo, tuvo como respuesta la lamentable noticia del fallecimiento de mi queridísimo amigo José María. Querido amigo, desde estás paginas elevo una oración para que nuestro Dios nos reúna en su paraíso, bajo el abrigo de su ala misericordiosa. Esta noticia, rauda en estos días de maravillas, impensables no mas allá de mis años de juventud, recibir noticias entre ubicaciones tan lejanas y recónditas, y para mas remate en medio de una guerra europea, de la que nos hemos enterado solo lejánamente, me lleva como volando a la tierra de mis padres, ademas de traerme devuelta a esos escritos que impulsaron mi salida de los Andes. Una vez mas, querido doctor, tengo que seguir ese plan tan chiflado, que elaboramos los dos, como chiquillos soñadores. Se que tu me estás viendo desde el mas allá, deseándome bien como cada vez que compartimos primero reflexiones, luego sueños.
Vino a verme M. Villiers, quedando me imagino satisfecho de su auditoria. Con el no hay como saber, salvo por su falta de reacción. Le debe haber parecido todo bien, y accedio a hacerse cargo de mi correspondencia personal. No me atrevería a criticarle, pues fue en sumo grado diligente, llegándome la correspondencia, en varios sobres intermedios, solo unos 40 días después. Ya he tomado una decisión, con la misma firmeza que cuando salí de mi país.
Día 322. A menos de un año de salir, sin haber visto cerrarse el circulo de las estaciones en un mismo lugar, me encuentro en una nueva morada. Le escribí a M. Villiers desde Suva explicándole que dejaba su agencia en las aptas manos de Farzad, quien iba a responder a su completa satisfacción cuando tuviera a bien ir a revisar sus intereses en ese apostadero. Me disculpaba por lo repentino de mi decisión, pero me impulsaban motivos personales de impostergable urgencia.
Mamud accedió a una sencilla ceremonia y contrato nupcial frente al delegado policial en Savusavu. La despedida fue sentida para todos, y nuestro paso por Suva rápido. Con mis ahorros personales y la dote de Tahiri, mi esposa con quien ya podía comunicarme, empredimos un viaje quizás sin regreso al puerto de Singapur. Nuestros viaje ha sido auspicioso hasta ahora, aunque de alcances modestos, con el natural temor de un emprendimiento nuevo, y con las confirmaciones del único Dios.
Llevo mis tres tesoros, el Libro Sagrado, el libro llamado de la Certeza del que recién empiezo a digerir la potencia de sus palabras, y mi amada esposa, que cuida solicita de mi bienestar y se prepara para un hogar del que por ahora hay solo sueños.
Día 356. Un año de mi salida, aunque según he aprendido, tenemos un calendario distinto para nuestro año religioso, todavía no me familiarizo bien con él. En el barco, el S.S. Bandang, viajamos en tercera clase, no por economizar, si por ser mi esposa hindú. Podría haberla hecho pasar por mi sirvienta, pero hubiera sido indigno para ambos. Tuvimos la fortuna de que la separación no era muy estricta, y en una conversación casual entable amistad con un caballero holandes, el Sr. Van der Merwe El caballero estaba muy interesado en mis calificaciones administrativos, y demostró rápidamente interés en que trabaje para él en Batavia, la capital de las Indias Holandesas. Ante esa interesante oportunidad, quise ser inmediatamente sincero con él y le conté de mi esposa y de mi conversión. Le pareció increíble, me explico que muchos hombre europeos se amanceban o incluso casan con mujeres nativas, pero sin verse por ellos obligados a adoptar su religión. Le dije que lo había hecho por convicción, no por una obligación para casarme. Aunque no dejaba de sorprenderle, me explico que no era un impedimento para que trabajara en su establecimiento, un banco del que el era administrador en esa ciudad, solo que iba a afectar mi vida social, mi figuración se iba a ver un tanto opacada por ese enlace. Le conteste que eso no iba a ser problema. Me dijo, lo invitaría a brindar por la ocasión, pero no quiero ofenderlo en sus principios. Le contesté que no sabía de tal prohibición, lo que él explicó como que probablemente los que me convirtieron pertenecían a alguna secta que permitiera el consumo de alcohol. Con motivo de eso, le declaré mi malestar con la situación cismática dentro de mi nueva religión, no muy favorable al compararla con la del cristianismo. El Sr. van der Merwe me explicó que el era agnóstico, un concepto nuevo para mi, me explicó que aunque creía en Dios, todas las divisiones y guerras religiosas, entre otras cosas, le habían hecho desesperar de la religión organizada. Ideas que en mi país se habrían considerado muy de avanzada, para él eran solo una inocente opinión mas. Como no insistió en lo del brindis, sellamos nuestro acuerdo con un apretón de manos.
Día 380. La vida en esta ciudad ha resultado ser bien distinta de la de las islas del Mar del Sur. El trabajo, de regular y pareja intensidad, aunque distinta en el horario de la que llevaba en La Paz. El idioma holandés no ha sido un obstáculo importante, considerando la incursión que tuve en el alemán hace algunos años. Este detalle ha sido apreciado como algo valioso por Piet, como se llama el Sr. van der Merwe. Tal como el había predicho, no hemos sido invitados a ingresar a la vida social de la gente de mi clase en esta ciudad, pero como a pesar de eso he recibido un trato cordial en toda ocasión en mi trabajo y en las breves transacciones cotidianas con la población de la metrópolis y otros extranjeros. Tahire se ocupa de nuestro hogar y espera nuestro primer hijo, una gran emoción, un regalo que yo no esperaba ya a estas alturas de mi vida. No ha salido a las pocas tiendas de hindúes, aunque le digo que la recibirían bien, aún siendo de otra religión. Me explica que la llena de angustia la idea de salir sola, que nos digno de una mujer casada, y que yo como su marido debería no solo entenderlo, si no también imponerlo como precepto de una familia honrada. La población de esta región, la isla de Java, es mayoritariamente mahometana, lo que me ha dado la oportunidad de acudir al madrasa local a avanzar mas en mis estudios del árabe, para gran sorpresa de los estudiantes ahí, que me enseñan por una modesta paga ocasional. De esa manera puedo decir que ya he completado la lectura del Sagrado Corán, aunque sería presuntuoso decir que lo haya entendido a cabalidad, mas que por una dificultad lingüística, por el portento de sabiduría que son sus palabras. El estudio que he seguido haciendo del Libro de la Certeza, me llevan a confirmar mis sospechas de que una buena parte de él ha sido escrita originalmente en árabe, la otra en algún otro idioma que desconozco. Con este estudio y meditación, las palabras del Sr. Abbas aquella lejana velada en San Francisco, vuelve a mi memoria con mayor claridad, incluso el nombre del lider religioso del que habló, la Gloria de Dios, resuena ahora en mi mente con mayor claridad que nunca. Siento que todos los desvios y detenciones en mi viaje han sido dispuestos por la divina Providencia con el ahora claro fin de ver estas luminosas realidades, ayudado por su mano generosa en cualquier paisaje extraño.
Día 456. El abandono en que he dejado este diario no me ha apartado de la ya inveterada costumbre de marcar los dias de mi viaje en él, como una dulce condena. Ver crecer a mi hijo llena mis días de una felicidad desconocida para mi, que veía como ajena en los parientes de Carmen en La Paz y en otros conocidos. He escrito una carta a mi primera esposa Carmen, explicándole una vez mas mis motivos y ofreciéndole mi asistencia para lo que fuera menester. Me contesto que está sinceramente alegre por la dirección que ha tomado mi camino, que reza fervorosamente por mi progreso, como siempre un gesto de su singular religiosidad, y que no debo preocuparme por ella, que sus asuntos marchar sin ningún sobresalto. La institución financiera que regenta mi amigo Piet tiene sucursales en varios puertos de estas Indias Orientales y mas allá. Me ha pedido que me haga cargo de algunos asuntos en viajes de negocio, tal como había hecho para la compañía donde inicie mis primeros números en la lejana sudamérica. De esa manera he conocido la magnifica Singapur y la magica Rangún. En breves visitas de trabajo, he ido conociendo mas detalles de la historia de estás tierras, sobre las que tendría que escribir un tomo aparte. En la madrasa que frecuente he establecido una hermosa amistad con Ismail, un devoto joven con quien he estado compartiendo el sublime Libro de la Certeza. Me ha encargado fervorosamente que busque la escuela del Sr. Abbas, para ir a sentarse a sus pies. En mis recientes viajes he tenido presente esa recomendación, visitando alguno de los lugares de reunión de los mahometanos en cada ciudad. Los problemas de sectas, los he logrado ignorar, me imagino que ayudado por mi condición de extranjero, ya que en todos lugares me presento por mi nacionalidad, que nadie había escuchado mencionar antes.
Día 470. Piet me encomendó una labor de auditoria en la lejana Calcuta, centro comercial del Imperio Británico en estás tierras asiáticas. Al prepararme para el viaje, cunde en mi el presentimiento de que me acerco al final de mi búsqueda. No puedo decir que mi estudio del Corán haya podido abarcar toda la profundidad propia de la revelación divina, pero las palabras en Kitab-i-Iqan, como he dado de traducir al árabe al Libro de la Certeza, me indican que hay algo mas en la búsqueda que empecé en este viaje, que en principio puede haber parecido tan intempestivo, pero ahora parece ser solo el curso natural de mi vida. He estado informando a Tahere de mis propósitos, y le he causado inicialmente gran aflicción, pues se imaginó que podía dejarla abandonada en alguno de mis viajes, así como abandoné a mi primera esposa. Le protesté, mostrándole inútilmente la carta de Carmen escrita en español, que ella quedó en una buena situación y que fue totalmente indiferente a mi partida, cosa muy difícil de aceptar para mi inocente esposa, y aunque no es totalmente ajustado a la verdad, confiere la justificación de mis actos de manera honrada. Le juré, sobre el Sagrado Coran, que si por algún motivo decidía cambiar de residencia en esta búsqueda, nunca la iba a dejar atrás, y que en cualquier circunstancia la llevaría a ella y a nuestro hijo, por arriesgado que fuera el camino o peligroso el lugar de llegada. Además, no iba a dejar mis responsabilidades laborales tiradas, no lo consideraba digno de una persona decente, nunca lo había hecho y no iba a empezar a hacerlo ahora.
Día 501. Es con gran esfuerzo que he logrado contar los días, desmayándome dos veces en el intento. Esfuerzo inútil, pero la costumbre esa es más fuerte. Este viaje a Calcuta ha resultado una severa lección. Con que soberbia proclamé mi decisión a mi esposa, de volver y nunca dejarla. Cuan imprevisor fue de mi no decirle que mi voluntad quedaba siempre supeditada a la de nuestro creador, el único Dios. Apenas hago contacto con la casa comercial asociada que tenía que auditar en esta ciudad, he caído enfermo con una terrible fiebre que me ha dejado debilitado y con una limitada vigilia unas pocas horas al día. Este mismo escrito he tenido que borronear varias veces, pues no logro hilar mis pensamientos. En la sede inmediatamente note una grave irregularidad en la contabilidad, que hice ver al jefe local. Deben haberse alegrado de sobremanera por mi desgracia, por que solo pude empezar con la mas somera revisión, y ya estaba postrado. El medico que me han mandado es un notable incompetente, claramente me lo mandaron sin la intención de ayudar a mi mejoría. Para mis violentas evacuaciones me recomienda té, solo te negro, sin aliños. Para mis devoluciones, que me dejan contorsionandome de dolor, mas té. Me han dejado una anciana enfermera, que no habla inglés y con la que logro comunicarme solo con quejas. No me han visitado y se han comunicado solo por escrito conmigo. Les he rogado encarecidamente que en informen de mi estado a Piet, para que este a su vez se ponga en contacto con Tahiri. Cuando tomo mi pluma, veo mis manos arrugadas como las de un venerable anciano, y siento que ya no soy de este mundo. Este cuaderno quedara en esta antípoda, donde se lo roerán los ratones y mis divagaciones, impresiones y experiencias serán solo polvo en el viento. Mi amada esposa, que me rogó la dejara seguirme, con absoluta dedicación a mi persona, y yo ahora la estoy abandonando por esta cruel enfermedad, habiendo desatendido su suplica, la dejó a la merced de la piedad de extraños, a una distancia inaccesible de sus padres. Mi hijo, el pequeño Hasan, ¿que cruel destino te depara sin tu padre que te proteja? Siento que vuelve a mi un ultimo estertor de fuerzas para completar esta despedida. Solo me queda elevar mi plegaria, a Dios Todopoderoso, a la Gloria de Dios, cuyas palabras me embarcaron a este extraño peregrinaje, confiando en su misericordia, que si ha tenido a bien que haga lo que hice, y venir a morir aquí, cuide de esas inocentes criaturas, lo que este siervo no supo hacer mientras estaba vivo. Mis amigos en mi lejana tierra, cuan distantes se ven ahora, mi madre que dios tenga en su infinita gloria, ahora voy a tu encuentro, tu hijo que también te abandonó. Mi familia adoptiva, por ese matrimonio que no me pesa haber suspendido, pero Carmen, no te dejo ningún queja, fuiste una buena mujer, aunque todavía no entiendo muy bien tus motivaciones. Don José María, con usted me encontraré, Dios lo tenga en su misericordia, viejo amigo, volveremos a conversar como cuando le lleve esas hermosas palabras por primera vez. Juan Alberto, Julio, Natividad, Armando, Victor, Lia: todos ustedes fueron mas que mis hermanos y primos, nobles amigos. Me plegaria es para que ustedes y sus descendientes puedan seguir en camino de la rectitud, el sendero que lleva al Bienamado, que sus buenas obras sean bien recibidas en la corte celestial. Quisiera terminar este relato con las palabras que las deberían haber encabezado, antes de que conociera este paso más en el camino hacia la luz, poniendome en las manos de la caridad de nuestro creador.
"En el nombre de Dios, el más Misericordioso, el Compasivo"

domingo, 19 de febrero de 2012

Primera parte de "¿Dónde puede ir un amante...?"

