1. Ese jueves santo de 1917 la casa de la calle Junín 90 amaneció con la carga de la agonía del abuelo José María. Era el final de una penosa enfermedad, que a los 87 años se llevaba a un merecido descanso al anciano. Deben recordar que en esa época morir a los 87 era como ahora morir a los 200. Lo habían atendido como médicos de cabecera su hijo Juan Alberto y su sobrino Claudio, ambos ministrando a mitigar los sufrimientos de la cansada carne, consientes de las limitaciones de su ciencia para un cuerpo tan debilitado por la edad como el suyo. Una discreta aunque continua procesión de visitas habían ido a preguntar por su salud. Abogados que habían sido alumnos suyos en la facultad de derecho, empleados de la judicatura que habían trabajado bajo su presidencia en la Corte Superior del Distrito, y hasta demandantes que hace tiempo habían llevado sus casos con la lejana esperanza de recibir justicia en casos que él, para gran sorpresa del ambiente, se había dado el trabajo de investigar para fallar acorde a derecho y no según las coimas o presiones de otras autoridades. Esta descripción, que puede parecer de un santo, de un héroe, de un prócer, hubiera incomodado severamente al venerable doctor. Sus visitas durante su enfermedad nunca llegaron a agolparse en la calle por su número, ni siquiera en el salón de la residencia familiar. Apenas se juntaban unas dos o a lo mas tres visitas, al encontrarse los salientes con los entrantes. Después de las preguntas de rigor sobre su salud, conversaban con los hijos que se hallaran presentes y no se hacía esperar mucho el debate político, inevitable en esos años postreros del periodo liberal, con el aroma de la siguiente revolución en el viento. El abuelo recibía muy pocas visitas personálmente, por su debilidad, las indicaciones medicas, y por que le incomodaba el reconocimiento que querían darle esos personajes, de públicos a humildes, con la frecuente verborrea criolla. Los infrecuentes ingresos a su lecho de enfermo eran privados. Cada uno entraba con nuestras miradas inquisidoras. “¿Que sera eso tan importante que tiene que hablar con este?” Cada visita salida de allí traía una misteriosa tranquilidad que no iba acompañada de ninguna explicación, si no de algún comentario filosófico, sorprendentemente sincero y sensato. Curiosamente, el abuelo recibió los santos óleos acompañado de todos nosotros, su familia cercana, con el sacerdote que le trajo doña Eulogia. Cuando le ofreció la confesión, le contesto que se había confesado hace tres semanas y que en el intertanto no había alcanzado a caer en pecado mortal; explicación que no fue bien recibida por el padre Clemente, como pudimos ver por la expresión de rostro, pero que no admitía mucha disputa. Mal podía el padre sacar a relucir a los añosos e infundados rumores que involucraron a don José María alguna vez con la masonería. Según me enteré poco después, el principal reparo que tuvo en hacerse hermano con tantos cercanos iniciados, fue el carácter “pegocratico” de esa institución en nuestra sociedad. Por un lado, ingresaban los elegidos por un circulo de conocidos para recibir preferencias de todo tipo de parte del gobierno liberal; en público por otro lado, protestaban vigorósamente su catolicismo cargando con los santos en las procesiones, en respuesta a las sonoras denuncias de la oposición conservadora. Ese cinismo resultaba insoportable e injustificable para él, y por eso en la casa todos sabíamos que aunque su entusiasmo por los ritos de la religión era tibio, nunca hubiera consentido haberse puesto al alero del compás y la escuadra.
Ese último día fue cuando apareció el indiecito viejo. Durante el día lo vi, mas bien, lo busqué. Escuche a una visita comentar que lo había visto entrar por la puerta de la servicio y preguntó por él, pues no le resultaba familiar. Con una buena excusa entre a la cocina y me di unas vueltas ahí hasta que lo vi pasar. El también me miró, de manera disimulada, pero nosotros sabemos sentir a esa gente. Inmediatamente se confirmó mi sospecha latente, pre-consciente, de que él sabía. El resto del día, pude notar cierta sutil inquietud en la servidumbre, de los que no podía dudar su lealtad hacía nosotros, hacia don José; hacía mi, la querida niña Eulogia. Esa misma noche, me desperté sobresaltada y sali de mi habitación. El pasillo, oscuro, como era de esperar en la madrugada. Ni un ruido de la calle. Me asomo al salón y siento el mas leve susurro desde la cocina. Subo sigilosamente a mi habitación y dejo mi puerta entreabierta. Me coloco adentro, desde donde puedo verlos pasar al frente de mi puerta. La Arcadia lo guiaba con una palmatoria encendida. Sintiendo sus suaves pasos, calculé que se habían detenido ante la puerta del abuelo. ¿Había percibido mal al indiecito? Por que del abuelo podía estar segura, la tía Carmen no podría haber dejado de informarme de eso. Iba a tener que consultarlo con alguien, seguro. Intrigada, mientras esperaba conciliar el sueño, vinieron a mi mente todas esas conversaciones con el abuelo. Siempre evitó hablar de mi madre y de su familia, y solo hablaba de su hijo Victor de manera inocente, sin siquiera rozar el escándalo. Pero en su conversación se delataba al buscador, no desesperado u obsesivo, sino a la mente inquieta, que finalmente sabe que esa necesidad en su espíritu no es un invento ni una ilusión, es una prueba de que hay algo más. Entre sus divagaciones, esa noche recordé las veces, a lo lejos, en que había hablado de la espiritualidad de algunos campesinos. Nosotros no teníamos muchos contacto con el campo. Solo un par de veces habíamos ido, todos juntos, a la hacienda de un primo de la abuela Eulogia, y tengo mis dudas de que se refiriera a esa población rural. Aunque no nos diferenciábamos tanto de nuestra sociedad urbana en que teníamos a Europa como nuestra metrópolis, por peculiares circunstancias nuestro contacto con ese mundo al que se refería mi abuelo era mas escaso que el del común de las familias que nos rodeaban. Aparte de la escasa servidumbre y uno que otro proveedor, estábamos realmente desvinculados de la tierra, la verdadera fuente de sustento material de nuestra ciudad y de varios de nuestros conciudadanos. Ya me había enterado del pequeño arte, ubicuo en las culturas humanas, de nuestro campesinado, heredado de los antiguos. En ese sentido, no se distinguían mucho de cualquier otro cultor en ultramar. Temí, en ese momento, que don José vaya a ser víctima de alguna oscura superstición, no por algún efecto particularmente grave, si no por una especie de desilusión, de que haya terminado su búsqueda en ese paraje tan extraño para lo que el había sido. A mis 10 años, todavía me quedaba por saber de la misteriosa existencia de aun otro plan, invisible tras el oculto, y aún incomprensible para mi.
2. Armando, hijo mio, que dolor me produce verte partir a una guerra, donde el ser humano, la forma mas alta de la existencia, se aniquila por la forma mas baja, el suelo que pisamos. Se que estás buscando un cambio en tu vida, pero lamentablemente es una búsqueda vana, salvo que encuentres la muerte en esa selva lejana. Te veo ir alegre, pero me temo que es por la alegría de dejar atrás tus obligaciones acá, tus estudios (en los que nunca puse gran crédito, aunque no por falta de capacidad, si no por tu carácter, querido hijo), y eso que me le dijiste a tu madre, formar una familia, encontrar un enlace con una señorita de familia honorable. Será que si vuelves cargado de gloria militar, será mas fácil que lo logres, sería algo positivo que encontrarle a toda esta locura. Te quiero decir que una esperanza que albergo en mi corazón es que el encontrarte cara a cara con la muerte, produzca en ti no solo miedo o arrojo, sino además un corolario de reflexión calma que nuestros consejos no han logrado sacar de ti. Ese momento, si llegas a encontrarlo, y por favor, tienes que saber que como tu padre amante no lo desea cerca tuyo, pero ya que vas indefectiblemente a su búsqueda, me obligas a ponerme en esa contingencia, y como ves, embargado por la emoción, mi sintaxis naufraga en estas palabras; como te decía, ese es un momento que de verdad puede cambiar tu vida. Solo recuerda eso querido hijo, dales un espacio en tus pensamientos a tus padres en algún trance crítico, y se puede cumplir mi deseo de que dejes de estar buscando en la oscuridad, y tengas un camino por el que esforzarte y superarte. Te tengo que repetir, una ves más, que no es mi deseo, ni el de tu madre, por mas que nos contradigas en eso, de que te parezcas a tus hermanos. Siempre te hemos querido por tu singularidad, como a cada uno de ustedes, y aunque nuestras relaciones con cada uno de ustedes están matizadas por sus distintos caracteres e inclinaciones, preferir a uno sobre otro sería como preferir una de nuestras extremidades por sobre otra, un absurdo. Si tengo que pedirte algo como padre, en este doloroso lance, es que reconozcas la sinceridad de esto último. He visto como algún duro reproche de uno de tus hermanos se confunde después de un tiempo en el amor filial que ni tu ni ninguno de ellos quiere ni puede desterrar de su corazón. Así mismo de sincero son nuestros deseos para ti, y así de prominente es el lugar que ocupas en el corazón de tu viejo padre. Ya ves, has logrado ya algo positivo en este anciano anquilosado entre los silogismos del derecho, que mi corazon desborde su emoción por mi pluma, es esta carta que no tiene mas fin que acompañarte en tu odisea con mis expresiones de afecto y buenaventura. Guarda, entonces, en tu corazón, este mensaje de tu padre que te quiere, (Firma)
3. Soy el aguamanil de la residencia de la calle Junín 30. No temas lector, no soy un utensilio con poderes para actuar sobre la voluntad de los que me usan, ni encierro algún espíritu con alguna intención elevada o tenebrosa, mas que la de servir para que los comensales refresquen las puntas de sus dedos entre plato y plato. Simplemente observo y se me ha dado esta oportunidad de expresarme. Claro que con lo extremadamente inusual que es que un aguamanil se dirija a una persona, puede ser que sigas albergando la sospecha de que siendo sobrenatural, las consecuencias fantásticas no pueden hacerse esperar mucho. Ni modo, que puedo hacer sobre eso yo, simple vasija de aleación de cobre, niquel y zinc.