JOSÉ MARÍA
1. Ese jueves santo de 1917 la casa de la calle Junín 90 amaneció con la carga de la agonía del abuelo José María. Era el final de una penosa enfermedad, que a los 87 años se llevaba a un merecido descanso al anciano. Deben recordar que en esa época morir a los 87 era como ahora morir a los 200. Lo habían atendido como médicos de cabecera su hijo Juan Alberto y su sobrino Claudio, ambos ministrando a mitigar los sufrimientos de la cansada carne, consientes de las limitaciones de su ciencia para un cuerpo tan debilitado por la edad como el suyo. Una discreta aunque continua procesión de visitas habían ido a preguntar por su salud. Abogados que habían sido alumnos suyos en la facultad de derecho, empleados de la judicatura que habían trabajado bajo su presidencia en la Corte Superior del Distrito, y hasta demandantes que hace tiempo habían llevado sus casos con la lejana esperanza de recibir justicia en casos que él, para gran sorpresa del ambiente, se había dado el trabajo de investigar para fallar acorde a derecho y no según las coimas o presiones de otras autoridades. Esta descripción, que puede parecer de un santo, de un héroe, de un prócer, hubiera incomodado severamente al venerable doctor. Sus visitas durante su enfermedad nunca llegaron a agolparse en la calle por su número, ni siquiera en el salón de la residencia familiar. Apenas se juntaban unas dos o a lo mas tres visitas, al encontrarse los salientes con los entrantes. Después de las preguntas de rigor sobre su salud, conversaban con los hijos que se hallaran presentes y no se hacía esperar mucho el debate político, inevitable en esos años postreros del periodo liberal, con el aroma de la siguiente revolución en el viento. El abuelo recibía muy pocas visitas personálmente, por su debilidad, las indicaciones medicas, y por que le incomodaba el reconocimiento que querían darle esos personajes, de públicos a humildes, con la frecuente verborrea criolla. Los infrecuentes ingresos a su lecho de enfermo eran privados. Cada uno entraba con nuestras miradas inquisidoras. “¿Que sera eso tan importante que tiene que hablar con este?” Cada visita salida de allí traía una misteriosa tranquilidad que no iba acompañada de ninguna explicación, si no de algún comentario filosófico, sorprendentemente sincero y sensato. Curiosamente, el abuelo recibió los santos óleos acompañado de todos nosotros, su familia cercana, con el sacerdote que le trajo doña Eulogia. Cuando le ofreció la confesión, le contesto que se había confesado hace tres semanas y que en el intertanto no había alcanzado a caer en pecado mortal; explicación que no fue bien recibida por el padre Clemente, como pudimos ver por la expresión de rostro, pero que no admitía mucha disputa. Mal podía el padre sacar a relucir a los añosos e infundados rumores que involucraron a don José María alguna vez con la masonería. Según me enteré poco después, el principal reparo que tuvo en hacerse hermano con tantos cercanos iniciados, fue el carácter “pegocratico” de esa institución en nuestra sociedad. Por un lado, ingresaban los elegidos por un circulo de conocidos para recibir preferencias de todo tipo de parte del gobierno liberal; en público por otro lado, protestaban vigorósamente su catolicismo cargando con los santos en las procesiones, en respuesta a las sonoras denuncias de la oposición conservadora. Ese cinismo resultaba insoportable e injustificable para él, y por eso en la casa todos sabíamos que aunque su entusiasmo por los ritos de la religión era tibio, nunca hubiera consentido haberse puesto al alero del compás y la escuadra.
    Ese último día fue cuando apareció el indiecito viejo. Durante el día lo vi, mas bien, lo busqué. Escuche a una visita comentar que lo había visto entrar por la puerta de la servicio y preguntó por él, pues no le resultaba familiar. Con una buena excusa entre a la cocina y me di unas vueltas ahí hasta que lo vi pasar. El también me miró, de manera disimulada, pero nosotros sabemos sentir a esa gente. Inmediatamente se confirmó mi sospecha latente, pre-consciente, de que él sabía. El resto del día, pude notar cierta sutil inquietud en la servidumbre, de los que no podía dudar su lealtad hacía nosotros, hacia don José; hacía mi, la querida niña Eulogia. Esa misma noche, me desperté sobresaltada y sali de mi habitación. El pasillo, oscuro, como era de esperar en la madrugada. Ni un ruido de la calle. Me asomo al salón y siento el mas leve susurro desde la cocina. Subo sigilosamente a mi habitación y dejo mi puerta entreabierta. Me coloco adentro, desde donde puedo verlos pasar al frente de mi puerta. La Arcadia lo guiaba con una palmatoria encendida. Sintiendo sus suaves pasos, calculé que se habían detenido ante la puerta del abuelo. ¿Había percibido mal al indiecito? Por que del abuelo podía estar segura, la tía Carmen no podría haber dejado de informarme de eso. Iba a tener que consultarlo con alguien, seguro. Intrigada, mientras esperaba conciliar el sueño, vinieron a mi mente todas esas conversaciones con el abuelo. Siempre evitó hablar de mi madre y de su familia, y solo hablaba de su hijo Victor de manera inocente, sin siquiera rozar el escándalo. Pero en su conversación se delataba al buscador, no desesperado u obsesivo, sino a la mente inquieta, que finalmente sabe que esa necesidad en su espíritu no es un invento ni una ilusión, es una prueba de que hay algo más. Entre sus divagaciones, esa noche recordé las veces, a lo lejos, en que había hablado de la espiritualidad de algunos campesinos. Nosotros no teníamos muchos contacto con el campo. Solo un par de veces habíamos ido, todos juntos, a la hacienda de un primo de la abuela Eulogia, y tengo mis dudas de que se refiriera a esa población rural. Aunque no nos diferenciábamos tanto de nuestra sociedad urbana en que teníamos a Europa como nuestra metrópolis, por peculiares circunstancias nuestro contacto con ese mundo al que se refería mi abuelo era mas escaso que el del común de las familias que nos rodeaban. Aparte de la escasa servidumbre y uno que otro proveedor, estábamos realmente desvinculados de la tierra, la verdadera fuente de sustento material de nuestra ciudad y de varios de nuestros conciudadanos. Ya me había enterado del pequeño arte, ubicuo en las culturas humanas, de nuestro campesinado, heredado de los antiguos. En ese sentido, no se distinguían mucho de cualquier otro cultor en ultramar. Temí, en ese momento, que don José vaya a ser víctima de alguna oscura superstición, no por algún efecto particularmente grave, si no por una especie de desilusión, de que haya terminado su búsqueda en ese paraje tan extraño para lo que el había sido. A mis 10 años, todavía me quedaba por saber de la misteriosa existencia de aun otro plan, invisible tras el oculto, y aún incomprensible para mi.

    2. Armando, hijo mio, que dolor me produce verte partir a una guerra, donde el ser humano, la forma mas alta de la existencia, se aniquila por la forma mas baja, el suelo que pisamos. Se que estás buscando un cambio en tu vida, pero lamentablemente es una búsqueda vana, salvo que encuentres la muerte en esa selva lejana. Te veo ir alegre, pero me temo que es por la alegría de dejar atrás tus obligaciones acá, tus estudios (en los que nunca puse gran crédito, aunque no por falta de capacidad, si no por tu carácter, querido hijo), y eso que me le dijiste a tu madre, formar una familia, encontrar un enlace con una señorita de familia honorable. Será que si vuelves cargado de gloria militar, será mas fácil que lo logres, sería algo positivo que encontrarle a toda esta locura. Te quiero decir que una esperanza que albergo en mi corazón es que el encontrarte cara a cara con la muerte, produzca en ti no solo miedo o arrojo, sino además un corolario de reflexión calma que nuestros consejos no han logrado sacar de ti. Ese momento, si llegas a encontrarlo, y por favor, tienes que saber que como tu padre amante no lo desea cerca tuyo, pero ya que vas indefectiblemente a su búsqueda, me obligas a ponerme en esa contingencia, y como ves, embargado por la emoción, mi sintaxis naufraga en estas palabras; como te decía, ese es un momento que de verdad puede cambiar tu vida. Solo recuerda eso querido hijo, dales un espacio en tus pensamientos a tus padres en algún trance crítico, y se puede cumplir mi deseo de que dejes de estar buscando en la oscuridad, y tengas un camino por el que esforzarte y superarte. Te tengo que repetir, una ves más, que no es mi deseo, ni el de tu madre, por mas que nos contradigas en eso, de que te parezcas a tus hermanos. Siempre te hemos querido por tu singularidad, como a cada uno de ustedes, y aunque nuestras relaciones con cada uno de ustedes están matizadas por sus distintos caracteres e inclinaciones, preferir a uno sobre otro sería como preferir una de nuestras extremidades por sobre otra, un absurdo. Si tengo que pedirte algo como padre, en este doloroso lance, es que reconozcas la sinceridad de esto último. He visto como algún duro reproche de uno de tus hermanos se confunde después de un tiempo en el amor filial que ni tu ni ninguno de ellos quiere ni puede desterrar de su corazón. Así mismo de sincero son nuestros deseos para ti, y así de prominente es el lugar que ocupas en el corazón de tu viejo padre. Ya ves, has logrado ya algo positivo en este anciano anquilosado entre los silogismos del derecho, que mi corazon desborde su emoción por mi pluma, es esta carta que no tiene mas fin que acompañarte en tu odisea con mis expresiones de afecto y buenaventura. Guarda, entonces, en tu corazón, este mensaje de tu padre que te quiere, (Firma)

    3. Soy el aguamanil de la residencia de la calle Junín 30. No temas lector, no soy un utensilio con poderes para actuar sobre la voluntad de los que me usan, ni encierro algún espíritu con alguna intención elevada o tenebrosa, mas que la de servir para que los comensales refresquen las puntas de sus dedos entre plato y plato. Simplemente observo y se me ha dado esta oportunidad de expresarme. Claro que con lo extremadamente inusual que es que un aguamanil se dirija a una persona, puede ser que sigas albergando la sospecha de que siendo sobrenatural, las consecuencias fantásticas no pueden hacerse esperar mucho. Ni modo, que puedo hacer sobre eso yo, simple vasija de aleación de cobre, niquel y zinc.
    Como ven, no soy de plata, como otros hermanos en casas mas acaudaladas, o pretenciosas. Así y todo, amerito de cuidados no muy distintos de los de un pariente en la platería. Me pulen, si no todas las semanas, a los mas semana por medio. Si bien no brillo tanto, le doy ese toque de distinción que buscan en la mesas las familias de distinción en sus casas. Veo todos los días a la familia reunida, familia que ha ido cambiando a medida que los niños se vuelven hombres y mujeres y los padres, ancianos. Doña Eulogia me compró a los pocos años de casarse, fue la sugerencia de una amiga la que le la convención que erá lo que le convenía para que la mesa sea servida comme il faut. La señora se dio ese gusto conmigo, y pocas adminiculos mas de mi especie, que decir de plata. El servicio fue regalo de bodas, y en los primeros años de matrimonio, mas de una cena fue agriada por las veladas recriminaciones a su esposo por no proveer con una platería mas abundante. Debo decir, por lo que he escuchado de algunas visitas, que en realidad fui afortunado. Cuando se degrada a una aleación como yo por la llegada de un homologo de plata, nuestra suerte suele ser mas bien triste. Como regalo somos poco apreciados, y hasta resentidos, y eso, querido lector, aunque no tengamos un corazón en nuestro interior, nos afecta igualmente, aunque les cueste creerlo. La venta puede resultar peor, pues un producto de segunda mano puede pasar largos años arrumbado en un lugar oscuro, si no logra ser vendido en los primeros meses de su llegada, como aprendí muchos años después. Pero bueno, no nos adelantemos. Mi propósito es continuar con la descripción que había empezado de los que todos los días mojan la punta de sus dedos dentro mío. Cuando la familia fue creciendo, tuve la turba de niños inquietos a mi alrededor. Como no salgo de casa, la única manera que tengo para comparar la mesa donde sirvo de las otras mesas de familia, es por los comentarios de las visitas. Aunque doña Eulogia no llevaba una vida social tan activa, no faltaban los parientes y amigos de visita para el té, y alguna infrecuente actividad social importante, como una visita de estilo. Los niños, según me enteré, rara vez llegaban tan cerca mio, hasta que no cumplían la edad de razón. Me pareció notar que era la confianza que tenía don José en el ascendiente sobre su prole, su sincero cariño y su preocupación alerta por su formación lo que lo llevó a esa medida considerada por algunos como modernista. Los niños al principio me consideraban un objeto entre fantástico y divertido. Salpicar al hermano era una de sus travesuras preferidas, cada vez que las miradas de la sirvienta o de sus padres se desviara por un instantes de mi actuación. La firme mano de ella me salvo de mas de algún exabrupto, especialmente cuando las diferencias de edad se hicieron críticas, al estar un hermano menor en las correrías inocentes de la infancia, mientras que un hermano mayor sufrió ese severo alboroto interno al despertar de ella. Entre hermanos, un manotazo iba a ser perdonado después de una reconciliación, pero el abollón producto de un altercado, no lo hubiera perdido nunca. Así, la mano firme de Arcadia me sostuvo para mi fortuna, en esos sorpresivos arranques, aunque raros, peligrosos. Como verán, mi estilo está marcado por la elocuencia del patriarca de esa mesa. Aunque mi dueña era la que me tenía mas presente, y me incorporaba en ese estilo austero pero digno que desarrollo en su salón, era don José María el que marco en mi expresión lo que ustedes escuchan ahora. Él gustaba de instruir a sus hijos e hijas en el arte de la conversación educada, incentivándolos a expresarse de manera correcta, y dando el ejemplo con sus alocuciones. Ahora, que estoy a punto de ser fundido en un barrio de mala muerte de una ciudad del tamaño que esa distinguida familia nunca soñó con ver, recuerdo con nostalgia la delicadeza del trato en esa mesa. Es cierto que no fui testigos de sus emociones en esos momentos pivotales de sus vidas. La mesa era para otras cosas, y en otros ambientes se desenlazaban sus sentimientos, como podía notar en sus cambios infrecuentes pero importantes, o las mas de veces, quedaban sin expresar. Los romances de esos jóvenes, esos sin dudas fueron los eventos mas queridos de nuestra existencia familiar. La tensión en Natividad, al decir en la mesa que estaba siendo objeto de las atenciones de un joven. Pobrecita, como temblaba, como si estuviera confesando un crimen. Pero si no hubiera sido por ese ambiente, no hubiera tenido el animo de ser tan franca. La respuesta, aunque no fue efusiva, fue por lo menos tranquilizante, y la posterior visita del joven enamorado, todo un éxito.
    Mis recuerdos de tarro viejo me llevan al roce con lo sobrenatural, que no es, repito, el que un aguamanil hable y tenga memoria. Les contaré, para su edificación. Cierta noche, el joven Julio se quedó en una larga velada de conversación con un par de amigos mas, a los que luego se unió su hermano menor Juan Alberto. Su conversación fluía de lo humano a lo divino, hasta que surgió la idea de hacer una sesión de espiritismo. Juan Alberto les dijo que había leído que los ventanas al mundo de los espiritas se abren sobre superficies lisas y brillantes. Luego de descartar el espejo de la antesala, por las graves consecuencias que hubiera tenido un accidente con él, optaron por el agua quieta en el primer objeto plateado sobre el que se posaron sus ojos, para los que mi presencia ya se había vuelto invisible después de haber perdido la magia de la niñez. Rodeado de dos velas y de sus miradas soslayadas por ojos entrecerrados en la concentración, fui el foco de esa jugarreta de juventud. Un chistoso entre ellos golpeo la mesa un par de veces, pero sin saber coordinarse son su pretendido alcance al mas allá, siendo rápidamente desenmascarado por sus camaradas y conminado a la seriedad o al ostracismo. Debo decirles, que como conocía bastante bien a Julio y Juan Alberto, y varias veces sentí sus inocentes emociones de niños, supe reconocer inmediatamente la fuerza de Julio cuando invocó el espíritu desconocido que decían rondaba en esa casa. Espíritu del que no puedo decir nada, pero sí de la fuerza con que Julio, para gran sorpresa suya, hizo que me levantara lentamente, hasta flotar un par de centímetros por sobre el mantel. Él, y todos los demas, vieron en esto una manifestación de esta alma a la que llamaban. El joven estaba plenamente inconsciente de lo que estaba haciendo. Cuando en un momento sacudió su cabeza al reaccionar con estupor por sobre su asombro, rompió la fuerza que me sostenía, y caí bruscamente sobre mis patas, salpicando el mantel. Los aspirantes a medium salieron arrancando como almas que lleva el diablo, solo escuche después de un rato cuchicheos lejanos. Al otro día la servidumbre arreglo lo mejor que pudo el daño que hizo la humedad en el mantel a la madera de la mesa.

4. A ver, este joven Ismael parece muy seguro, pero sus respuestas son excesivamente elusivas. Mis respetables colegas aquí en la comisión ya me dieron su parecer, de su manera siempre velada y justificada en exceso. El de Romano especialmente, ese con sus contactos en el Partido Liberal, sabe que su estrella está en ascenso, y nunca le viene mal (y según dice, a ninguno de nosotros) un santo en esa corte en formación. ¿Que hacer? Por su respuesta, queda claro que no leyó mas que un somero resumen de Institutiones, para que dejarlo mas claro pidiendo una elaboración de las personas jurídicas. Pero si se acercó a hablarme, no fue para congraciarse por malos artes, tiene un valor este joven, militar había sido, ¿no? En la guerra dicen que se destacó. Valiente y leal lo llaman los que estuvieron ahí. ¿De que fue que me habló? Ah sí, del Bello Gallico. Difícil justificar la relevancia de esa lectura en este contexto. Cierto, mas de una vez aquí mismo he visto a algún presidente de comisión en una actitud zalamera desviar la interrogación hacía temas de conversación triviales, cuando el candidato a hecho valer antes sus influencias; o peor aún demostrar una mal fingida severidad al llevar una conversación banal, para pagar de esa manera por algún favor o indiscreción.
¿Pero por que iría a hacer él, el Dr. José María, eso ahora? Al notar la actitud indulgente hacía este joven del resto de la comisión, y la deferencia con la que se esperaba su decisión de descorrer el velo sobre su falta de preparación, o tomar alguna otra medida poco esperada, se sorprendió al escuchar su propia voz dar una breve introducción sobre la posición central del derecho romano en la jurisprudencia de las repúblicas hispánicas y enlazar así con una pregunta, bastante dirigida, sobre el rol de Julio Cesar en el proceso de centralización administrativa de la constitución republicana por medio de sus reformas legales. Que le han dicho. Don José María fue gratamente sorprendido por una lucida exposición de este proceso político de la antigüedad, que él mismo conocía solo superficialmente. Alentado por este solido discurso, no le costo terminar de deslizarse por la ladera de una aparente obsecuencia, ¿amistosa? hacía esta joven promesa, no del derecho nacional, sino mas bien de la arena política, con una invitación a elaborar sobre los Comentarios que recién había recordado.
    Al terminar el examen, Don José María recibió saludos de agradecimiento de sus colegas, que demostraron de esa manera cuanto temían tener que enfrentarle para defender al estudiante en cuestión. Ya había pasado antes, en circunstancias mas escandalosas, que él había resistido con dignidad, incluso en una ocasión obligando a un mequetrefe a obtener su titulo de una universidad del interior. Al retirarse a su despacho, el doctor reflexiono sobre su actuación. Mas que incomodo por haber hecho algo incorrecto, se sentía intrigado por su casi imperceptible transformación durante esta sesión tan afortunada para un alumno. Recordaba que en mas de una ocasión, alumnos pálidos de temor ante su presencia le habían agradecido haberle preguntado justo en el tema en que se sentían mas preparados, pero ese siempre había sido por que los juzgaba capaces, con un gran potencial a desarrollar, y que era solamente justo favorecerlos de esa manera. No había un exceso de abogados talentosos en el país, no era de desperdiciar esos talentos por una exigencia de universalidad difícilmente defendible. Bueno, tampoco era de darle tantas vueltas. Al fin y al cabo, es verdad que se estaba poniendo viejo, y ya había notado un perdida de agudeza intelectual en mas de alguna ocasión.

5. Así pues comadrita, como le digo, la familia del doctorcito ha sido tan buenita siempre con migo, y ademas con mi familia, de verdad, ¿por que tienen que preocuparse de mi sobrino ellos, dígame usted? Claro que no son todas las familias así, si en cualquier lugar te dicen que me importa a mi lo de tu sobrino, deja de llorar ya. Pero no, claro que a veces se pasan de buenos y hay gente que se aprovecha, como ese amigo del joven Armando que viene por la casa, si yo lo he visto que se ha alzado una tabaquera de uno de los jóvenes, el no me vio, yo estaba a punto de salir de uno de los cuartos a donde había ido por que la señora me había mandado a buscar unas camas para guardar. Por suerte que no han hecho escándalo después ninguno de los jóvenes, ¿no le digo que son demasiado buenos?, si no hasta que hubiera tenido que avisar yo, y tu sabes ahí como se ponen las cosas, bien graves; no, ni idea. Pero cada vez que me acuerdo, si me dan ganas de llorar, comadrita, si de verdad le digo que aunque usted no me crea, ni una sola vez, ni el doctor ni sus hijos me han puesto una mano encima. No, si no te asustes hijita, si ya somos viejas las dos ¿para que vamos a andar con cosas? Si ya hemos pasado por harto y sabemos que todos los hombres son unos perros, y que decir de los jovencitos, son los peores ¿no ve? ¿o me vas a decir que no es así? Toditos, toditos, no hay ni uno que se salve. ¿Pero me vas a creer tu, que ni cuando llegue a la casa mas jovencita, ni entonces? Nunca se me metió uno a la cama, ni me agarraba por ahí en un cuarto, nada. Bueno, la verdad es que el joven Victor, cuando se estaba volviendo mozo, ahí estuvo un tiempo como mirándome raro, pero bueno, si es hombre también, ¿no? Eso fue en ese año que estuve enamorando con el Andrés, ¿te acuerdas de ese chico, tan bonito? ¡A la pucha que estaba enamorada! Y el maldito, solo se supo aprovechar de mi, como se hizo la burla de mi, que lo quería tanto, si no te digo, ¡que se los debería llevar el diablo a todos esos malditos, canallas, gran putas!
Ya, no voy a estar llorando ahora, si nos vamos tan poco, vives tan lejos, yo se que te cuesta venir hasta acá de donde tu trabajas, para que voy a estar llorando también. Pero sabes una cosa, ahora que te estado contando estas cosas, te voy a contar de algo que no le había contado a nadie, pero me vas a jurar que no le vas a contar a nadie ¿ya? Por que tu sabes después como es la gente, que van a decir que soy una vieja chismosa, que ando inventando cosas para hacerles problemas a ellos que han sido tan buenos conmigo, imaginate. Resulta que hace varios año llego una chica que nunca había visto. Parecía que venía del campo, no de acá de la ciudad, por que ninguna la conocía. Me dijo de donde era, pero se me olvido, algún lugar. Una chiquita linda, con sus trencitas. Tenía una cara vivísima pero no hablaba mucho con nosotras. Una alzada, pensamos, ojala que le vaya mal por creerse de otra clase, así habíamos dicho algunas entonces. Hacía nomas su trabajo la chica, en los cuartos. Una vez pasé al frente del estudio del caballero y la vi así muy sentada como una gran señora, con uno de los libros abierto. Mirando algunos dibujos nomas, que iba a estar leyéndolo, imposible. Y la muy descarado levanto su cabeza y me miro. ¿Tu crees que escondió el libre, se asusto? ¡Nada! Como si la hubiera visto rascándose la cola nomas en el cuarto de servicio. Muy calmada, cerro el libro y siguió desempolvando nomas. así nomas, si te juro que yo la vi así, con mis propios ojos, como te estoy viendo a ti ahora a ese burro de tu hermano ahí que nos esta mirando. Pero eso no es todo comadrita. Espera nomas lo que te voy a contar ahora. Resulta que una vez, la vi saliendo del cuarto del joven Julio nada menos. El, tan buenito. Dije, esta perra, sucia, que se habrá creído, venir a echar a perder a esta gente tan buena, cochina de mierda. No sabes que rabia me dio, si casi le hubiera abofeteado ahí mismo o mas tarde. Pero gracias a Dios comadrita que me contuve y no me vas a creer, no le conté a nadie, hasta a ti ahora. No, si se que no me vas a creer, pero no le conté a nadie nadie esa vez. Resulta que me puse a seguir disimuladamente sus movimientos y los del joven Julio, para avisarle después a la señora pensaba yo para mi misma, aunque como decirle también, pero me imaginaba que la iban a echar a la calle nomas, si no tedigo que esas cosas no pasaban en la casa. Y así los vi mas de una vez, creo que unas dos veces nomas, ni tantas tampoco, ¿pero sabes lo que hacían esas dos veces que los vi? Estaban con un libro, no se si sera el mismo libro con que la había visto antes, o habrá sido otro libro. El joven Julio me miro una vez que los encontré y yo por supuesto baje la vista nomas y seguí. No me dijo nada y que le iba a decir yo también, ¿no ve? Si a él le gustaba leerle a las chicas del campo, ser cosa suya, que me iba a andar metiendo yo también. Tampoco iba a seguir espiándolos, eso si que no hubiera estado bien. Pero quedé con sospechas, me pareció siempre que era una alzada, imaginate, ¿y si estaba por enamorar, ella, una chica del campo, a ese joven, tan buenito? Pero que podía yo hacer también, no podía estar metiéndome tanto tampoco. Capaz nomas que ese era su plan, pensaba yo, y mas me enojaba con esa diabla. Bueno pero fijate como termina mi historia comadrita, si es bien raro nomas. Aunque como te digo no seguía espiando, igual nomas me fijaba en lo que andaba, pero ella como si nada, ni me miraba ni parecía enojada conmigo. Hasta que un día en la tarde, a la hora de la siesta, la viene a buscar la señorita Carmen a la cocina. Ella siempre ha sido un poquito rara para sus cosas, la señorita Carmen, y era bien cercana con el joven Julio también. Entonces viene y le se la lleva, y todos nos quedamos helados ¿será que se la llevaba para reñirla, como algunas esperábamos que hiciera ya de una vez? ¿o la llevaba con la señora, la había hecho llamar? Imaginate, no podíamos mas, yo casi me moría por contar lo que había visto pero no se como puede haber sido, que nadie mas había visto nada mas, decían pero, tan alzada esa que se ha creído, y como que sentíamos que podía haber problemas, pero problemas bien graves, y teníamos un miedo, sí, creo que eso era, como un miedo que le teníamos, como si de verdad fuera una diabla, ay Diosito santo, si ahora que te cuento como que me quiero acordar de eso que estábamos sintiendo. Y bueno, tampoco no íbamos a aguantar, así que despertamos al chiquito de la cocinera y lo mandamos a mirar, pero le enseñamos bien que tenía que caminar mirando el suelo haciendo que se había perdido una pepita de cristal que su mamá le había regalado para los últimos reyes. así lo vimos salir, y ahí ya estábamos todos, su mamá se pone a llorar, diciendo que si esa bruja le enferma a su hijito, ella se iba a querer morir, como que mandar a su único hijo, y mas encima su hombrecito, así. Y le decíamos que no, que que podía ser tan peligroso, si el ya había ido antes así a chismorrear por nosotros, que le iba a pasar, si la señorita Carmen era buenita nomas, nunca le haría nada a nadie, menos a una criatura. Bueno, después de una rato, que por lo que lloraba esta pareció mas largo yo creo, volvió el chiquito, sanito nomas, no estaba ni asustado ni tuvo ningún susto tampoco después como había dicho su mamá, nos dice que la había visto a la chica con la señorita Carmen paradas, hablando paradas en un lado del patio, y que tenía su mano sobre la de la señorita Carmen ¿Como? ¿Se estaban tomando de la mano? Ahí si que se nos iba el alma del cuerpo con esa historia. No, dijo el chiquito, no se estaban tomando de la mano como amigas, era un poco raro dijo, tenía así su mano sobre la otra, como encimita, con la palma abierta, así, como te estoy mostrando, ella su palma hacia abajo y la señorita Carmen su palma hacía arriba, abierta así también, y parecía que estaban hablando y como que se movían un poco, así como meciéndose un poquito, raro dijo el chiquito, pero sin miedo, bien valiente el chiquito, por que yo si que me desmayo si veo algo así. Dice que no lo vieron, y yo le creo creo, por que era bien pillo ese chico, si hasta fue al colegio unos años después, y se fue, que habrá sido de él, voy a preguntar después. Bueno, y eso fue, ¿que te parece? La señorita Carmen, como si nada después, claro que ella siempre fue así bien corazón de vaca, no decía mucho de nada, excepto con su sobrina esa que nació después, la Eulogita, ¿te acuerdas de ella? Después te cuento de ella, ese otro cuento, pero ya te estoy aburriendo, ¿no? Pero dejame terminar de contarte, de esa chiquilla que ni me acuerdo como se llamaba, Encarnación creo que se llamaba, sí, eso era, ¿o no era? Bueno, duro como dos semanas mas. Ni cuatro meses debe haber estado en total. Era raro que duraran poco en esa casa, como eran tan buenos, y la señora sabía eligir bien a la gente, si hasta una negrita trajo de donde su prima, tan linda esa negrita me acuerdo, la queríamos todos tanto. Pero esta chica rara, si así te digo, un día domingo no volvió de misa, ni estaban sus pocas cosas. La señora dijo que había tenido que irse y como que no quería hablar del tema, tampoco parecía triste, como para pensar que había pasado algo grave, aunque ella no nos iba a estar contando cada cosita, la conocíamos ya bien, y sabíamos siempre cuando algo le preocupaba.