Como ven, no soy de plata, como otros hermanos en casas mas acaudaladas, o pretenciosas. Así y todo, amerito de cuidados no muy distintos de los de un pariente en la platería. Me pulen, si no todas las semanas, a los mas semana por medio. Si bien no brillo tanto, le doy ese toque de distinción que buscan en la mesas las familias de distinción en sus casas. Veo todos los días a la familia reunida, familia que ha ido cambiando a medida que los niños se vuelven hombres y mujeres y los padres, ancianos. Doña Eulogia me compró a los pocos años de casarse, fue la sugerencia de una amiga la que le la convención que erá lo que le convenía para que la mesa sea servida comme il faut. La señora se dio ese gusto conmigo, y pocas adminiculos mas de mi especie, que decir de plata. El servicio fue regalo de bodas, y en los primeros años de matrimonio, mas de una cena fue agriada por las veladas recriminaciones a su esposo por no proveer con una platería mas abundante. Debo decir, por lo que he escuchado de algunas visitas, que en realidad fui afortunado. Cuando se degrada a una aleación como yo por la llegada de un homologo de plata, nuestra suerte suele ser mas bien triste. Como regalo somos poco apreciados, y hasta resentidos, y eso, querido lector, aunque no tengamos un corazón en nuestro interior, nos afecta igualmente, aunque les cueste creerlo. La venta puede resultar peor, pues un producto de segunda mano puede pasar largos años arrumbado en un lugar oscuro, si no logra ser vendido en los primeros meses de su llegada, como aprendí muchos años después. Pero bueno, no nos adelantemos. Mi propósito es continuar con la descripción que había empezado de los que todos los días mojan la punta de sus dedos dentro mío. Cuando la familia fue creciendo, tuve la turba de niños inquietos a mi alrededor. Como no salgo de casa, la única manera que tengo para comparar la mesa donde sirvo de las otras mesas de familia, es por los comentarios de las visitas. Aunque doña Eulogia no llevaba una vida social tan activa, no faltaban los parientes y amigos de visita para el té, y alguna infrecuente actividad social importante, como una visita de estilo. Los niños, según me enteré, rara vez llegaban tan cerca mio, hasta que no cumplían la edad de razón. Me pareció notar que era la confianza que tenía don José en el ascendiente sobre su prole, su sincero cariño y su preocupación alerta por su formación lo que lo llevó a esa medida considerada por algunos como modernista. Los niños al principio me consideraban un objeto entre fantástico y divertido. Salpicar al hermano era una de sus travesuras preferidas, cada vez que las miradas de la sirvienta o de sus padres se desviara por un instantes de mi actuación. La firme mano de ella me salvo de mas de algún exabrupto, especialmente cuando las diferencias de edad se hicieron críticas, al estar un hermano menor en las correrías inocentes de la infancia, mientras que un hermano mayor sufrió ese severo alboroto interno al despertar de ella. Entre hermanos, un manotazo iba a ser perdonado después de una reconciliación, pero el abollón producto de un altercado, no lo hubiera perdido nunca. Así, la mano firme de Arcadia me sostuvo para mi fortuna, en esos sorpresivos arranques, aunque raros, peligrosos. Como verán, mi estilo está marcado por la elocuencia del patriarca de esa mesa. Aunque mi dueña era la que me tenía mas presente, y me incorporaba en ese estilo austero pero digno que desarrollo en su salón, era don José María el que marco en mi expresión lo que ustedes escuchan ahora. Él gustaba de instruir a sus hijos e hijas en el arte de la conversación educada, incentivándolos a expresarse de manera correcta, y dando el ejemplo con sus alocuciones. Ahora, que estoy a punto de ser fundido en un barrio de mala muerte de una ciudad del tamaño que esa distinguida familia nunca soñó con ver, recuerdo con nostalgia la delicadeza del trato en esa mesa. Es cierto que no fui testigos de sus emociones en esos momentos pivotales de sus vidas. La mesa era para otras cosas, y en otros ambientes se desenlazaban sus sentimientos, como podía notar en sus cambios infrecuentes pero importantes, o las mas de veces, quedaban sin expresar. Los romances de esos jóvenes, esos sin dudas fueron los eventos mas queridos de nuestra existencia familiar. La tensión en Natividad, al decir en la mesa que estaba siendo objeto de las atenciones de un joven. Pobrecita, como temblaba, como si estuviera confesando un crimen. Pero si no hubiera sido por ese ambiente, no hubiera tenido el animo de ser tan franca. La respuesta, aunque no fue efusiva, fue por lo menos tranquilizante, y la posterior visita del joven enamorado, todo un éxito.
Mis recuerdos de tarro viejo me llevan al roce con lo sobrenatural, que no es, repito, el que un aguamanil hable y tenga memoria. Les contaré, para su edificación. Cierta noche, el joven Julio se quedó en una larga velada de conversación con un par de amigos mas, a los que luego se unió su hermano menor Juan Alberto. Su conversación fluía de lo humano a lo divino, hasta que surgió la idea de hacer una sesión de espiritismo. Juan Alberto les dijo que había leído que los ventanas al mundo de los espiritas se abren sobre superficies lisas y brillantes. Luego de descartar el espejo de la antesala, por las graves consecuencias que hubiera tenido un accidente con él, optaron por el agua quieta en el primer objeto plateado sobre el que se posaron sus ojos, para los que mi presencia ya se había vuelto invisible después de haber perdido la magia de la niñez. Rodeado de dos velas y de sus miradas soslayadas por ojos entrecerrados en la concentración, fui el foco de esa jugarreta de juventud. Un chistoso entre ellos golpeo la mesa un par de veces, pero sin saber coordinarse son su pretendido alcance al mas allá, siendo rápidamente desenmascarado por sus camaradas y conminado a la seriedad o al ostracismo. Debo decirles, que como conocía bastante bien a Julio y Juan Alberto, y varias veces sentí sus inocentes emociones de niños, supe reconocer inmediatamente la fuerza de Julio cuando invocó el espíritu desconocido que decían rondaba en esa casa. Espíritu del que no puedo decir nada, pero sí de la fuerza con que Julio, para gran sorpresa suya, hizo que me levantara lentamente, hasta flotar un par de centímetros por sobre el mantel. Él, y todos los demas, vieron en esto una manifestación de esta alma a la que llamaban. El joven estaba plenamente inconsciente de lo que estaba haciendo. Cuando en un momento sacudió su cabeza al reaccionar con estupor por sobre su asombro, rompió la fuerza que me sostenía, y caí bruscamente sobre mis patas, salpicando el mantel. Los aspirantes a medium salieron arrancando como almas que lleva el diablo, solo escuche después de un rato cuchicheos lejanos. Al otro día la servidumbre arreglo lo mejor que pudo el daño que hizo la humedad en el mantel a la madera de la mesa.