6. Me confieso padre que he pecado. Cuando fue la última vez que te confesaste hijo. La Pascua pasada padre. Tan metódico este doctorcito. Bueno, mejor que esos aburridos que se inventan pecados para venir cada día, o hacen cada día las mismas cochinadas para arrepentirse. Bueno, hace tiempo que no me tocaba él tampoco. Confiesa lo de todos los hombre, como siempre, pensamientos impuros, dice. Ojala fueran solo pensamientos. Le pregunto como siempre, por lo de siempre, ¿has yacido en adulterio? ¿Con una mujer? No ¿Con un hombre? No, pero no se asusta. Bueno, que va a saber uno de lo que alguien ha hecho antes de su última confesión. Y claro, ¿animales? No ¿El vicio solitario? Sí padre. ¿Cuantas veces? ahí lo piensa. Hijo mio, estás protegido por un sacramento. Tres veces padre. Lo dice, seguro, suena sincero. Quizás estaba contando nomas. En quien pensabas hijo. Lo piensa, con vergüenza esta vez. Es una imagen padre. Esta basura de literatura pornográfica que ha invadido este pequeño rincón de la cristiandad, otra invención del demonio, esos daguerrotipos, ya lo decía el señor obispo. No padre, es solo una ilustración de una alegoría de la justicia. Tiene un pecho desnudo y una toga que se le ciñe a su cuerpo juvenil. Cuidado hijo, no vayas a salirte del estado de contricción, recordando de esa manera tu lascivia. Que carajo este, si parece un chiquito, mirando grabados obscenos a escondidas. ¿Seguro que nada más hijo? Tan joven este doctorcito, ya con hijitos, y tan aburrida su confesión. Bueno, he tenido dudas. ¿Como es eso? He pensado mucho sobre algunas de las verdades de nuestra santa religión. ¿No has ido a alguna reunión de librepensadores? ¿Se refiere a la francmasonería padre? Silencio, porque es obvio, si todos saben que este carajo es de simpatías liberales. No padre, me han invitado, he conversado solo con individuos, pero no he accedido a ser iniciado en sus ritos. Deberías evitar esas asociaciones impías, hijo, un hombre como tú, distinguido, que diría tu abuelo, que Dios tenga en su gloria. No es eso padre, son cosas que se me ocurren, usted sabe, mis estudios ya no se pueden circunscribir solo a la escolástica, el trivium y las partidas. La filosofía del derecho es importante y está en desarrollo. Ya hijo, no estás en un debate de académico descreídos, tu lo sabes bien, estás ante un ministro de Dios. No es nada que haya leído últimamente, ni en particular, Padre, pero he pensado en los problemas de la salvación y la predestinación, por mencionar algunos. Hijo mio, ¿no estarás coqueteando con la herejía luterana? Debes decirme, fuera del secreto de confesión si se te ha acercado algún propagador extranjero de esas condenadas doctrinas, es tu deber de cristiano defender la religión, si no lo haces estás en un pecado mortal gravísimo. Padre, cálmese, no es nada de eso, ni he leído nada prohibido. Han sido ideas mías nomas. No hijo, no han sido tuyas, han sido del mismísimo demonio, que siempre acecha a los cristianos para hacerles caer en sus garras. Padre, ¿si no hubiera bautizada a tiempo a mi Raquelita, hubiera caído al infierno? Al Limbo hijo, y este no es el momento para enseñarte las verdades que un hombre de tu categoría bien conoce, si no escuchar tu confesión. Sí Padre. También he dudado de la resurrección de la carne. ¡Hijo mio! ¡Virgen María santísima, madre nuestra, socorrenos! ¿Pero como ha sido posible eso? Padre, el cielo material es solo espacio, estamos en un planeta que da vueltas alrededor del astro que llamamos Sol. Hijo mio, nada de eso importa. ¿Pero donde está Dios resucitado? ¿Como que donde está? ¡A la diestra de Dios Padre Todopoderoso! Padre, por favor, no levante tanto la voz. Mas debería levantarla, en otros tiempos estarías respondiendo ante una corte de investigación por estas cosas. Padre, por favor, que cosas dice, recuerde que soy solo un humilde pecador rogando su absolución. Este doctorcito si que sabe hablar, me logro hacer calmar, casi me desbautiza con esas cosas, estos librepensadores del carajo, nos van a llevar a todo el país al mismísimo infierno. Hijo mio, le digo ya mas en mis cabales, por supuesto que no se me olvida mi misión, ni a ti se te debería olvidar tu posición. Si de verdad eres un humilde pecador A-RRE-PEN-TI-DO, no deberías siquiera empezar a desarrollar esas blasfemias en esta casa de Dios. ¿Que importa lo que diga la ciencia de este siglo de perdición? Tu debes pensar en tu alma inmortal ante todo, y tus hijos, pobres criaturas inocentes. Sí Padre. ¿Le has hablado a alguien mas de esto? No Padre. Mas te vale. No seguiré entonces explicándote mas, hijo mio. Dime, ¿estás sinceramente arrepentido, humilde ante Dios, por haber abrigado esos pensamientos? Sí Padre. ¿Tienes el firme propósito de no acercarte a la contaminación con las ideas de los librepensadores y francmasones a tu alrededor? Sí Padre. ¿Evitaras la lectura de sus ideas? Sí Padre. Y una cosa mas hijo mio, por lo que mas quieras, por tus hijos, que bautizaste en esta iglesia, ven a confesarte mas seguido, no pongas en riesgo tu alma. Si Padre, eso haré. Entonces dominus noster Jesus Christus te absolvat; et ego auctoritate ipsius te absolvo ab omni vinculo excommunicationis et interdicti in quantum possum et tu indiges. Deinde, ego te absolvo a peccatis tuis in nomine Patris, et Filii, et Spiritus Sancti. Amen. Ve hijo mio, y no peques mas. Gracias padre. Por Dios, aburrido no ha sido, pero que manera de hacerme renegar este doctorcito. Tengo que acordarme de hablar con el señor obispo, no podemos ser complacientes, estamos en una verdadera guerra y a veces me parece que pecamos de exceso de confianza, por la mansedumbre de nuestra grey y por la rectitud de nuestros gobernantes. ¿Que sería de nosotros, si alguna vez llegan todos a leer las ideas de estos secuaces del demonio? Dios nos guarde.

7. Vamos Armando, si ya eres todo un hombre. ¿Como te vas ir a tu casa, apollerado? Así me decían mis amigos y la verdad es que solo quería hacerme convencer. Pero claro, mis hermanos, vamos, vamos, que la vida es corta, mas aún la juventud. ¿Como no vamos a celebrar, sí hemos vencido, las fuerzas de la ilustración, del nuevo siglo, del progreso que sacara a este pueblo de la oscuridad, del retraso, y nos llevará a un futuro de orden y progreso? Que vencido, pienso yo, si Jorge tenía la elección ganada, se la había comprado su padre desde ya. Por lo menos el candidato opositor no fue preso, que es mas de lo que permitían los conservadores. Pero ni modo, si son mis hermanos, mis compañeros de tantas noches, y está noche uno de nosotros entra al congreso nacional, no es poca cosa, aunque mi padre lo llame una cueva de ladrones, no debería ser tan liviano al condenar a Jorge, si yo lo conozco y se que es un buen tipo, de verdad comprometido con llevar adelante las reformas que nuestro país necesita. Nos vamos entonces, bulliciosos como chiquillos, a celebrar. Que verguenza, reconocer que no tengo la resistencia de ellos para beber, yo que soy veterano de la guerra. Si por algo estoy vivo, es por la disciplina del comandante y su ley seca, que difícilmente pueden entender ellos. Trato de hacer durar mi bebida, pero ellos no son nada de tontos, y de salud en salud, me obligan hasta que ya saben que si me paro, me tambaleo. Empiezo a entusiasmarme, ¿no es esa la idea? Y a proponer yo mismo otro brindis mas. Por la libertad, la hermosa dama de gorro frigio, ilumina nuestro camino con la antorcha de la razón. Mis amigos aplauden furiosos mi elocuencia, lubricada por el alcohol. Jorge me mira con envidia. Claro, si él a duras penas hilaba un par de burradas. Me levanto a abrazarlo, y siento como que hubieran volteado el piso bajo mis pies. Caigo como un saco sobre él. Las risotadas nos llevan a todos fuera de las sospechas y resquemores. Es tarde cuando salimos, y dos amigos me sostienen. Protesto que puedo caminar, pero imposible seguir una linea recta, me tengo que por lo menos tomar del brazo. Para que están los amigos, digo. Parece que en voz alta, por que ya estamos gritando nuestra amistad. Hasta la muerte, en las barricadas de la libertad, como los héroes de la vuelta, no mejor de la Comuna. Pum, pum, parapetados tras una barricada imaginaría, en este París del sur que inventamos, luchamos a muerte contra las fuerzas del oscurantismo, listos para regar con nuestra sangre el árbol de la libertad. Yo, que en la guerra que tanto me celebran, nunca vi de cerca una bala, por encargo de mi padre, aunque el lo niegue. En la risible “retaguardia”, ahí donde no había frente, avancé en mis lecturas, convaleciendo y viendo morir a los enfermos. ¿Para que despertarlos de esa fantasía, o de cualquier otra? ¿Que importa que nunca se hayan enterado de Blanqui, ni leido a Marx o Proudhon, si yo tampoco soy el veterano que ellos creen? Son mis hermanos, mis camaradas de toda una vida, nos abrazamos, rodando por los adoquines, llorando de tanto amor que nos tenemos. Debo haber perdido la conciencia, porque cuando despierto parece que ya había despertado, por que voy caminando con ellos por otro barrio marginal. Reconozco la entrada de un lenocinio. Así como fue fácil hacerme tomar, les es imposible hacerme entrar. Ya conocía el lugar, de la despedida antes de partir a la guerra, pero mi experiencia había sido mas bien desagradable, y esta vez no me dejo convencer ni manipular. Me dicen de todo, maricón, te crees otra clase, todo tipo de brutalidades, quienes iban a morir junto a mi hace solo unos momentos. Recuerdos las pocas noches de lujuria tropical que me permitio mi mal en esa guerra de retaguardia. Me retiro indignado, me siguen, rogando, no hermanito, no te enojes con nosotros, si somos hermanos, de una misma sangre. Tengo que ir a casa, tu sabes como es mi padre de severo. Pero hermano, si es esta noche, la del triunfo. Algo ha roto el hechizo, pero no el mareo. Caigo de rodillas, llorando, no se de que, ni me acuerdo de cual de ellos eran las rodillas. Eso los conmueve. Les digo que quiero ir a casa y dos de ellos me llevan. A mitad de camino, nos detenemos a fumar y un poco mas en mis cabales, les confieso mi amor, hasta ese momento mantenido secreto, por Lucila. Pero como no nos habías contado, si te hubiéramos ayudado a conquistarla, con mis serenatas, no se hubiera resistido. Con o sin serenatas, se casó, no me espero, ni había dicho que me iba a esperar tampoco. Les digo que aunque me digan cojudo, mi corazón tiene dueño Y bien cojudo, dice uno. ¿Como te vas a quedar así, cagado por un mujer, hermano? así es nomas, es el amor, y empiezo a recitar mi verso, pseudo-modernista
Lamento de la noche tropical
con mi alma saliendo de esta piel
castigada por natura y por la cruel
saeta del verdugo angelical

Me niegas tu favor y así
mi corazón fue victima inocente,
mi espíritu de fuerza endeble
del embate que no pude resistir

Amada indiferente como el destino
como la bala que a mi hermano segó
me llevas por caminos del horror
y en esta noche eres mi unico abrigo

Hermano, me tienes que prestar ese versito, eso es justo lo que necesito para conquistar a mi Trinidad. Cual Cyrano, le prometo esas lineas para su beneficio, pensando justamente en lo mucho que deseo a esa jovencita para mi. Le recuerdo que el no ha estado en los parajes que hace alusión el poema, pero poco le importa, con el entusiasmo de la farra. Cuando boto la cola de mi cigarro, me viene un repentino malestar que me desploma, vomito en el empedrado. Mis amigos me levantan, les digo que no, que me dejen abajo, vuelvo a vomitar, me dejan un buen rato, quejándose de mi falta de resistencia al alcohol. Yo pienso, fueron los versos, que mas. Ligeramente recuperado, me ayudan a ponerme de pie y caminamos sin mayor sobresalto a la casa paterna. Entro a hurtadillas por la puerta de servicio, pero la luz de la alcoba paterna me anuncia los lamentos que tendré que soportar al otro día, entre los dolores de cabeza.

8. ¿Pero que es la conciencia? Pregunta inquisitivo y perspicaz como siempre mi querido hermano Julio. Apenas sabemos de la conformación del cerebro con la nueva teoría neuronal, es todo tan reciente, esas preguntas quedaran para nuestros nietos me temo. ¿Y por qué el cerebro? ¿Y el corazón? Dice el polemista. ¿El corazón como asiento de la conciencia? Pero dejemos atrás a Aristóteles, si tenemos a Ramón y Cajal. Como nos llena de orgullo decir su nombre ¿no? Aunque es irónico por lo menos que Armando haya podido encontrar solo la traducción francesa en su viaje. ¿Es una traición acaso a la madre patria, leer al mas grande de España en esa lengua galante? Eso no lo pienso en voz alta, podría herir a mi hermano, tan sensible y volátil. El corazón es una mera bomba, no hay ningún indicio de otra función. ¿Que mas indicio necesitas, que el salto que dio la primera vez que viste a Laurita, si me permite el atrevimiento, querida cuñada? Se ruboriza y nuestra madre riñe cariñosamente al chancero de Armando. Claro que me río, es tan agradable estar de vuelta aquí con mis padres y hermanos, es como que no me hubiera ido, como que el tiempo hubiera quedado detenido, y estos pasillos y cuartos en una suspensión, esperando mi regreso. Mis padres, en ellos sí se nota el paso del tiempo. Se les nota cuan poca energía les queda. Sin embargo, mi padre, incisivo como siempre, no suelta la guía. ¿Puedes responderle a tu hermano? Es un interesante punto. El amor y otros sentimientos sublimes los prefiero dejar a cargo del espíritu, ¿que puede decir la ciencia de esas realidades? No es que me haya vuelto materialista ni positivista durante mi estadía, ni mucho menos. Mas bien, sabios maestros me enseñaron a reconocer las limitaciones de la ciencia, y nosotros que debemos lidiar con los misterios de la vida y la muerte en el cuerpo de nuestro prójimo, aprendemos eso rápidamente. Pero Alberto, ¿entonces que es el sobresalto del corazón? No puede ser solo una metáfora ni una casualidad. Mira, si realmente te interesa el tema, me atrevería a guiarte a los escrito de polémico Darwin, que según parece propone un argumento evolucionista para el comportamiento humano. Muchas de nuestras reacciones instintivas provendrían de la adaptación de nuestra naturaleza animal en la lucha por la sobrevivencia. ¡Pero ahí si que te pasas Alberto! ¿Estas comparando a tu bella esposa con el animal feroz que acechó a nuestros antepasados? ¿Darwin? Disculpen, soy solo una ignorante madre de familia, ¿pero ese caballero no esta condenado por la religión? La verdad, querida hermana, lamento decirte que a estas alturas del siglo veinte, ya hay consenso en la comunidad científica sobre la validez de las teorías evolutivas. Sin embargo, hay alternativas, llamadas teistas, que esperaría puedan validar la evolución ante la iglesia. Estamos aburriendo a las damas, ¿por que no seguimos en el estudio esta discusión tan interesante? Estupendo, y me harán el honor de catar el cognac que traje por favor, espero que sea digno de tu recepción. Mientras me someto al implacable interrogatorio de Julio y al humor de Armando, entra Carmen con unas masitas dulces. Estoy a punto de reventar, la verdad había perdido la costumbre de estas cenas criollas. Se que ella quisiera entrar a discutir, pero es tan recatada con sus conocimientos y su fina percepción. No le ha ayudado mucho su matrimonio con ese caballero, hombre mas bien de efecto narcótico. Afortunadamente nos privó de su compañía y prefiero dormir la siesta, si no su solo semblante soporífero hubiera mitigado los ánimos de esta velada. De a poco, a medida que vagamos por senderos azarosos del conocimiento humano, Carmen como siempre, me da su parecer veladamente sobrenatural. Ya la conozco bien, esa débil patina de religiosidad esconde creencias herméticas que no hace públicas por delicadeza con nuestros padres, me imagino, porque no tengo mas fundamento que suposiciones sobre el tema. Laura demostró interés por ella cuando le hable de mis sospechas, pero le advertí que era como abrir una ostra si quería entrar por medios convencionales. Dice tener otros medios, con sonrisa traviesa. Justamente viene eso a mi mente y le sugiero a mi hermana conversar con ella. No responde, pero parece considerar meritoria la idea.

9. Amado esposo, esto no te lo escribo, ni menos te digo. Sufro en silencio, como toda mujer, sin siquiera la voz para expresarme. Después de haberte dado todos esos hijos hermosos, varones fuertes y sanos, niñas de buen carácter, tu me lo pagas así. Tomaste mis mejores años, mi inocencia guardada por mi familia para ti. Me hiciste creer que eras bueno de verdad, dedicado a tus estudios y a tu trabajo mas que a los vicios de tantos hombres. Y ahora, me encuentro con todas esas señales, de que a tu edad, te dejas encandilar por una jovencita. Nadie me lo ha dicho, pero no hace falta, bastante ya he sabido de como se porta un hombre en esa situación. Las llegadas tarde siempre el mismo día de la semana. La cara de vergüenza, las evasivas. La perdida de apetito, como un chicuelo enamorado. Por lo menos has tenido la decencia de no ser visto. Mira que creer que un viejo achacoso como tu va a enamorar a una jovencita. Esos suspiros no pueden ser otra cosa, bien lo sabe mi corazón. No sería nada que hubieras cambiado y buscaras satisfacer tus necesidades de hombre con una meretriz de vez en cuando, si ya estoy vieja y puedo entender que ya no te produzca lo mismo que en mi juventud. Lo que me decepciona de ti es que hayas caído tan redondito en lo que yo se que es una trampa peligrosa. Si mira como andas, siempre habías sido alejado de los asuntos prácticos, pero estos meses has estado como en las nubes. Al dormir veo tus ojos abiertos, y no me atrevo a preguntarte que es lo que te preocupa. Es muy distinto que cuando desesperabas de haber entrado al congreso o cuando te hacían renegar los de la corte. Ahora no estás enojado, estás extrañando a esa ramera aprovechadora. Quien sabe de adonde sacarás la plata para darle, por que así nomas tiene que ser, de que otra manera, ¿ah? Algún amigo te habrá llevado por ese mal camino. Sospecho mucho de mi yerno, ese meca, algo raro siempre se trae. Mira, tenemos a todos nuestros hijos y nietos cerca, sanitos, menos por nuestro angelito Raquel, y tu no puedes conformarte con ser un tierno abuelo. El meca va a su viaje a los Estados Unidos nada menos, como gran señor, claro, como no tiene hijos, tiene un cerro de plata para gastar. Y vuelve a ver a su mujer, nuestra hija, esa santa, que lo espera como una prisionera. Algo raro le he visto siempre, y yo se que el es culpable de tu cambio. Solo espero que no dure mucho, este sufrimiento de verte en un estado indigno de ti, a quien tanto había admirado toda mi vida. Paciencia, Dios santo, ayuda a esta pobre mujer a soportar su cruz, o llévame contigo para que este viejo maldito no me haga sufrir mas.

10. Ay pero que suerte por el dios, nadie me ha corrido de esta esquinita, esta muy buena para pedir, por el amor de dios, hay que pedir, por la comida que no tengo, por la bebida que no me deja vivir, oiga caballero, por el amor de dios, deme una monedita, un pedacito de pan, que pan mierda, dame una moneda, y ya me estas molestando denuevo, andate, carajo mierda, andate, o quieres que te mate denuevo, infeliz, no ves como me tienes arruinado, que miren nomas todos como te hablo, para que me vienes a molestar entonces, ya mucho daño me has hecho, ni me dejas tomar, ni pedir dinero, me sigues en la calle carajo mierda, sale demonio, sale, andate, ya, ya, gracias diosito, te fuiste maldito, ahora por el amor de dios, lloro lloro, waa waa, de ese mejor me corro, la otra vez me corrió con su bastón, fuerte me había golpeado, malo malo es, a este pobre miserable, por que me pega la gente, si yo no le hecho nada a nadie, solo a ese maldito que me traicionó, maldito no vuelvas mas, te maté te maté, te abrí el pecho a machetazos, y no estaba ella ahí, no estaba en tu corazón, maldito ladrón, por que me la quitaste, mira como me dejaste, arruinado, en la calle, botado como un perro, yo que era un mozo trabajador, sí tenía de todo, todo lo perdí por tu culpa maldito, waa waa, por favor por favor, ya tengo estas moneditas, para un traguito mas me alcanza, ahí si que se llegar, ahí si que camino a buen paso, para llegar al maldito frasco, ya voy llegando voy llegando, aaa, que rica mi borrachera, pero que poco me dura, tan poco me dura, que ya tengo que ir a pedir de nuevo, ahora cuesta mucho mas caminar, apenas, pero me siento bien hoy, ya me dejaste de molestar, ojala nunca mas vuelvas, y ahora mas encima vienes tu mi amor, pero si no estás muerta, igual, eres tan buenita que vienes a acompañar a este pobre miserable, a decirme cosas bonitas, que lindo caminar así, voy caminando feliz, pero me tengo que poner triste, si no no me dan mas platita, tenga piedad de mi, a ese caballero le voy a pedir, si es bueno, me dio plata, me había dado una vez, le pongo mi mejor cara de miserable, caballero caballero, tenga piedad de este miserable, bah, por que mi mira con esa cara este caballero, no sera que se ha puesto malo y me va a pegar con su bastón, caballero, lo que pasa es que es muy temprano, ¿no ve? todavía no es el momento, todavía no es el tiempo mi caballero, tiene que esperar un tiempo todavía, no se apure, no se puede apurar el tiempo, pero falta poquito poquito, pero si no me dio plata, por lo menos no me pego tampoco, solo me miraba, como que me conociera, bueno, ni modo, hay que seguir pidiendo nomas, ya me esta faltando otro traguito mas.

11. Abuelito, ¿puedo jugar con los platitos? ¡Que bueno! Voy a tener tanto rato para jugar con los platitos. Son tan bonitos. Este es verde, este es rojo, este es como verde con rojo. El verde se lo damos a la mamá, el rojo se lo damos al papá, y el que tiene verde con rojo se lo damos a la guagüita. No, a la guagüita no le guste. No llore, no llore, ya, le damos el verde a la guagüita, para que no llore. ¿Le gusta? Que bueno, linda guagüita. Oiga señora Laura, pero que linda es nuestra guagüita, ¿no cierto? Sí don Alberto, es la guagüita mas linda del mundo, pero se la trajimos al abuelito y la abuelita para que la conozcan, que lindos ojazos tiene. Abuelito, ¿que estás leyendo? Un libro muy bónito Elianita. ¿De que se trata? ¿Es un cuentito? Sí, es como un cuentito. ¿De que se trata? ¿Me lo puedes contar? Hijita, no moleste al abuelito, que está leyendo. No hijita, ven que te voy a contar. Se trata de un papá que tenía muchos hijitos. ¿Y la mamá? Ahí estaba también la mamá, cuidaba a todas sus criaturillas. Ah. ¿Y que hacían los niñitos? Primero hacían los que el papá les había mandado avisar. ¿Y por que les mandaba avisar? Por que el papá no estaba, se había ido a prepararles una casa muy linda. Ah. Pero los hijos a veces se iban olvidando de los que les había mandado el papá. ¿Y se enojaba el papá? El papá era muy bueno, y en vez de enojarse y ponerse malo, les mandaba avisar denuevo, pero le daba mucha pena por que sabía que sus hijitos iban a estar mal por no hacerle caso. Ah. Es por eso que tu, Elianita, una niñita tan bonita, tienes qe hacerle caso a tu papá y a tu mamá. Sí abuelito. Hijita, para donde vas, no te puedes ir, tienes que recoger todos esos platitos con que estuviste jugando, ¿a ver? Bien, esa es mi niña. Ya, portate bien, anda donde la mamá. Uy, están todos durmiendo ya. Que bueno que no me hicieron dormir. Voy a ir a ver el segundo piso, y si sigo hasta el tercero, ¿que habrá ahí? ¿Y si abro esta puerta? ¿Y si está durmiendo ahí en ese cuarto esos señores tan feos que vi? ¿Y si se enojan por que los desperté y son malos? ¡Que miedo! Quiero a mi mamá. ¿Pero donde está mi mamá? No me voy a poner a llorar ahora. ¿Y si ella también me está buscando? Pero no hay que gritar aquí, adentro de la casa. Mejor no voy a abrir ninguna de esas puerta, puede haber alguna cosa fea adentro, que miedo. Mejor voy a bajar, despacito, por la escalera, para que no se despierte mi mamá ni mi papá. ¡Pero si no es mi hijita, la Fernandita! Fernandita, que hace usted aquí, tan solita, venga conmigo, con su mamá. ¿Donde te había dejado? Te dije que te quedaras ahí, mira como estás toda sucia. A ver, vamos a tener que lavarle toda esta su ropa, Fernandita. A ver, vamos a buscar a la mamá, vamos a ver a la guagüita, ¿ya? Si te portas bien, te llevo con los abuelitos, el abuelito te va a contar un cuento, ¿ya? Ay, hija mía, Eliana, ¿No estabas con los abuelos? ¿Y donde encontraste a la Fernanda? Mira Alberto, tu hija anda dando vueltas, te dije que tenía que dormir la siesta, no ves que después anda con sueño y mañosa demás. Ven hijita ¿Como estaban los abuelos? Bien papi. Laura, anda a buscar a la Matilda, ya durmió bastante. Mami, cuentame tú un cuento. Hijita, a la noche, para que te duermas, ¿ya? Mami, después se te olvida. No hijita, no se me va a olvidar. Matilda, llevese a niña por favor. Matilda, ¿por que el abuelito esta tan arrugado? Porque es viejito, niña. ¿Y por qué es tan viejito? Porque ha vivido muchos años niña. ¿Muchos años? Sí, muchos años. ¿Cuantos años? No se, muuchos muuchos años. Mira, ¿ves ese arbol? Sí, ¿Cuantas hojas tiene? Muchas. así de años tiene tu abuelito. ¿Tantos años? Bueno, quizás no tantos, pero así de muchos muuchos años tiene. Aaaah. Le voy a preguntar al abuelito por este árbol. Preguntale si se acuerda de cuando este arbol era chiquito, como tú. ¿Como yo? Sí, este árbol era chiquito como tú. ¿Y como la guagüita? Si, tambien como tu hermanito, era chiquito. ¿Y tanto crece? Sí, son muchos años para que crezca. ¿Y el abuelo? Que pasa con el abuelo. ¿Tambien crece? Te estás riendo, mi niña. Tu sabes que la gente no crece para arriba como un árbol. Crecen de otra manera. Sí Matilda, era broma. ¿Matilde? ¿Si mi niña? ¿Podemos ver los gatitos de la cocina? No mi niña, la mamá gata se enoja si le vamos a ver sus gatitos. Y a la guagüita. ¿Quieres ver a tu hermanito? asíente con la cabeza. Vamos a ver como está, a ver. Entramos a la casa. Espera aquí, voy a ver. No, tu hermanito esta ocupado con tu mamá. ¿Ocupado? Sí niña, están ocupados, ¿vamos a tomar un tecito? Ya. Pero vamos afuera, en la silla donde estabamos viendo ese árbol , ahí nos vamos a tomar un rico tecito, con unos pastelitos que hice. Podemos llevar a la Fernanda también. ¿Será que la niña Fernanda quiere tecito con pasteles? A ver, y si le preguntas tú, quizás va a querer. Me gusta venir donde el abuelo Matilde. Que bueno mi niña. En la casa no hay arboles. Los de la calle nomas. Sí mi niña, por eso venimos. ¿Cuando vamos a tener árboles nosotros? No se mi niña, quizás tu papa después los va a llevar a una casa grande, como la del abuelo, con arboles y todo. Me gustaría eso. Mientras tanto pueden venir donde el abuelo. Ya, señora, ¡que lindos los pastelitos que me trajo! Gracias, si son cualquier cosa, va a disculpar usted, los hice así nomas, apurada, es que usted sabe, los niños, tantas cosa. Noo, si están exquisitos, mmm, que cosa mas rica. ¿Se sirve una tacita de té? Pero no quiero molestarla. Pero por favor, si no es ninguna molestia. Pase usted, sirvase, aquí, mire, este té es muy bueno, lo compré en la tienda donde lo traen directamente desde París, el mejor té del mundo. Mmm, pero que cosa mas rica señora, su té.