4. A ver, este joven Ismael parece muy seguro, pero sus respuestas son excesivamente elusivas. Mis respetables colegas aquí en la comisión ya me dieron su parecer, de su manera siempre velada y justificada en exceso. El de Romano especialmente, ese con sus contactos en el Partido Liberal, sabe que su estrella está en ascenso, y nunca le viene mal (y según dice, a ninguno de nosotros) un santo en esa corte en formación. ¿Que hacer? Por su respuesta, queda claro que no leyó mas que un somero resumen de Institutiones, para que dejarlo mas claro pidiendo una elaboración de las personas jurídicas. Pero si se acercó a hablarme, no fue para congraciarse por malos artes, tiene un valor este joven, militar había sido, ¿no? En la guerra dicen que se destacó. Valiente y leal lo llaman los que estuvieron ahí. ¿De que fue que me habló? Ah sí, del Bello Gallico. Difícil justificar la relevancia de esa lectura en este contexto. Cierto, mas de una vez aquí mismo he visto a algún presidente de comisión en una actitud zalamera desviar la interrogación hacía temas de conversación triviales, cuando el candidato a hecho valer antes sus influencias; o peor aún demostrar una mal fingida severidad al llevar una conversación banal, para pagar de esa manera por algún favor o indiscreción.
¿Pero
por que iría a hacer él, el Dr. José María, eso ahora? Al notar la
actitud indulgente hacía este joven del resto de la comisión, y la
deferencia con la que se esperaba su decisión de descorrer el velo sobre
su falta de preparación, o tomar alguna otra medida poco esperada, se
sorprendió al escuchar su propia voz dar una breve introducción sobre la
posición central del derecho romano en la jurisprudencia de las
repúblicas hispánicas y enlazar así con una pregunta, bastante dirigida,
sobre el rol de Julio Cesar en el proceso de centralización
administrativa de la constitución republicana por medio de sus reformas
legales. Que le han dicho. Don José María fue gratamente sorprendido por
una lucida exposición de este proceso político de la antigüedad, que él
mismo conocía solo superficialmente. Alentado por este solido discurso,
no le costo terminar de deslizarse por la ladera de una aparente
obsecuencia, ¿amistosa? hacía esta joven promesa, no del derecho
nacional, sino mas bien de la arena política, con una invitación a
elaborar sobre los Comentarios que recién había recordado.
Al terminar el examen, Don José María recibió saludos de agradecimiento
de sus colegas, que demostraron de esa manera cuanto temían tener que
enfrentarle para defender al estudiante en cuestión. Ya había pasado
antes, en circunstancias mas escandalosas, que él había resistido con
dignidad, incluso en una ocasión obligando a un mequetrefe a obtener su
titulo de una universidad del interior. Al retirarse a su despacho, el
doctor reflexiono sobre su actuación. Mas que incomodo por haber hecho
algo incorrecto, se sentía intrigado por su casi imperceptible
transformación durante esta sesión tan afortunada para un alumno.
Recordaba que en mas de una ocasión, alumnos pálidos de temor ante su
presencia le habían agradecido haberle preguntado justo en el tema en
que se sentían mas preparados, pero ese siempre había sido por que los
juzgaba capaces, con un gran potencial a desarrollar, y que era
solamente justo favorecerlos de esa manera. No había un exceso de
abogados talentosos en el país, no era de desperdiciar esos talentos por
una exigencia de universalidad difícilmente defendible. Bueno, tampoco
era de darle tantas vueltas. Al fin y al cabo, es verdad que se estaba
poniendo viejo, y ya había notado un perdida de agudeza intelectual en
mas de alguna ocasión.5. Así pues comadrita, como le digo, la familia del doctorcito ha sido tan buenita siempre con migo, y ademas con mi familia, de verdad, ¿por que tienen que preocuparse de mi sobrino ellos, dígame usted? Claro que no son todas las familias así, si en cualquier lugar te dicen que me importa a mi lo de tu sobrino, deja de llorar ya. Pero no, claro que a veces se pasan de buenos y hay gente que se aprovecha, como ese amigo del joven Armando que viene por la casa, si yo lo he visto que se ha alzado una tabaquera de uno de los jóvenes, el no me vio, yo estaba a punto de salir de uno de los cuartos a donde había ido por que la señora me había mandado a buscar unas camas para guardar. Por suerte que no han hecho escándalo después ninguno de los jóvenes, ¿no le digo que son demasiado buenos?, si no hasta que hubiera tenido que avisar yo, y tu sabes ahí como se ponen las cosas, bien graves; no, ni idea. Pero cada vez que me acuerdo, si me dan ganas de llorar, comadrita, si de verdad le digo que aunque usted no me crea, ni una sola vez, ni el doctor ni sus hijos me han puesto una mano encima. No, si no te asustes hijita, si ya somos viejas las dos ¿para que vamos a andar con cosas? Si ya hemos pasado por harto y sabemos que todos los hombres son unos perros, y que decir de los jovencitos, son los peores ¿no ve? ¿o me vas a decir que no es así? Toditos, toditos, no hay ni uno que se salve. ¿Pero me vas a creer tu, que ni cuando llegue a la casa mas jovencita, ni entonces? Nunca se me metió uno a la cama, ni me agarraba por ahí en un cuarto, nada. Bueno, la verdad es que el joven Victor, cuando se estaba volviendo mozo, ahí estuvo un tiempo como mirándome raro, pero bueno, si es hombre también, ¿no? Eso fue en ese año que estuve enamorando con el Andrés, ¿te acuerdas de ese chico, tan bonito? ¡A la pucha que estaba enamorada! Y el maldito, solo se supo aprovechar de mi, como se hizo la burla de mi, que lo quería tanto, si no te digo, ¡que se los debería llevar el diablo a todos esos malditos, canallas, gran putas!
Ya,
no voy a estar llorando ahora, si nos vamos tan poco, vives tan lejos,
yo se que te cuesta venir hasta acá de donde tu trabajas, para que voy a
estar llorando también. Pero sabes una cosa, ahora que te estado
contando estas cosas, te voy a contar de algo que no le había contado a
nadie, pero me vas a jurar que no le vas a contar a nadie ¿ya? Por que
tu sabes después como es la gente, que van a decir que soy una vieja
chismosa, que ando inventando cosas para hacerles problemas a ellos que
han sido tan buenos conmigo, imaginate. Resulta que hace varios año
llego una chica que nunca había visto. Parecía que venía del campo, no
de acá de la ciudad, por que ninguna la conocía. Me dijo de donde era,
pero se me olvido, algún lugar. Una chiquita linda, con sus trencitas.
Tenía una cara vivísima pero no hablaba mucho con nosotras. Una alzada,
pensamos, ojala que le vaya mal por creerse de otra clase, así habíamos
dicho algunas entonces. Hacía nomas su trabajo la chica, en los cuartos.
Una vez pasé al frente del estudio del caballero y la vi así muy
sentada como una gran señora, con uno de los libros abierto. Mirando
algunos dibujos nomas, que iba a estar leyéndolo, imposible. Y la muy
descarado levanto su cabeza y me miro. ¿Tu crees que escondió el libre,
se asusto? ¡Nada! Como si la hubiera visto rascándose la cola nomas en
el cuarto de servicio. Muy calmada, cerro el libro y siguió
desempolvando nomas. así nomas, si te juro que yo la vi así, con mis
propios ojos, como te estoy viendo a ti ahora a ese burro de tu hermano
ahí que nos esta mirando. Pero eso no es todo comadrita. Espera nomas lo
que te voy a contar ahora. Resulta que una vez, la vi saliendo del
cuarto del joven Julio nada menos. El, tan buenito. Dije, esta perra,
sucia, que se habrá creído, venir a echar a perder a esta gente tan
buena, cochina de mierda. No sabes que rabia me dio, si casi le hubiera
abofeteado ahí mismo o mas tarde. Pero gracias a Dios comadrita que me
contuve y no me vas a creer, no le conté a nadie, hasta a ti ahora. No,
si se que no me vas a creer, pero no le conté a nadie nadie esa vez.
Resulta que me puse a seguir disimuladamente sus movimientos y los del
joven Julio, para avisarle después a la señora pensaba yo para mi misma,
aunque como decirle también, pero me imaginaba que la iban a echar a la
calle nomas, si no tedigo que esas cosas no pasaban en la casa. Y así
los vi mas de una vez, creo que unas dos veces nomas, ni tantas tampoco,
¿pero sabes lo que hacían esas dos veces que los vi? Estaban con un
libro, no se si sera el mismo libro con que la había visto antes, o
habrá sido otro libro. El joven Julio me miro una vez que los encontré y
yo por supuesto baje la vista nomas y seguí. No me dijo nada y que le
iba a decir yo también, ¿no ve? Si a él le gustaba leerle a las chicas
del campo, ser cosa suya, que me iba a andar metiendo yo también.