12. Ilustrísimo Señor, le agradezco que me reciba usted, me pareció que la gravedad del asunto ameritaba quitarle algo de su valioso tiempo para tratar el tema en persona. Por favor, doctor, este humilde pastor de almas siempre está disponible para recibirlo. Iré directo al grano, monseñor, usted me escribió sobre el amancebamiento de mi hijo Victor. Exactamente, y me parece que usted tiene perfectamente claro la gravedad que reviste el asunto. Monseñor, por eso he venido, a decirle que estoy imposibilitado de hacer lo que usted me pide. Pero doctor, ¿acaso no ve usted el escándalo al que se expone? Tener un hijo natural, bueno, eso le pasa a cualquier hombre, es perfectamente expiable por nuestra Santa Madre, ¿pero el concubinato contumaz al que está empecinado su hijo? ¿Y en una distinguida familia como la suya? ¿Que queda para los ordenes inferiores de nuestra sociedad entonces? Su Ilustrisima, por favor, le ruego tenga la indulgencia de escuchar mis descargos. Adelante doctor, soy todo oídos. Mi hijo Victor especialmente, y debo decir que en cierta medida comparto su sufrimiento, está ante un dilema que ha tomado largas deliberaciones y consultas para resolver de la mejor manera posible. Usted sabe que él, mi señora esposa conmigo, y todos mis hijos e hijas, hemos tomado siempre con gran responsabilidad los deberes paternos y filiales. Nunca nos ha parecido a la altura de esa gravísima responsabilidad las soluciones putativas como internados o tutores permanentes, salvo impossibilium nulla obligatio est, por favor, le ruego su Ilutrisima, permítame. Como le decía, la formación de esta criatura, nacida de una intemperancia que no pretendo justificar, inocente como es, nos pareció mas importante que la condición de la dama, que usted sabe también es otra victima inocente de desgraciadas circunstancias. Mi hijo, usted lo conoce bien, ha tenido antes de este desgraciado lance, una conducta intachable, y al buscar juntos una salida satisfactoria, se ha puesto completamente bajo mi férula como protector de las buenas costumbre de nuestro hogar. Tengo la completa certeza de que mientras yo esté con ellos dos bajo el mismo techo, van a comportarse con el control que les corresponde como penitentes. Su Ilustrisima, considere usted, le ruego, la diferencia entre las apariencias y la sujeción a las normas morales. ¿Que me recomienda usted, desde su posición como pastor de almas? ¿Cual es el imperativo de su ministerio? Doctor, no es solo eso. Dígame, Su Ilustrisima. La dama en cuestión, su procedencia. Su Ilustrisima, su familia, aunque en desgracia, no es de baja raléa, ¿a que se refiere usted? Por favor, si es por rumores, nadie estaría a salvo. Doctor, no estoy en libertad de extenderme mas sobre los particulares, pero le seré completamente franco. Al escucharle hablar, me doy cuenta que en este siglo en que la razón humilla a la piedad, no puedo tratar de imponerme a usted. No por favor, ahórrese sus protestas, y ahora escúcheme usted. Si yo lo respaldo a usted, desde mi posición de obispo de esta diócesis, puedo confiar en usted, en su palabra, de servir a la defensa de la religión, lo que es mas, en la defensa de la salvación de nuestras almas por toda la eternidad. Doctor, su alma esta en juego en un asunto que como le digo, no puedo darle mas particulares. Su Ilustrisima, me intriga de sobremanera. ¿Me esta pidiendo usted que espíe a la madre de mi nieta, como si fuera una delincuente? El Obispo me mira con suspicacia. Precisamente, ¿que debería buscar? Detalles en apariencia inocente. Sus amistades, conversaciones, sus actividades en general. Una vez al año, en esta fecha, le pido que venga a hablar conmigo o con mi sucesor, para darnos esos detalles. Despreocúpese, que no sospechamos de indiscreciones de índole carnal, nada que ofenda su pudor no el de su familia. Su Ilustrisima, me deja sin palabras. Doctor, creame que eso no es menester fácil, y ambos reímos, diluyendo la tensión en la sala.

13. Hija, anoche tuve un sueño. Soñé que estábamos viajando por un paraje montañoso, parecido a estos que nos rodean, pero no era ningún lugar conocido. Ibamos con Julio caminando, con una mujer desconocida. Íbamos subiendo una ladera, que se iba poniendo cada vez mas escarpada, hasta que íbamos escalando por una pared con una estrecha escalera de piedra. Al llegar arriba cambia el paisaje, estamos ante una llanura ahora, con una suave elevación donde hay un asentamiento de casas blancas. No eran casas de campesinos, ni de campo, nada que haya visto. Al centro de las casas, en un espacio despejado, había una construcción mayor, de un carácter aun mas extraño, pero muy hermoso, como una especie de cúpula, pero no era exactamente eso. Queríamos llegar a ese lugar, pero en nuestro camino se cruzaba un pequeño cause de agua. Por algún motivo no podíamos mojarnos para cruzarnos. Tu hermano empieza buscar piedras, las recoge y las lleva a un lugar en particular donde empieza a tirarlas para formar un puente. Cuando empieza a tratar de cruzarlo, casi pierde el equilibrio, mueve los brazos, no logra hacerlo, y vuelve a duras penas. Ahora que lo veo, no tiene mucho sentido, pero así fue. La dama que nos acompañaba, que hasta entonces no había hablado, nos dice que ella nos puede ayudar a cruzar, pero tenemos que confiar en ella. Tu hermano se acerca a ella, y como que estuvieran de acuerdo, salta en sus espaldas, donde ella lo carga, cruzando el cause por una parte mas baja, mojándose solo hasta debajo de la rodilla. Al llegar al otro lado, se va caminando rió abajo. Yo la sigo, para ver como voy a hacer para cruzar. Al bajar un poco mas, ya no se ve el poblado, y la mujer esta se ha transformado en Bolivar. Me hace un gesto de que cruce, yo me interno al agua y en la mitad se pone mucho mas hondo de lo que parecía. La corriente me empieza a llevar y sin poder resistirme, me arrastra y me hunde. En vez de desesperarme, me hundo con tranquilidad. Aunque se que me estoy ahogando, no me desespero, como que hubiera perdido la urgencia de sobrevivir, pero tampoco sin una marca de melancolía. Ese fue mi sueño hija, dime, ¿que te parece? Desperté un poco asustado, con un recuerdo muy claro y no me ha costado mantenerlo hasta ahora. ¿Tienes alguna idea?

14. Querido Julio, te dejo los Vestiges que me había ofrecido aquel gentleman del puerto del que te hablé. Al parecer lamentablemente no ha sido aun traducida al francés, pero so no es problema para ti. Como veras, según lo que me han contado mis correspondiente, presenta una interesante aproximación para el publico en general al problema de la transmutación de las especies, que tanto ha preocupado a nuestra hermana, y no solo a ella. Lo que me llama mucho la atención es la fecha de su publicación, es anterior a las publicaciones evolucionistas de Mr. Darwin, según tengo entendido. Seguramente los sabios de la Francia no lo han encontrado digno de su interés, y por eso no ha merecido el esfuerzo de ser traducido aún. Me interesa conocer tu parecer, y se que está dentro de tu amplio campo de interés, que logras alimentar a pesar de tus intensas ocupaciones en la tribuna . No quise interrumpirte por que se que estás muy ocupado con un par de litigios difíciles, pero como tengo prefiero esperar aquí que escampe la lluvia antes de ir a una visita, me entretengo con unas lineas de mas. Dile a nuestro padre que mi amigo Miguel sigue empecinado en ir a predicarle la moral positiva, parece que quisiera reclutar a nuestro venerable doctor en las filas de su cruzada laicista. Ojala lo pudieras convencer que no sea tan generoso con sus ya mermadas energías, recibiendo a tanto entusiasta, no siempre con los mejores méritos.

15. Que gusto escucharlos hablar así, con ese entusiasmo, tan lleno de vitalidad. Alguna vez me preocupó la melancolía de Alberto, para al ver lo bien la compañía de por lo menos uno de sus hermanos, quedo mas tranquilo. Así también fui yo, hijos mio, seguid ustedes la senda trazada. A esa edad, tenemos que ir adelante a conquistar al mundo, y no es irónico, no, no es, yo confío en que no vais a ser vencidos, es darse cuenta de ese combate mas difícil aun, que es el interior. Pero al escucharte Julio, me doy cuenta de que no es tan así, hay algo mas, a pesar de todo, a pesar de las desilusiones y de las amarguras de la vida, hay un propósito que no es que sea mayor, es complementario, olvidado. Señor padre, díganos, ¿que ocupa sus pensamientos? Comparta otro botón de su sabiduría con estos hijos, dicen en parte en chanza, en parte con toda seriedad. Mas que compartirles esa supuesta sabiduría que me achacan, quiero preguntarles por su hermano Victor. Lo veo muy apegado a su hija, pero a la vez muy enclaustrado. Yo le hable, le invite al circulo. Fue, y la verdad es que fue un evento afortunado. A veces es un poco inane, pero está vez se leyeron buenos versos, un buen declamador de los Derniere de Gautier, . Bueno, el punto es que aunque pareció agradarle, ustedes saben que es un alma sensible, no le pareció seguir frecuentando el circulo, y no es que haya muchos mas de donde escoger. No quise ser majadero con él, pero lago dejo ver, de que si bien no es que mire en menos las bellas artes, su alma no encuentra solaz mas que en la calma del hogar. A mi también me preocupa un poco, la verdad es que es una pena que no salga nada de él mas que algún verso, y muy a lo lejos. ¿Les parece a ustedes dejarlo en esa búsqueda interior, así nomas? En principio no veo nada malo en brindarle este hogar, nuestro hogar, como monasterio. Es por su bienestar que no puedo dejar de lamentarme por esta veta de melancolía que recorre a la familia, generación tras generación. Alberto se pone sombrío al mencionar eso. Quizás fue un error, por que debería sentir una condena de antemano, mas debería debería apoyarlo para que sea artífice de su propio destino. Su respuesta es muy característica. Es de esperar que alcancemos a ver a la teoría neuronal desarrollarse lo suficiente y encontrar la raíz científica de ese mal. ¿Raíz científica para un mal del alma? No sabías que adherías al reduccionismo cartesiano hermano. No es eso, ¿por que se ha de detener la ciencia ante lo que antes era un misterio? ¿Que era el vitalismo, en retrospectiva, si no una explicación mágica de las enfermedades y de la vida invisible? Cuantas vidas no se han salvado, sin ir mas lejos, en el mismo hospicio, por su aplicación en la asepsia. Se ve difícil. así son los problemas valiosos. Pero nos hemos desviado, a su hermano no lo va ayudar los descubrimientos futuros. Padre, no es tomar una actitud quietista, ¿pero que mas podemos ofrecerle que nuestra compañía, nuestro oído confidente, para que descargue lo que sea que quiera descargar de su corazón? Mal podemos decirle donde están esas respuestas que el busca, ¿no? ¿Si, te parece a ti? ¿No podemos? ¿Y que lo que nosotros hacemos no es justamente eso? ¿No estamos cada uno en nuestra arte o ciencia, realizando estos propósitos de los que tanto se habla con tanta reverencia? Después de una buena pausa, preferimos tácitamente cambiar de tema, y una vez mas, no habiendo llegado a una conclusión, nos sentíamos satisfechos del intercambio hecho. Quizás por eso fue un gran servicio a mi país haber abandonado la política, y cambiar la elaboración de la legislación en las transacciones del foro por su interpretación en la tribuna.

16. Acompañé a la Luisa, había que escoger bien el maní está vez, la habían engañado, claro, no conocía bien todavía ese producto, si lleva un par de años nomas, y no podía mandar a nadie mas. De paso también le riño al casero ese, mira que darle maní podrido a la pobre. Como lloraba la pobre. Mire señora, ese es el hombrecito. Buenos días señora. Buenos días, oye tu, ¿tu le habías vendido ese maní malo a esta chica? Claro, el tipo se asusta ese rato, si sabe lo que hizo, me ve, baja la mirada, la vuelve a levantar sonriendo, haciéndose el que no sabe a que vengo. En cuanto le empiezo a reñir partes los cuentos, que señora, usted sabe que siempre se puede pasar algún maní malo. Claro que se puede pasar alguno malo, pero si estos eran casí la mitad malos, si me dio una rabia verlos así, ¿como se le ocurre hacer eso? Señora, si usted sabe que siempre le doy lo mejor, que puede haber pasado, sabe, alguien mas debe haber sido que le vendió, un sobrino que estaba acá ayudándome, tuve que ir un rato a una cosa y el me cuido. Sabe lo que yo debería hacer, debería denunciarlo por estafa. Pero señora, por favor, como va a decir eso. Mire, le voy a reponer, le daré media cuartilla por la molestia, como va a hacer usted eso, señora. Y en eso aparece un chico, su sobrino habrá sido, pero yo sabía que eso del sobrino era cuento, si el nomas vende, no se separa de su maní por nada, y empieza a hablar este chico, vivísimo, un chiquito nomas y dice, mira, si es la chica, si tu te habías ido con la bolsa equivocada, me equivoque no ve, porque me quede mirando sus ojitos tan lindos, y ahí la Luisita se pone roja, me mira asustada, y el chico riendo, no señora, si no hizo nada malo, si lo que paso es que yo nomas me quedé como tonto nomas mirándola, es que tan linda la chica, me decía yo, ¿no cierto señorita? La Luisa, rooja, no decía nada, y el chico poniendo su cara de tonto, diciendo, así estaba, enamoraado, y por eso me equivoqué, vivismo, un bandido el chiquito ese, me ha hecho reír, yo no quería reír, si venía a reñirle, la Luisa también se empieza a reir, tapándose su boca, así como está ahora, así se estaba riendo, y no había nada mas que hacer, le dije ya dame esa media cuartilla, que es mucho menos de lo que me debes, pero por esta vez nomas, ah, solo por esta vez te lo dejaré pasar, mucho cuidado con andar tratando de engañarme, mira que yo siempre te ha pagado el precio justo, ¿acaso alguna vez te he tratado de deber, de que me fíes, como otras que inventan? No, yo te pago tu precio justo, y tu tienes que ser justo también conmigo, ¿no ve? Sí señora, y se mete denuevo ese chiquito, si usted es la señora del doctorcito, el mas justo entre tanta injusticia señora, y le larga un coscacho el viejo, que te metes tú hablador, de que vienes a hablarle a la señora de su marido, que te has creído, ay grita, te voy a acusar donde el doctorcito, de que yo te sirvo bien y tu me das de coscachos, ¿no cierto señorita, usted me va ayudar? Pero ese chico era de gracioso, que no les explico, y esta se tapa la cara, y yo mejor que me iba de ahí, por que si no que barbaridades mas se iba a poner a hablar ese malandrín, mira, había ido tan enojada, pero al final salí riéndome, si a la vueltecita nomas nos tuvimos que sentar a reírnos las dos, si parecíamos locas, de recordar las caras y las gracias que hacía ese chiquitín.

17. Ese año que viajé a la inaguración del año judicial fue especial por varios motivos. Fue la primera vez que fui como presidente de la Corte Superior de Distrito. También, ese año se excusaron todos los otros magistrados, por distintos motivos, de valor irregular. Independiente de los porqués y otrosíes, partí ese viaje de muy buen animo. Algunas ocasiones fueron buenas para la lectura, los trechos mas llanos del camino, aunque rara vez en buen estado, y con luz adecuada. El viaje fue interesante no solo para las actividades contemplativas o de introspección. También fue una buena ocasión para conocer mejor al personal del carro, el mismo que ya nos había hecho este viaje en mas de una ocasión. Tuve oportunidad de conocer mejor a Julián y de apreciar sus cualidades en el mando de esa pequeña comunidad flotante que es un carro de viaje. Las labores de carga y descarga, todo el cuidado que requiere el cruce de los cauces crecido en esa estación, son episodios donde se hacen notar esas cualidades. Graba queda la imagen de los hombres, moviéndose coordinados alrededor de los animales y del carro, salpicando por las gélidas aguas de un riachuelo crecido. Sus gritos y los de su líder controlan a las bestias y coordinan sus movimientos como una danza. Los ojos fijos en concentración de cada miembro de ese equipo. así deberíamos funcionar los magistrados de una sala, para el beneficio de nuestros ciudadanos y de la república toda. Sin suspicacias por los prevaricatos ni ulteriores motivos, empujando el carro de la justicia por el escollo de los litigios. Esa noche me hablé con el conductor, alabándole en el cumplimiento de sus funciones. La verdad, un sencillo gracias bastó, y pude ver que estaba complacido por el reconocimento, que le pedí trasmitiera a los hombres. Las noches de ese viaje en cambio, se prestaban mas para la contemplación. Mientras los hombres se solazaban con la bebida de una venta, y el mas pícaro de ellos cortejaba alguna moza local, después de la solitaria cena, salía al descampado, donde la inmensidad del firmamento, escondido el resto del año por los faroles de la ciudad, por los muros y tejados, o simplemente invisible por que nuestra vista va pegada al suelo; me convoca una vez mas a ese llamado atávico, la sensación ominosa de pequeñez que sintió el hombre al adquirir conciencia de si mismo. El frió me despierta y vuelvo a la venta, donde me recibe el calor humano de mis compañeros de viaje, callados ante mi presencia, pero hermanados por la vastedad de nuestros parajes.
La mañana es fresca. Consulto al conductor, quien a su vez consulta la bóveda celeste, con sus señales en el horizonte. Eso y las noticias de otros viajeros deciden nuestros rumbo para la siguiente jornada. Viajamos ligeros de equipaje, acorde nuestra salida es pronta y de buen animo. La Providencia nos favorece, y se anticipa un viaje mas corto de lo usual. Al llegar a nuestro destino, la sede, les reparto a los hombres una propina, y les encomiendo mesura, para volver a verlos en el regreso. Mas de una vez se ha quedado un rufián por un pleito que lo deja herido o muerto, generalmente por los excesos de la bebida. No quisiera que este viaje se vea empañado por tal desdicha para sus familias, recordándoles que no por estar fuera de la vista, estás hayan dejado de existir.
    Las ceremonias no merecen mención que supla lo que dijo el periódico, y para el regreso compartí carruaje con las otras autoridades, que no habían podido prever la ausencia de mis colegas, para ir todos mas cómodos. No quiero aburrirlos con las comidillas políticas de ese viaje, pero siempre es productivo el compartir ese corto cautiverio con los que comparten delicadas responsabilidades en nuestro departamento y en el gobierno de la república.

18. ¿En que piensas hermano? Nuestro padre se preocupa de tu ennui. No es eso, para nada, Si quieres escucharme, te cuento de algo, que te puede parecer vano, que he discurrido en lo que te parece aburrimiento. Nada me dará mas placer, querido Victor. ¿Te has detenido a mirar una camisa planchada? Fijate la proxima vez que te la vayas a poner. Fijate que esas camisas nos la planchan con carbones encendido. Carbones, Armando, sucios y encendidos, y mira como quedan. Permiso, hermanos, no pude evitar escucharlos al pasar, y tengo que decir, ¿apuntas a una metáfora? Se ve prometedora. No, no es eso, es simplemente que he visto una belleza que me parece hasta artística en estos objetos cotidianos. Una cama bien hecha, ¡como nos espera! Como una llanura de orden, un sistema en un mundo perfecto, encerrado en si mismo, en ese pequeño espacio, en ese lapso entre la media mañana cuando la mucama lo tiende y la noche en que te acuestas. Veo, veo. Interesante. La belleza de lo cotidiano. Sabes, hay algo en algunas artes orientales me parece en esa linea. Estuve leyendo sobre algunas practicas decorativas, no recuerdo el nombre, en una publicación muy interesante que encontré, Le Japon Artistique, eso era, una hermosa magazine. Bueno, el asunto es que eran unos arreglos florales, que no eran meramente decorativos, tenían ciertos principios espirituales que no me quedaron muy claros, me temo que voy a culpar al autor por eso, si disculpan mi petulancia. La verdad, es una cultura tan lejana, de la que sabemos tan poco, si tengo entendido que el país entero estaba en una especie de enclaustramiento. Bueno hermanos, esta magazine esta en casa de mi amigo Jorge. Pero que poner a Jorge en ese dilema, prestar su ejemplar, la proeza que significa conseguir algo así; o peor aún, tener que decirnos que no, inventar una mentira, no se, quizás eso no le cueste tanto eso, pero mejor sería ir a su casa a leerla. Hermanos, les agradezco su interés en lo que les digo, solo sean indulgentes con mis divagaciones, la verdad es que ni yo se a donde voy con todo esto, son unos impulsos solamente que asolan mi alma. No se, no creo estar entrando a un Parnaso domestico cotidiano, no es eso tampoco, la verdad, ustedes saben, yo no creo que misterios ni ocultos, soy solo muchos contradicciones en un solo lugar. En ese momento, mirando los dos a nuestro hermano, vimos a la madre de su hija pasar por el pasillo, así como cualquiera puede pasar, escuchar lo que hablamos, nada confidencial.

19. Cuando pasé por la iniciación y el sello del silencio, no pensé que iba a ser tan difícil. Ahora entiendo por que no he tenido hijos, y tantos hermanos evitan esa tentación, de querer dejarles el conocimiento a tu sangre, la siempre presente ilusión del poder, del beneficio propio. Que dura labor, la de amor a la humanidad, y a la gran obra. Veo a Eulogia y me complazco de que sea una digna continuadora, que la semilla siga bien rastreada por los hermanos. Pero su padre, mi hermano, no puedo ayudarlo mucho, algo, para mantenerlo, pero su tedium vitae, si le pudiera hacer participe del gran propósito, ¿le serviría de algo? Y mi padre, mi anciano padre, ya ha confesado su alma de buscador ante su hija, y con esa sed del hombre a punto de despertar. Había sido parte de mi preparación, anticiparme a esa sed en el amado, en el hijo, y en el padre, pero claro, otra cosa es verla con tus propios ojos, la sed por el conocimiento, por esa fuente oculta en las nieblas del pasado, en las raíces mas profundas de nuestra humanidad. Pero no es que haya sido un buscador desesperado, de hecho, le ha llegado mas de su porción de alucinados por los espejismos, a contarle de las sombras borrosas que despliega la Realidad sobre este mundo contingente. Su respuesta suele ser benevolente y escéptica, aunque sabe que no es todo fantasías o imaginación de un alocado. Ha ido atando, paciente a lo largo de los años, esos pocos cabos, para tener la certeza de que nuestros pasos son movidos por fuerzas ocultas, que existimos, aunque no sabe quienes somos.
Tanta buscador de emociones fuertes, que degrada las artes arcanas de elevado propósito en espectáculos pirotécnicos, tanta hermandad espuria, efímeras hojas al viento, perdidas en la historia, siempre reapareciendo, a veces producto de hermanos caídos en la tentación del dominio, a veces por los propios poderes, siempre latentes, dispuestos a ser domados, o irrumpiendo en los de propensión demasiado fuerte. Pero don José María es indiferente a esas invitaciones, sabe que aún en raras ocasiones siendo veraces, son irrelevantes. Sin embargo, a ver, revisaré una vez mas la cúpula que invoqué, sí, está bien. Lo que pasá es que he notado ese cambio en mi padre, de que encontró algo, pero lo raro es la fuente, sería por medio de Manuel. Sí, mi Manuel. El está revisado, y aunque quizás había bajado un poco la guardia todos estos años con él, estoy segura que sigo manso como el primer día, y no tiene ni el mas leve rastro de poder ni nada parecido. Claramente fue algo que pasó en su viaje al norte. En su carta que te mostré, me contó algo de una charla a la que asistió, que dijo le había hecho pensar en mi. Por supuesto que averigüe, y por lo que supe del hermano ahí era inofensivo, un santón oriental, uno entre varios, nada para preocuparse. Que a Manuel la haya causado alguna impresión, bien por él, por que aparte de algunos comentarios y un entusiasmo muy mesurado, hasta recatado diría, sin ser hermético, no ha hecho nada, ni he detectado nada en él. Sin embargo, aunque por un lado me complace, no deja de sorprenderme la reacción en mi padre. Por eso te quería mostrar esto, una lectura que él trajo, y que leyo con mi padre, a ver que te parecía, a mi no me dijo nada mas que las buenas intenciones de hombre devoto. Pero don Jose María ha tenido ese cambio que te digo, de buscador que encontró. No se si tu sabes de reacciones por el estilo al final de la vida. Yo conocía de algunas, abulia melancólica, devoción religiosa, desesperación, y esta como que rompe el esquema, y no se si amerita que le pongamos mas atención, o simplemente es una fortuna de mi anciano padre, nada mas que un solaz para su alma.

20. Mira cuñadita, estos son los dulcecitos de los que te hablaba. Nos son para comerlos en cualquier ocasión, pero esta es una buena tarde para hacerlo, tenemos toda la tarde libre y nuestros esposos han salido a sus cosas de hombres. Esta es una manera bien linda de divertirnos entre mujeres. Esta me mira, pensando lo obvio, pero ¿como va a saber? Las sirvientas ya saben que tomo mi siesta, y aunque entran de curiosas, ven solo a la señora durmiendo, quizás alguna vez con los ojos abiertos, se asustan, pero después se les pasara, por que no he visto que tanto van a hablar de una cosita así. Entonces toma, cualquiera va estar bien. Come con gusto, pero pareciera que mi cuñadita supiera algo mas, capaz que aquí ya prueban, pero me fijé bien en todas las casas y no había ninguna cactacea digna de mención. Cortésmente me acuesto en el sofá, dejándole la cama a mi huésped. El viaje empieza rápido, seguramente efecto de este clima. Mi compañera de viaje desaparece inmediatamente cuando cierro mis ojos, lo que aunque poco frecuente, no llama demasiado mi atención, espero encontrarla en algún lugar. Mis lugares preferidos empiezan a aparecer, parece que va a ser un viaje lindo, sin pesadillas. Lo que es mas, visto mi traje favorito, el aguila de alas turquesa, con la cola de fuego azul y pico de un hermoso bronce. En mi vuelo aparece lo que no es exactamente una pesadilla, pero sí está fuera de lugar. En la cima de un monte de dimensiones inmensas, en una pequeña meseta, esta de pie mi cuñada, supuesta compañera de viaje, digo supuesta por que esta sentada en una de las sillas de la habitación, y vestida con el mismo traje que la deje. Vuelo alrededor de ella, y levanta la vista con una mirada suave, como comprensiva, como quién ve a un niño jugar. Me resisto a bajar, solo vuelo un poco mas cerca, y ella no me hace un gesto de si debería aterrizar o no. Me alejo y sigo buscando cosas mas fantásticas, un poco enojada con la sorpresa de mi cuñada. Pero el paisaje, aunque fantástico, se vuelve monótono. Extrañamente el vuelo se pone largo y cansador. Despierto, con la mente mas clara de lo común, la consabida sed, y mi cuñada mirándome mas que cómplice, como que supiera algo mas que yo, pero no me lo va a decir. Tenía razón mi querido esposo, esta mujercita se las trae. Es una mosquita muerta, un hueso duro de roer.