Tampoco iba a seguir espiándolos, eso si que no hubiera estado bien.
Pero quedé con sospechas, me pareció siempre que era una alzada,
imaginate, ¿y si estaba por enamorar, ella, una chica del campo, a ese
joven, tan buenito? Pero que podía yo hacer también, no podía estar
metiéndome tanto tampoco. Capaz nomas que ese era su plan, pensaba yo, y
mas me enojaba con esa diabla. Bueno pero fijate como termina mi
historia comadrita, si es bien raro nomas. Aunque como te digo no seguía
espiando, igual nomas me fijaba en lo que andaba, pero ella como si
nada, ni me miraba ni parecía enojada conmigo. Hasta que un día en la
tarde, a la hora de la siesta, la viene a buscar la señorita Carmen a la
cocina. Ella siempre ha sido un poquito rara para sus cosas, la
señorita Carmen, y era bien cercana con el joven Julio también. Entonces
viene y le se la lleva, y todos nos quedamos helados ¿será que se la
llevaba para reñirla, como algunas esperábamos que hiciera ya de una
vez? ¿o la llevaba con la señora, la había hecho llamar? Imaginate, no
podíamos mas, yo casi me moría por contar lo que había visto pero no se
como puede haber sido, que nadie mas había visto nada mas, decían pero,
tan alzada esa que se ha creído, y como que sentíamos que podía haber
problemas, pero problemas bien graves, y teníamos un miedo, sí, creo que
eso era, como un miedo que le teníamos, como si de verdad fuera una
diabla, ay Diosito santo, si ahora que te cuento como que me quiero
acordar de eso que estábamos sintiendo. Y bueno, tampoco no íbamos a
aguantar, así que despertamos al chiquito de la cocinera y lo mandamos a
mirar, pero le enseñamos bien que tenía que caminar mirando el suelo
haciendo que se había perdido una pepita de cristal que su mamá le había
regalado para los últimos reyes. así lo vimos salir, y ahí ya estábamos
todos, su mamá se pone a llorar, diciendo que si esa bruja le enferma a
su hijito, ella se iba a querer morir, como que mandar a su único hijo,
y mas encima su hombrecito, así. Y le decíamos que no, que que podía
ser tan peligroso, si el ya había ido antes así a chismorrear por
nosotros, que le iba a pasar, si la señorita Carmen era buenita nomas,
nunca le haría nada a nadie, menos a una criatura. Bueno, después de una
rato, que por lo que lloraba esta pareció mas largo yo creo, volvió el
chiquito, sanito nomas, no estaba ni asustado ni tuvo ningún susto
tampoco después como había dicho su mamá, nos dice que la había visto a
la chica con la señorita Carmen paradas, hablando paradas en un lado del
patio, y que tenía su mano sobre la de la señorita Carmen ¿Como? ¿Se
estaban tomando de la mano? Ahí si que se nos iba el alma del cuerpo con
esa historia. No, dijo el chiquito, no se estaban tomando de la mano
como amigas, era un poco raro dijo, tenía así su mano sobre la otra,
como encimita, con la palma abierta, así, como te estoy mostrando, ella
su palma hacia abajo y la señorita Carmen su palma hacía arriba, abierta
así también, y parecía que estaban hablando y como que se movían un
poco, así como meciéndose un poquito, raro dijo el chiquito, pero sin
miedo, bien valiente el chiquito, por que yo si que me desmayo si veo
algo así. Dice que no lo vieron, y yo le creo creo, por que era bien
pillo ese chico, si hasta fue al colegio unos años después, y se fue,
que habrá sido de él, voy a preguntar después. Bueno, y eso fue, ¿que te
parece? La señorita Carmen, como si nada después, claro que ella
siempre fue así bien corazón de vaca, no decía mucho de nada, excepto
con su sobrina esa que nació después, la Eulogita, ¿te acuerdas de ella?
Después te cuento de ella, ese otro cuento, pero ya te estoy
aburriendo, ¿no? Pero dejame terminar de contarte, de esa chiquilla que
ni me acuerdo como se llamaba, Encarnación creo que se llamaba, sí, eso
era, ¿o no era? Bueno, duro como dos semanas mas. Ni cuatro meses debe
haber estado en total. Era raro que duraran poco en esa casa, como eran
tan buenos, y la señora sabía eligir bien a la gente, si hasta una
negrita trajo de donde su prima, tan linda esa negrita me acuerdo, la
queríamos todos tanto. Pero esta chica rara, si así te digo, un día
domingo no volvió de misa, ni estaban sus pocas cosas. La señora dijo
que había tenido que irse y como que no quería hablar del tema, tampoco
parecía triste, como para pensar que había pasado algo grave, aunque
ella no nos iba a estar contando cada cosita, la conocíamos ya bien, y
sabíamos siempre cuando algo le preocupaba.
6. Me confieso padre que he pecado. Cuando fue la última vez que te confesaste hijo. La Pascua pasada padre. Tan metódico este doctorcito. Bueno, mejor que esos aburridos que se inventan pecados para venir cada día, o hacen cada día las mismas cochinadas para arrepentirse. Bueno, hace tiempo que no me tocaba él tampoco. Confiesa lo de todos los hombre, como siempre, pensamientos impuros, dice. Ojala fueran solo pensamientos. Le pregunto como siempre, por lo de siempre, ¿has yacido en adulterio? ¿Con una mujer? No ¿Con un hombre? No, pero no se asusta. Bueno, que va a saber uno de lo que alguien ha hecho antes de su última confesión. Y claro, ¿animales? No ¿El vicio solitario? Sí padre. ¿Cuantas veces? ahí lo piensa. Hijo mio, estás protegido por un sacramento. Tres veces padre. Lo dice, seguro, suena sincero. Quizás estaba contando nomas. En quien pensabas hijo. Lo piensa, con vergüenza esta vez. Es una imagen padre. Esta basura de literatura pornográfica que ha invadido este pequeño rincón de la cristiandad, otra invención del demonio, esos daguerrotipos, ya lo decía el señor obispo. No padre, es solo una ilustración de una alegoría de la justicia. Tiene un pecho desnudo y una toga que se le ciñe a su cuerpo juvenil. Cuidado hijo, no vayas a salirte del estado de contricción, recordando de esa manera tu lascivia. Que carajo este, si parece un chiquito, mirando grabados obscenos a escondidas. ¿Seguro que nada más hijo? Tan joven este doctorcito, ya con hijitos, y tan aburrida su confesión. Bueno, he tenido dudas. ¿Como es eso? He pensado mucho sobre algunas de las verdades de nuestra santa religión. ¿No has ido a alguna reunión de librepensadores? ¿Se refiere a la francmasonería padre? Silencio, porque es obvio, si todos saben que este carajo es de simpatías liberales. No padre, me han invitado, he conversado solo con individuos, pero no he accedido a ser iniciado en sus ritos. Deberías evitar esas asociaciones impías, hijo, un hombre como tú, distinguido, que diría tu abuelo, que Dios tenga en su gloria. No es eso padre, son cosas que se me ocurren, usted sabe, mis estudios ya no se pueden circunscribir solo a la escolástica, el trivium y las partidas. La filosofía del derecho es importante y está en desarrollo. Ya hijo, no estás en un debate de académico descreídos, tu lo sabes bien, estás ante un ministro de Dios. No es nada que haya leído últimamente, ni en particular, Padre, pero he pensado en los problemas de la salvación y la predestinación, por mencionar algunos. Hijo mio, ¿no estarás coqueteando con la herejía luterana? Debes decirme, fuera del secreto de confesión si se te ha acercado algún propagador extranjero de esas condenadas doctrinas, es tu deber de cristiano defender la religión, si no lo haces estás en un pecado mortal gravísimo. Padre, cálmese, no es nada de eso, ni he leído nada prohibido. Han sido ideas mías nomas. No hijo, no han sido tuyas, han sido del mismísimo demonio, que siempre acecha a los cristianos para hacerles caer en sus garras. Padre, ¿si no hubiera bautizada a tiempo a mi Raquelita, hubiera caído al infierno? Al Limbo hijo, y este no es el momento para enseñarte las verdades que un hombre de tu categoría bien conoce, si no escuchar tu confesión. Sí Padre. También he dudado de la resurrección de la carne. ¡Hijo mio! ¡Virgen María santísima, madre nuestra, socorrenos! ¿Pero como ha sido posible eso? Padre, el cielo material es solo espacio, estamos en un planeta que da vueltas alrededor del astro que llamamos Sol. Hijo mio, nada de eso importa. ¿Pero donde está Dios resucitado? ¿Como que donde está? ¡A la diestra de Dios Padre Todopoderoso! Padre, por favor, no levante tanto la voz. Mas debería levantarla, en otros tiempos estarías respondiendo ante una corte de investigación por estas cosas. Padre, por favor, que cosas dice, recuerde que soy solo un humilde pecador rogando su absolución. Este doctorcito si que sabe hablar, me logro hacer calmar, casi me desbautiza con esas cosas, estos librepensadores del carajo, nos van a llevar a todo el país al mismísimo infierno. Hijo mio, le digo ya mas en mis cabales, por supuesto que no se me olvida mi misión, ni a ti se te debería olvidar tu posición. Si de verdad eres un humilde pecador A-RRE-PEN-TI-DO, no deberías siquiera empezar a desarrollar esas blasfemias en esta casa de Dios. ¿Que importa lo que diga la ciencia de este siglo de perdición? Tu debes pensar en tu alma inmortal ante todo, y tus hijos, pobres criaturas inocentes. Sí Padre. ¿Le has hablado a alguien mas de esto? No Padre. Mas te vale. No seguiré entonces explicándote mas, hijo mio. Dime, ¿estás sinceramente arrepentido, humilde ante Dios, por haber abrigado esos pensamientos? Sí Padre. ¿Tienes el firme propósito de no acercarte a la contaminación con las ideas de los librepensadores y francmasones a tu alrededor? Sí Padre. ¿Evitaras la lectura de sus ideas? Sí Padre. Y una cosa mas hijo mio, por lo que mas quieras, por tus hijos, que bautizaste en esta iglesia, ven a confesarte mas seguido, no pongas en riesgo tu alma. Si Padre, eso haré. Entonces dominus noster Jesus Christus te absolvat; et ego auctoritate ipsius te absolvo ab omni vinculo excommunicationis et interdicti in quantum possum et tu indiges. Deinde, ego te absolvo a peccatis tuis in nomine Patris, et Filii, et Spiritus Sancti. Amen. Ve hijo mio, y no peques mas. Gracias padre. Por Dios, aburrido no ha sido, pero que manera de hacerme renegar este doctorcito. Tengo que acordarme de hablar con el señor obispo, no podemos ser complacientes, estamos en una verdadera guerra y a veces me parece que pecamos de exceso de confianza, por la mansedumbre de nuestra grey y por la rectitud de nuestros gobernantes. ¿Que sería de nosotros, si alguna vez llegan todos a leer las ideas de estos secuaces del demonio? Dios nos guarde.