21. Fue un mal día en la corte, un caso escabroso de asesinato, abuso de alcohol y abandono de menores. Casos sórdidos como este generalmente no pasaba mas allá de la competencia de la policía en estos años, sin embargo cuando el imputado y el demandante coincidían en recursos, aunque fueran modestos, podía ser que llegase a esa instancia superior. No terminaba de acostumbrarse a tragedias como esas, a pesar de su ya vasta experiencia. Al llegar a su casa buscaba esa luz de esperanza, que afirmaba su creencia de que todas las personas podían llevar una vida provechosa para si mismos y para su prójimo. Se debatía siempre por compartir o no estas pesadas cargas con su familia, especialmente sus hijos. En general prefería no compartir esa carga, pero había notado que el efecto era en general positivo cuando optaba por hacerlo. En esa ocasión encontró una sorpresa, al estar esperándolo su yerno Manuel, el marido de Carmen. Le sorprendió, pues aunque se habían estado viendo frecuentemente los últimos meses, había sido mas que nada en la casa de ellos, que le quedaba en el camino de vuelta de la Corte. Ahí paraba su carro para una breve visita, donde con una inocente complicidad, cada vez antes de irse compartían esas bellas selecciones que había traído de su viaje de trabajo a California. Algo importante tenía que ser, por que lo vio en sala con una ligera impaciencia en su porte. Después de intercambiar cordialidades, le dio la noticia. Había decidido emprender un viaje, sin fecha de regreso determinada, a las tierras del hombre cuyas palabras había traído. Don José María, aunque no se lo esperaba, no resultó sorprendido en demasía, porque ya conocía esa sensación, de haber encontrado a traves de esas palabras el objeto de su deseo, y la certeza de que su corazón hallaría el anhelado descanso al encontrarlo. Puede parecer sorprendente que un hombre respetable como el Doctor no se escandalizara de que su hija Carmen quedasé abandonada de su marido, pero él sabía como era la esposa en cuestión. Una muchacha retraída, pero de carácter fuerte, que se manifestaba en cuestiones muy intimas, como por ejemplo su disciplina en algunas devociones religiosas, su apego a una cierta niñera al final de su infancia y sus hábitos madrugadores. Había aceptado las atenciones de Manuel de una manera que a él y a su madre no logro convencer como guiada por ningúna motivación comprensible, no parecía moverle ni el interés pecuniario ni el romanticismo, de una juventud que ya estaba en retirada. Sus pocos pretendientes anteriores habían sido rechazados con una diplomacia magistral, digna de una mujer de mas experiencia. Su vida marital había sido sumamente discreta, el mínimo de vida social que exigen las buenas costumbres, andaba mas bien cada uno por su lado, lo que por supuesto se prestaba para una que otra maledicencias. Sin embargo, como las apariencias eran bien servidas y no hay había mas alimento a las comidillas que sus actividades mas bien aburridas, no eran objeto de mayor atención. Lo que si había sido mas comentado fue la infertilidad de la pareja. A Manuel le fue aconsejado seriamente por quienes le deseaban bien que demostrará su virilidad engendrando un hijo fuera de su matrimonio, para no sufrir el cuestionamiento del que era objeto. No sabemos si se negó por miedo a confirmar los rumores, pero esta sí fue el efecto que tuvo su actuar. Carmen fue mas bien objeto de compasión, por su desventura en la ruleta reproductiva. Alberto, en su condición de hermano y médico, satisfizo la curiosidad familiar, confirmando de que no había nada evidente en la anatomía de la fallida madre que explicara la ausencia de prole. También pudo constatar en sendas y discretas entrevistas a la pareja y a cada uno por separado, de que cumplían cabal y eficazmente sus deberes maritales, lo que descartaba un exceso de pudor o recato. Don José María había siempre sospechado algo en su hija Carmen, desde que nació. Algo extraño, difícil de apuntar. De niña había mostrado buen carácter, especialmente con sus hermanos. Había llamado la atención de su madre cuando demostró un notable don de mando con el personal de la casa y con otros servidores de labores meniales asociados a la familia. Parecía tener con ellos un ascendente innato, desde antes que otros niños tomaran conciencia de su lugar en la jerarquía social. Su formación había sido cuidada, absorbiendo con mayor interés las lecciones de su institutriz, y recibiendo una formación esmerada de su padre, llegando a dominar el francés en un breve lapso, e incluso incursionando en el latín bajo la dirección de su padre. Sospechaba él que había aprendido mas de lo que admitía, hurgando en su biblioteca, a la que por supuesto el no le habría negado acceso alguno. ¿Por qué ese actuar secreto? ¿Acaso desconfiaba de él? ¿Y en que sentido? Él la había alabado como padre, y sus hermanos eran mas bien indiferentes a lo que consideraban solo una excentricidad inofensiva. Tenía pocas amigas, y las visitaba con regularidad mas bien fría. En la entrevista medica que tuvo con su cuñado, este relató que había actuado con recatada compostura, lo que solo encajaba bien en la idea que se tenía de ella. Con todas esas consideraciones, el doctor José María no veía a su hija como una desdichada mujer que iba sufrir el abandono de su marido, con el consecuente desamparo. Manuel le explicó que tenía un viaje de trabajo al puerto, que era el mejor punto de partida hacia su viaje. Le venía a presentar su plan, por la amistad que les unía, por el interés común que tenían, y por el gran valor que le ponía a su opinión y consejos que tuviera a bien compartir con él. Don José María le confeso su sorpresa, pero le aseguro que contaba con su bendición. Incluso le confeso que sentía el deseo de estar en su lugar, con menos años y menos responsabilidades, para poder emprender tal aventura. Él, que nunca había querido buscar las emociones fuertes de tantas intrigas criollas, incluso el ofrecimiento de un puesto en alguna legación, americana o europea incluso, pero sabiendo muy bien que sus funciones iban a ser mayoritariamente ceremoniales, una estadía vacía de propósito, dadas las condiciones de la cancillería nacional; o bien cargadas de las suspicacias de la política bilateral, ese arte de lectura entre lineas y comunicaciones veladas que tanto le había desagradado en su breve incursión en el parlamento. Lo enviaba pués, a su yerno, con sus mas sentidos parabienes. Le prometía atenciones para con su señora madre, anciana viuda que esperaba a la muerte con devota resignación en su habitación, esa responsabilidad si que opinaba que era mas penosa dejar que a su esposa. Era su único hijo, y era muy poco probable que lo volviese a ver. Manuel le explico como dejaba sus asuntos arreglados con la sociedad de socorros mutuos, para cuidar de sus exequias y sepultura. Don José María, a quien esta noticia le había dado inicialmente una infusión de optimismo, se ensombreció al pensar en la venerable señora, y no dejo de hacérselo ver a su yerno, sin que esto resultase en un cambio de parecer con respecto a los planes finales. Le parecía que la madre estaba siendo sacrificada, por algo que no tenía la plena certeza fuera un bien mayor. Sin embargo, mostrarle su parecer a Manuel era todo lo que podía hacer, no iba siquiera a intentar disuadirlo en esa cuenta. Después de repasar diversos puntos de preparación que observó dejaba bien atados, se despidieron.
    A continuación Manuel se dirigió a la casa comercial donde trabajaba de contador. Tenía la difícil misión de sincerarse ahora con Don Eustaquio, el director de la sede nacional y su superior por todos estos años de servicio. De este hombre, dedicado en cuerpo y alma a su trabajo, temía una mala reacción, pero se sentía obligado a enfrentarle con la verdad de cara, y no a la distancia por carta. Al encontrarse y saludarse, su jefe noto con su ojo avisor que Manuel traía un asunto grave de tratar. Inmediatamente dejo todo de lado, su trabajo del día de descanso, que el no respetaba pese a las observaciones de las autoridades eclesiásticas y de cercanos piadosos, y le instó a soltar su carga con plena confianza. Cuando Manuel le explico que de el viaje en ciernes al puerto iba a ser el último que iba a hacer como funcionario por un periodo indefinido, don Eustaquio le fijo la mirada con estupor, y empezó a protestar, inquiriendo por la ofensa o falta que lo llevaba a abandonar esto que había sido como su hogar, mas que su hogar. Fue un largo y apasionado debate, donde el formidable hombre de negocios paso de la cólera a las lagrimas, extendiéndose Manuel también por su parte, en una larga exposición de su viaje espiritual en los últimos dos años. En un momento Manuel llegó a lamentar haber optado por develar tanto detalle, por que no parecía encontrar respuesta favorable, ni ningún grado de comprensión para su parecer. Finalmente, prevaleció la gratitud que le tenía por sus largos años de servicio con honestidad intachable. Había estado entrenando un equipo de tres jóvenes promisorios, que seguro iban a poder tomar sus responsabilidades, él sentía. Sí, seguro que sí, y robarme hasta el alma, alegaba furibundo el jefe, si usted sabe que no se puede confiar en nadie en estos días. Don Eustaquio, con todo el agradecimiento que le tengo, debo decirle que si usted esta convencido de mi actuar honesto en sus finanzas, es por que nunca ha dejado de controlar los movimientos, lo que no lo resiento en lo mas mínimo, simplemente me permito hacerle ver que es lo que va a tener que seguir haciendo de ahora en adelante. Después de largas horas de está discusión y otras anexas sobre puntos de administración del negocio, le cito para el lunes a primera hora, antes de la llegada del personal, iba a reflexionar mas sobre la posición que le planteaba y consultarlo con su almohada, que hasta ahora había sido buena consejera, mejor en todo caso que los impulsos de una noche. Manuel se retiró un poco mas aliviado que en los momentos mas oscuros de la furia de su jefe.
    Carmen fue, como se imaginaban él y su suegro, la parte más fácil. Le deseo bien, trató de asuntos prácticos, sobre las inversiones que dejaba, de los poderes y tutorías legales y temas de esa índole. Esa noche, la extraña quietud de su actitud comprensiva se transformo en la sorpresa mas grande que le había dado. De unos ya que dormían separados, cosa no en exceso extraña en su sociedad, donde mas de un patriarca saciaba sus apetitos carnales con las mujeres que su jerarquía le permitiera, relegando a su esposa legitima a una posición de ama de llaves en la intimidad de la casa. Este arreglo entre ellos se fue dando de manera amistosa, casi por accidente y conveniencia domestica. El visitaba su alcoba, donde siempre era bien recibido, con le recato que se esperaría de una dama de buena familia. Esa noche en cambio, entró otra mujer. Era Carmen, pero su cabello parecía enmarcar su cara como una cuadro de fantasía, con rizos que nunca había notado en sus sobrios arreglos. Su mirada era felina, de una intensidad penetrante. Al caminar hacía su lecho con el candelabro, su camisón de seda, el mismo de su noche nupcial, parecía acariciar sus delicadas curvas, como que su cuerpo estuviera ya siendo acariciado por manos invisibles. Sintió que estaba ante otra mujer, y la voz, aunque familiar, tenía un tono de secreto lejano, que nunca había escuchado en su vida. Le dijo, Manuel, perdonamé por todo, has sido un buen marido y quiero que sepas que estoy agradecida contigo, de cuerpo y alma, mientras tomaba su mano y la acariciaba, ante su enmudecido asombro. Ahí fue cuando le golpeo el perfume, que termino de sobresaltar su corazón, haciendo vibrar todos sus músculos en un largo espasmo. Apagó la vela y se deslizo dentro de su cama como un fantasma, como un sucubo mortal, para abrazar a su esposo con la magia de unos encantos que nunca hubiera sospechado podían existir en su mujer,  haciendo nacer en él una fuerza insospechada, una hoguera de pasión que el creía muerta cuando dejo atrás su juventud.
    A la mañana siguiente despertó solo, contento, y aunque un poco molido por el ejercicio, lleno de vitalidad. Su esposa había salido temprano y él partió raudo a su compromiso. Don Eustaquio, como siempre, si rodeos, le informo que había decidió a su favor y que le daba excelentes cartas de recomendación a sus socios en el puerto para que lo ayudaran a embarcarse. En la parquedad de su comunicación, Manuel comprendió que el hombre había agotado la sensibilidad de un largo periodo, y que ya podía darse por conforme con los resultados.
    La despedida de su madre fue mas difícil, pues le dijo que estaba cierta de que está vez ya no la iba a encontrar a su vuelta, pero que si tenía que ser, ya, que se fuera nomás, que ojala volviera algún día para dejarle una flor a su tumba. Aunque el dramatismo de su partida ya se lo había repetido las dos veces que había viajado, esta vez, quizás por que él sabía que era cierto, quizás por que sabía que su madre podía leer muchas cosas de su corazón, está vez lo sintió como cierto y justificado por sucesos ocultos en el futuro.
Al volver a su casa terminar de empacar sus cosas, apartó en un sobre, con una sentida dedicatoria, una traducción que preparó de una sección del libro que habían estado compartiendo con su suegro en estos días.
Aquellos que hollan el sendero de la fe, que tienen sed del vino de la certeza, deben limpiar sus seres de todo lo que es terrenal, sus oídos de ociosas palabras, sus mentes de vanas imaginaciones, sus corazones de afectos mundanos, sus ojos de lo que perece.