7. Vamos Armando, si ya eres todo un hombre. ¿Como te vas ir a tu casa, apollerado? Así me decían mis amigos y la verdad es que solo quería hacerme convencer. Pero claro, mis hermanos, vamos, vamos, que la vida es corta, mas aún la juventud. ¿Como no vamos a celebrar, sí hemos vencido, las fuerzas de la ilustración, del nuevo siglo, del progreso que sacara a este pueblo de la oscuridad, del retraso, y nos llevará a un futuro de orden y progreso? Que vencido, pienso yo, si Jorge tenía la elección ganada, se la había comprado su padre desde ya. Por lo menos el candidato opositor no fue preso, que es mas de lo que permitían los conservadores. Pero ni modo, si son mis hermanos, mis compañeros de tantas noches, y está noche uno de nosotros entra al congreso nacional, no es poca cosa, aunque mi padre lo llame una cueva de ladrones, no debería ser tan liviano al condenar a Jorge, si yo lo conozco y se que es un buen tipo, de verdad comprometido con llevar adelante las reformas que nuestro país necesita. Nos vamos entonces, bulliciosos como chiquillos, a celebrar. Que verguenza, reconocer que no tengo la resistencia de ellos para beber, yo que soy veterano de la guerra. Si por algo estoy vivo, es por la disciplina del comandante y su ley seca, que difícilmente pueden entender ellos. Trato de hacer durar mi bebida, pero ellos no son nada de tontos, y de salud en salud, me obligan hasta que ya saben que si me paro, me tambaleo. Empiezo a entusiasmarme, ¿no es esa la idea? Y a proponer yo mismo otro brindis mas. Por la libertad, la hermosa dama de gorro frigio, ilumina nuestro camino con la antorcha de la razón. Mis amigos aplauden furiosos mi elocuencia, lubricada por el alcohol. Jorge me mira con envidia. Claro, si él a duras penas hilaba un par de burradas. Me levanto a abrazarlo, y siento como que hubieran volteado el piso bajo mis pies. Caigo como un saco sobre él. Las risotadas nos llevan a todos fuera de las sospechas y resquemores. Es tarde cuando salimos, y dos amigos me sostienen. Protesto que puedo caminar, pero imposible seguir una linea recta, me tengo que por lo menos tomar del brazo. Para que están los amigos, digo. Parece que en voz alta, por que ya estamos gritando nuestra amistad. Hasta la muerte, en las barricadas de la libertad, como los héroes de la vuelta, no mejor de la Comuna. Pum, pum, parapetados tras una barricada imaginaría, en este París del sur que inventamos, luchamos a muerte contra las fuerzas del oscurantismo, listos para regar con nuestra sangre el árbol de la libertad. Yo, que en la guerra que tanto me celebran, nunca vi de cerca una bala, por encargo de mi padre, aunque el lo niegue. En la risible “retaguardia”, ahí donde no había frente, avancé en mis lecturas, convaleciendo y viendo morir a los enfermos. ¿Para que despertarlos de esa fantasía, o de cualquier otra? ¿Que importa que nunca se hayan enterado de Blanqui, ni leido a Marx o Proudhon, si yo tampoco soy el veterano que ellos creen? Son mis hermanos, mis camaradas de toda una vida, nos abrazamos, rodando por los adoquines, llorando de tanto amor que nos tenemos. Debo haber perdido la conciencia, porque cuando despierto parece que ya había despertado, por que voy caminando con ellos por otro barrio marginal. Reconozco la entrada de un lenocinio. Así como fue fácil hacerme tomar, les es imposible hacerme entrar. Ya conocía el lugar, de la despedida antes de partir a la guerra, pero mi experiencia había sido mas bien desagradable, y esta vez no me dejo convencer ni manipular. Me dicen de todo, maricón, te crees otra clase, todo tipo de brutalidades, quienes iban a morir junto a mi hace solo unos momentos. Recuerdos las pocas noches de lujuria tropical que me permitio mi mal en esa guerra de retaguardia. Me retiro indignado, me siguen, rogando, no hermanito, no te enojes con nosotros, si somos hermanos, de una misma sangre. Tengo que ir a casa, tu sabes como es mi padre de severo. Pero hermano, si es esta noche, la del triunfo. Algo ha roto el hechizo, pero no el mareo. Caigo de rodillas, llorando, no se de que, ni me acuerdo de cual de ellos eran las rodillas. Eso los conmueve. Les digo que quiero ir a casa y dos de ellos me llevan. A mitad de camino, nos detenemos a fumar y un poco mas en mis cabales, les confieso mi amor, hasta ese momento mantenido secreto, por Lucila. Pero como no nos habías contado, si te hubiéramos ayudado a conquistarla, con mis serenatas, no se hubiera resistido. Con o sin serenatas, se casó, no me espero, ni había dicho que me iba a esperar tampoco. Les digo que aunque me digan cojudo, mi corazón tiene dueño Y bien cojudo, dice uno. ¿Como te vas a quedar así, cagado por un mujer, hermano? así es nomas, es el amor, y empiezo a recitar mi verso, pseudo-modernista
Lamento de la noche tropical
con mi alma saliendo de esta piel
castigada por natura y por la cruel
saeta del verdugo angelical
Me niegas tu favor y así
mi corazón fue victima inocente,
mi espíritu de fuerza endeble
del embate que no pude resistir
Amada indiferente como el destino
como la bala que a mi hermano segó
me llevas por caminos del horror
y en esta noche eres mi unico abrigo
Hermano, me tienes que prestar ese versito, eso es justo lo que necesito para conquistar a mi Trinidad. Cual Cyrano, le prometo esas lineas para su beneficio, pensando justamente en lo mucho que deseo a esa jovencita para mi. Le recuerdo que el no ha estado en los parajes que hace alusión el poema, pero poco le importa, con el entusiasmo de la farra. Cuando boto la cola de mi cigarro, me viene un repentino malestar que me desploma, vomito en el empedrado. Mis amigos me levantan, les digo que no, que me dejen abajo, vuelvo a vomitar, me dejan un buen rato, quejándose de mi falta de resistencia al alcohol. Yo pienso, fueron los versos, que mas. Ligeramente recuperado, me ayudan a ponerme de pie y caminamos sin mayor sobresalto a la casa paterna. Entro a hurtadillas por la puerta de servicio, pero la luz de la alcoba paterna me anuncia los lamentos que tendré que soportar al otro día, entre los dolores de cabeza.
8. ¿Pero que es la conciencia? Pregunta inquisitivo y perspicaz como siempre mi querido hermano Julio. Apenas sabemos de la conformación del cerebro con la nueva teoría neuronal, es todo tan reciente, esas preguntas quedaran para nuestros nietos me temo. ¿Y por qué el cerebro? ¿Y el corazón? Dice el polemista. ¿El corazón como asiento de la conciencia? Pero dejemos atrás a Aristóteles, si tenemos a Ramón y Cajal. Como nos llena de orgullo decir su nombre ¿no? Aunque es irónico por lo menos que Armando haya podido encontrar solo la traducción francesa en su viaje. ¿Es una traición acaso a la madre patria, leer al mas grande de España en esa lengua galante? Eso no lo pienso en voz alta, podría herir a mi hermano, tan sensible y volátil. El corazón es una mera bomba, no hay ningún indicio de otra función. ¿Que mas indicio necesitas, que el salto que dio la primera vez que viste a Laurita, si me permite el atrevimiento, querida cuñada? Se ruboriza y nuestra madre riñe cariñosamente al chancero de Armando. Claro que me río, es tan agradable estar de vuelta aquí con mis padres y hermanos, es como que no me hubiera ido, como que el tiempo hubiera quedado detenido, y estos pasillos y cuartos en una suspensión, esperando mi regreso. Mis padres, en ellos sí se nota el paso del tiempo. Se les nota cuan poca energía les queda. Sin embargo, mi padre, incisivo como siempre, no suelta la guía. ¿Puedes responderle a tu hermano? Es un interesante punto. El amor y otros sentimientos sublimes los prefiero dejar a cargo del espíritu, ¿que puede decir la ciencia de esas realidades? No es que me haya vuelto materialista ni positivista durante mi estadía, ni mucho menos. Mas bien, sabios maestros me enseñaron a reconocer las limitaciones de la ciencia, y nosotros que debemos lidiar con los misterios de la vida y la muerte en el cuerpo de nuestro prójimo, aprendemos eso rápidamente. Pero Alberto, ¿entonces que es el sobresalto del corazón? No puede ser solo una metáfora ni una casualidad. Mira, si realmente te interesa el tema, me atrevería a guiarte a los escrito de polémico Darwin, que según parece propone un argumento evolucionista para el comportamiento humano. Muchas de nuestras reacciones instintivas provendrían de la adaptación de nuestra naturaleza animal en la lucha por la sobrevivencia. ¡Pero ahí si que te pasas Alberto! ¿Estas comparando a tu bella esposa con el animal feroz que acechó a nuestros antepasados? ¿Darwin? Disculpen, soy solo una ignorante madre de familia, ¿pero ese caballero no esta condenado por la religión? La verdad, querida hermana, lamento decirte que a estas alturas del siglo veinte, ya hay consenso en la comunidad científica sobre la validez de las teorías evolutivas. Sin embargo, hay alternativas, llamadas teistas, que esperaría puedan validar la evolución ante la iglesia. Estamos aburriendo a las damas, ¿por que no seguimos en el estudio esta discusión tan interesante? Estupendo, y me harán el honor de catar el cognac que traje por favor, espero que sea digno de tu recepción. Mientras me someto al implacable interrogatorio de Julio y al humor de Armando, entra Carmen con unas masitas dulces. Estoy a punto de reventar, la verdad había perdido la costumbre de estas cenas criollas. Se que ella quisiera entrar a discutir, pero es tan recatada con sus conocimientos y su fina percepción. No le ha ayudado mucho su matrimonio con ese caballero, hombre mas bien de efecto narcótico. Afortunadamente nos privó de su compañía y prefiero dormir la siesta, si no su solo semblante soporífero hubiera mitigado los ánimos de esta velada. De a poco, a medida que vagamos por senderos azarosos del conocimiento humano, Carmen como siempre, me da su parecer veladamente sobrenatural. Ya la conozco bien, esa débil patina de religiosidad esconde creencias herméticas que no hace públicas por delicadeza con nuestros padres, me imagino, porque no tengo mas fundamento que suposiciones sobre el tema. Laura demostró interés por ella cuando le hable de mis sospechas, pero le advertí que era como abrir una ostra si quería entrar por medios convencionales. Dice tener otros medios, con sonrisa traviesa. Justamente viene eso a mi mente y le sugiero a mi hermana conversar con ella. No responde, pero parece considerar meritoria la idea.
9. Amado esposo, esto no te lo escribo, ni menos te digo. Sufro en silencio, como toda mujer, sin siquiera la voz para expresarme. Después de haberte dado todos esos hijos hermosos, varones fuertes y sanos, niñas de buen carácter, tu me lo pagas así. Tomaste mis mejores años, mi inocencia guardada por mi familia para ti. Me hiciste creer que eras bueno de verdad, dedicado a tus estudios y a tu trabajo mas que a los vicios de tantos hombres. Y ahora, me encuentro con todas esas señales, de que a tu edad, te dejas encandilar por una jovencita. Nadie me lo ha dicho, pero no hace falta, bastante ya he sabido de como se porta un hombre en esa situación. Las llegadas tarde siempre el mismo día de la semana. La cara de vergüenza, las evasivas. La perdida de apetito, como un chicuelo enamorado. Por lo menos has tenido la decencia de no ser visto. Mira que creer que un viejo achacoso como tu va a enamorar a una jovencita. Esos suspiros no pueden ser otra cosa, bien lo sabe mi corazón. No sería nada que hubieras cambiado y buscaras satisfacer tus necesidades de hombre con una meretriz de vez en cuando, si ya estoy vieja y puedo entender que ya no te produzca lo mismo que en mi juventud. Lo que me decepciona de ti es que hayas caído tan redondito en lo que yo se que es una trampa peligrosa. Si mira como andas, siempre habías sido alejado de los asuntos prácticos, pero estos meses has estado como en las nubes. Al dormir veo tus ojos abiertos, y no me atrevo a preguntarte que es lo que te preocupa. Es muy distinto que cuando desesperabas de haber entrado al congreso o cuando te hacían renegar los de la corte. Ahora no estás enojado, estás extrañando a esa ramera aprovechadora. Quien sabe de adonde sacarás la plata para darle, por que así nomas tiene que ser, de que otra manera, ¿ah? Algún amigo te habrá llevado por ese mal camino. Sospecho mucho de mi yerno, ese meca, algo raro siempre se trae. Mira, tenemos a todos nuestros hijos y nietos cerca, sanitos, menos por nuestro angelito Raquel, y tu no puedes conformarte con ser un tierno abuelo. El meca va a su viaje a los Estados Unidos nada menos, como gran señor, claro, como no tiene hijos, tiene un cerro de plata para gastar. Y vuelve a ver a su mujer, nuestra hija, esa santa, que lo espera como una prisionera. Algo raro le he visto siempre, y yo se que el es culpable de tu cambio. Solo espero que no dure mucho, este sufrimiento de verte en un estado indigno de ti, a quien tanto había admirado toda mi vida. Paciencia, Dios santo, ayuda a esta pobre mujer a soportar su cruz, o llévame contigo para que este viejo maldito no me haga sufrir mas.
10. Ay pero que suerte por el dios, nadie me ha corrido de esta esquinita, esta muy buena para pedir, por el amor de dios, hay que pedir, por la comida que no tengo, por la bebida que no me deja vivir, oiga caballero, por el amor de dios, deme una monedita, un pedacito de pan, que pan mierda, dame una moneda, y ya me estas molestando denuevo, andate, carajo mierda, andate, o quieres que te mate denuevo, infeliz, no ves como me tienes arruinado, que miren nomas todos como te hablo, para que me vienes a molestar entonces, ya mucho daño me has hecho, ni me dejas tomar, ni pedir dinero, me sigues en la calle carajo mierda, sale demonio, sale, andate, ya, ya, gracias diosito, te fuiste maldito, ahora por el amor de dios, lloro lloro, waa waa, de ese mejor me corro, la otra vez me corrió con su bastón, fuerte me había golpeado, malo malo es, a este pobre miserable, por que me pega la gente, si yo no le hecho nada a nadie, solo a ese maldito que me traicionó, maldito no vuelvas mas, te maté te maté, te abrí el pecho a machetazos, y no estaba ella ahí, no estaba en tu corazón, maldito ladrón, por que me la quitaste, mira como me dejaste, arruinado, en la calle, botado como un perro, yo que era un mozo trabajador, sí tenía de todo, todo lo perdí por tu culpa maldito, waa waa, por favor por favor, ya tengo estas moneditas, para un traguito mas me alcanza, ahí si que se llegar, ahí si que camino a buen paso, para llegar al maldito frasco, ya voy llegando voy llegando, aaa, que rica mi borrachera, pero que poco me dura, tan poco me dura, que ya tengo que ir a pedir de nuevo, ahora cuesta mucho mas caminar, apenas, pero me siento bien hoy, ya me dejaste de molestar, ojala nunca mas vuelvas, y ahora mas encima vienes tu mi amor, pero si no estás muerta, igual, eres tan buenita que vienes a acompañar a este pobre miserable, a decirme cosas bonitas, que lindo caminar así, voy caminando feliz, pero me tengo que poner triste, si no no me dan mas platita, tenga piedad de mi, a ese caballero le voy a pedir, si es bueno, me dio plata, me había dado una vez, le pongo mi mejor cara de miserable, caballero caballero, tenga piedad de este miserable, bah, por que mi mira con esa cara este caballero, no sera que se ha puesto malo y me va a pegar con su bastón, caballero, lo que pasa es que es muy temprano, ¿no ve? todavía no es el momento, todavía no es el tiempo mi caballero, tiene que esperar un tiempo todavía, no se apure, no se puede apurar el tiempo, pero falta poquito poquito, pero si no me dio plata, por lo menos no me pego tampoco, solo me miraba, como que me conociera, bueno, ni modo, hay que seguir pidiendo nomas, ya me esta faltando otro traguito mas.
11. Abuelito, ¿puedo jugar con los platitos? ¡Que bueno! Voy a tener tanto rato para jugar con los platitos. Son tan bonitos. Este es verde, este es rojo, este es como verde con rojo. El verde se lo damos a la mamá, el rojo se lo damos al papá, y el que tiene verde con rojo se lo damos a la guagüita. No, a la guagüita no le guste. No llore, no llore, ya, le damos el verde a la guagüita, para que no llore. ¿Le gusta? Que bueno, linda guagüita. Oiga señora Laura, pero que linda es nuestra guagüita, ¿no cierto? Sí don Alberto, es la guagüita mas linda del mundo, pero se la trajimos al abuelito y la abuelita para que la conozcan, que lindos ojazos tiene. Abuelito, ¿que estás leyendo? Un libro muy bónito Elianita. ¿De que se trata? ¿Es un cuentito? Sí, es como un cuentito. ¿De que se trata? ¿Me lo puedes contar? Hijita, no moleste al abuelito, que está leyendo. No hijita, ven que te voy a contar. Se trata de un papá que tenía muchos hijitos. ¿Y la mamá? Ahí estaba también la mamá, cuidaba a todas sus criaturillas. Ah. ¿Y que hacían los niñitos? Primero hacían los que el papá les había mandado avisar. ¿Y por que les mandaba avisar? Por que el papá no estaba, se había ido a prepararles una casa muy linda. Ah. Pero los hijos a veces se iban olvidando de los que les había mandado el papá. ¿Y se enojaba el papá? El papá era muy bueno, y en vez de enojarse y ponerse malo, les mandaba avisar denuevo, pero le daba mucha pena por que sabía que sus hijitos iban a estar mal por no hacerle caso. Ah. Es por eso que tu, Elianita, una niñita tan bonita, tienes qe hacerle caso a tu papá y a tu mamá. Sí abuelito. Hijita, para donde vas, no te puedes ir, tienes que recoger todos esos platitos con que estuviste jugando, ¿a ver? Bien, esa es mi niña. Ya, portate bien, anda donde la mamá. Uy, están todos durmiendo ya. Que bueno que no me hicieron dormir. Voy a ir a ver el segundo piso, y si sigo hasta el tercero, ¿que habrá ahí? ¿Y si abro esta puerta? ¿Y si está durmiendo ahí en ese cuarto esos señores tan feos que vi? ¿Y si se enojan por que los desperté y son malos? ¡Que miedo! Quiero a mi mamá. ¿Pero donde está mi mamá? No me voy a poner a llorar ahora. ¿Y si ella también me está buscando? Pero no hay que gritar aquí, adentro de la casa. Mejor no voy a abrir ninguna de esas puerta, puede haber alguna cosa fea adentro, que miedo. Mejor voy a bajar, despacito, por la escalera, para que no se despierte mi mamá ni mi papá. ¡Pero si no es mi hijita, la Fernandita! Fernandita, que hace usted aquí, tan solita, venga conmigo, con su mamá. ¿Donde te había dejado? Te dije que te quedaras ahí, mira como estás toda sucia. A ver, vamos a tener que lavarle toda esta su ropa, Fernandita. A ver, vamos a buscar a la mamá, vamos a ver a la guagüita, ¿ya? Si te portas bien, te llevo con los abuelitos, el abuelito te va a contar un cuento, ¿ya? Ay, hija mía, Eliana, ¿No estabas con los abuelos? ¿Y donde encontraste a la Fernanda? Mira Alberto, tu hija anda dando vueltas, te dije que tenía que dormir la siesta, no ves que después anda con sueño y mañosa demás. Ven hijita ¿Como estaban los abuelos? Bien papi. Laura, anda a buscar a la Matilda, ya durmió bastante. Mami, cuentame tú un cuento. Hijita, a la noche, para que te duermas, ¿ya? Mami, después se te olvida. No hijita, no se me va a olvidar. Matilda, llevese a niña por favor. Matilda, ¿por que el abuelito esta tan arrugado? Porque es viejito, niña. ¿Y por qué es tan viejito? Porque ha vivido muchos años niña. ¿Muchos años? Sí, muchos años. ¿Cuantos años? No se, muuchos muuchos años. Mira, ¿ves ese arbol? Sí, ¿Cuantas hojas tiene? Muchas. así de años tiene tu abuelito. ¿Tantos años? Bueno, quizás no tantos, pero así de muchos muuchos años tiene. Aaaah. Le voy a preguntar al abuelito por este árbol. Preguntale si se acuerda de cuando este arbol era chiquito, como tú. ¿Como yo? Sí, este árbol era chiquito como tú. ¿Y como la guagüita? Si, tambien como tu hermanito, era chiquito. ¿Y tanto crece? Sí, son muchos años para que crezca. ¿Y el abuelo? Que pasa con el abuelo. ¿Tambien crece? Te estás riendo, mi niña. Tu sabes que la gente no crece para arriba como un árbol. Crecen de otra manera. Sí Matilda, era broma. ¿Matilde? ¿Si mi niña? ¿Podemos ver los gatitos de la cocina? No mi niña, la mamá gata se enoja si le vamos a ver sus gatitos. Y a la guagüita. ¿Quieres ver a tu hermanito? asíente con la cabeza. Vamos a ver como está, a ver. Entramos a la casa. Espera aquí, voy a ver. No, tu hermanito esta ocupado con tu mamá. ¿Ocupado? Sí niña, están ocupados, ¿vamos a tomar un tecito? Ya. Pero vamos afuera, en la silla donde estabamos viendo ese árbol , ahí nos vamos a tomar un rico tecito, con unos pastelitos que hice. Podemos llevar a la Fernanda también. ¿Será que la niña Fernanda quiere tecito con pasteles? A ver, y si le preguntas tú, quizás va a querer. Me gusta venir donde el abuelo Matilde. Que bueno mi niña. En la casa no hay arboles. Los de la calle nomas. Sí mi niña, por eso venimos. ¿Cuando vamos a tener árboles nosotros? No se mi niña, quizás tu papa después los va a llevar a una casa grande, como la del abuelo, con arboles y todo. Me gustaría eso. Mientras tanto pueden venir donde el abuelo. Ya, señora, ¡que lindos los pastelitos que me trajo! Gracias, si son cualquier cosa, va a disculpar usted, los hice así nomas, apurada, es que usted sabe, los niños, tantas cosa. Noo, si están exquisitos, mmm, que cosa mas rica. ¿Se sirve una tacita de té? Pero no quiero molestarla. Pero por favor, si no es ninguna molestia. Pase usted, sirvase, aquí, mire, este té es muy bueno, lo compré en la tienda donde lo traen directamente desde París, el mejor té del mundo. Mmm, pero que cosa mas rica señora, su té.
12. Ilustrísimo Señor, le agradezco que me reciba usted, me pareció que la gravedad del asunto ameritaba quitarle algo de su valioso tiempo para tratar el tema en persona. Por favor, doctor, este humilde pastor de almas siempre está disponible para recibirlo. Iré directo al grano, monseñor, usted me escribió sobre el amancebamiento de mi hijo Victor. Exactamente, y me parece que usted tiene perfectamente claro la gravedad que reviste el asunto. Monseñor, por eso he venido, a decirle que estoy imposibilitado de hacer lo que usted me pide. Pero doctor, ¿acaso no ve usted el escándalo al que se expone? Tener un hijo natural, bueno, eso le pasa a cualquier hombre, es perfectamente expiable por nuestra Santa Madre, ¿pero el concubinato contumaz al que está empecinado su hijo? ¿Y en una distinguida familia como la suya? ¿Que queda para los ordenes inferiores de nuestra sociedad entonces? Su Ilustrisima, por favor, le ruego tenga la indulgencia de escuchar mis descargos. Adelante doctor, soy todo oídos. Mi hijo Victor especialmente, y debo decir que en cierta medida comparto su sufrimiento, está ante un dilema que ha tomado largas deliberaciones y consultas para resolver de la mejor manera posible. Usted sabe que él, mi señora esposa conmigo, y todos mis hijos e hijas, hemos tomado siempre con gran responsabilidad los deberes paternos y filiales. Nunca nos ha parecido a la altura de esa gravísima responsabilidad las soluciones putativas como internados o tutores permanentes, salvo impossibilium nulla obligatio est, por favor, le ruego su Ilutrisima, permítame. Como le decía, la formación de esta criatura, nacida de una intemperancia que no pretendo justificar, inocente como es, nos pareció mas importante que la condición de la dama, que usted sabe también es otra victima inocente de desgraciadas circunstancias. Mi hijo, usted lo conoce bien, ha tenido antes de este desgraciado lance, una conducta intachable, y al buscar juntos una salida satisfactoria, se ha puesto completamente bajo mi férula como protector de las buenas costumbre de nuestro hogar. Tengo la completa certeza de que mientras yo esté con ellos dos bajo el mismo techo, van a comportarse con el control que les corresponde como penitentes. Su Ilustrisima, considere usted, le ruego, la diferencia entre las apariencias y la sujeción a las normas morales. ¿Que me recomienda usted, desde su posición como pastor de almas? ¿Cual es el imperativo de su ministerio? Doctor, no es solo eso. Dígame, Su Ilustrisima. La dama en cuestión, su procedencia. Su Ilustrisima, su familia, aunque en desgracia, no es de baja raléa, ¿a que se refiere usted? Por favor, si es por rumores, nadie estaría a salvo. Doctor, no estoy en libertad de extenderme mas sobre los particulares, pero le seré completamente franco. Al escucharle hablar, me doy cuenta que en este siglo en que la razón humilla a la piedad, no puedo tratar de imponerme a usted. No por favor, ahórrese sus protestas, y ahora escúcheme usted. Si yo lo respaldo a usted, desde mi posición de obispo de esta diócesis, puedo confiar en usted, en su palabra, de servir a la defensa de la religión, lo que es mas, en la defensa de la salvación de nuestras almas por toda la eternidad. Doctor, su alma esta en juego en un asunto que como le digo, no puedo darle mas particulares. Su Ilustrisima, me intriga de sobremanera. ¿Me esta pidiendo usted que espíe a la madre de mi nieta, como si fuera una delincuente? El Obispo me mira con suspicacia. Precisamente, ¿que debería buscar? Detalles en apariencia inocente. Sus amistades, conversaciones, sus actividades en general. Una vez al año, en esta fecha, le pido que venga a hablar conmigo o con mi sucesor, para darnos esos detalles. Despreocúpese, que no sospechamos de indiscreciones de índole carnal, nada que ofenda su pudor no el de su familia. Su Ilustrisima, me deja sin palabras. Doctor, creame que eso no es menester fácil, y ambos reímos, diluyendo la tensión en la sala.
13. Hija, anoche tuve un sueño. Soñé que estábamos viajando por un paraje montañoso, parecido a estos que nos rodean, pero no era ningún lugar conocido. Ibamos con Julio caminando, con una mujer desconocida. Íbamos subiendo una ladera, que se iba poniendo cada vez mas escarpada, hasta que íbamos escalando por una pared con una estrecha escalera de piedra. Al llegar arriba cambia el paisaje, estamos ante una llanura ahora, con una suave elevación donde hay un asentamiento de casas blancas. No eran casas de campesinos, ni de campo, nada que haya visto. Al centro de las casas, en un espacio despejado, había una construcción mayor, de un carácter aun mas extraño, pero muy hermoso, como una especie de cúpula, pero no era exactamente eso. Queríamos llegar a ese lugar, pero en nuestro camino se cruzaba un pequeño cause de agua. Por algún motivo no podíamos mojarnos para cruzarnos. Tu hermano empieza buscar piedras, las recoge y las lleva a un lugar en particular donde empieza a tirarlas para formar un puente. Cuando empieza a tratar de cruzarlo, casi pierde el equilibrio, mueve los brazos, no logra hacerlo, y vuelve a duras penas. Ahora que lo veo, no tiene mucho sentido, pero así fue. La dama que nos acompañaba, que hasta entonces no había hablado, nos dice que ella nos puede ayudar a cruzar, pero tenemos que confiar en ella. Tu hermano se acerca a ella, y como que estuvieran de acuerdo, salta en sus espaldas, donde ella lo carga, cruzando el cause por una parte mas baja, mojándose solo hasta debajo de la rodilla. Al llegar al otro lado, se va caminando rió abajo. Yo la sigo, para ver como voy a hacer para cruzar. Al bajar un poco mas, ya no se ve el poblado, y la mujer esta se ha transformado en Bolivar. Me hace un gesto de que cruce, yo me interno al agua y en la mitad se pone mucho mas hondo de lo que parecía. La corriente me empieza a llevar y sin poder resistirme, me arrastra y me hunde. En vez de desesperarme, me hundo con tranquilidad. Aunque se que me estoy ahogando, no me desespero, como que hubiera perdido la urgencia de sobrevivir, pero tampoco sin una marca de melancolía. Ese fue mi sueño hija, dime, ¿que te parece? Desperté un poco asustado, con un recuerdo muy claro y no me ha costado mantenerlo hasta ahora. ¿Tienes alguna idea?
14. Querido Julio, te dejo los Vestiges que me había ofrecido aquel gentleman del puerto del que te hablé. Al parecer lamentablemente no ha sido aun traducida al francés, pero so no es problema para ti. Como veras, según lo que me han contado mis correspondiente, presenta una interesante aproximación para el publico en general al problema de la transmutación de las especies, que tanto ha preocupado a nuestra hermana, y no solo a ella. Lo que me llama mucho la atención es la fecha de su publicación, es anterior a las publicaciones evolucionistas de Mr. Darwin, según tengo entendido. Seguramente los sabios de la Francia no lo han encontrado digno de su interés, y por eso no ha merecido el esfuerzo de ser traducido aún. Me interesa conocer tu parecer, y se que está dentro de tu amplio campo de interés, que logras alimentar a pesar de tus intensas ocupaciones en la tribuna . No quise interrumpirte por que se que estás muy ocupado con un par de litigios difíciles, pero como tengo prefiero esperar aquí que escampe la lluvia antes de ir a una visita, me entretengo con unas lineas de mas. Dile a nuestro padre que mi amigo Miguel sigue empecinado en ir a predicarle la moral positiva, parece que quisiera reclutar a nuestro venerable doctor en las filas de su cruzada laicista. Ojala lo pudieras convencer que no sea tan generoso con sus ya mermadas energías, recibiendo a tanto entusiasta, no siempre con los mejores méritos.
15. Que gusto escucharlos hablar así, con ese entusiasmo, tan lleno de vitalidad. Alguna vez me preocupó la melancolía de Alberto, para al ver lo bien la compañía de por lo menos uno de sus hermanos, quedo mas tranquilo. Así también fui yo, hijos mio, seguid ustedes la senda trazada. A esa edad, tenemos que ir adelante a conquistar al mundo, y no es irónico, no, no es, yo confío en que no vais a ser vencidos, es darse cuenta de ese combate mas difícil aun, que es el interior. Pero al escucharte Julio, me doy cuenta de que no es tan así, hay algo mas, a pesar de todo, a pesar de las desilusiones y de las amarguras de la vida, hay un propósito que no es que sea mayor, es complementario, olvidado. Señor padre, díganos, ¿que ocupa sus pensamientos? Comparta otro botón de su sabiduría con estos hijos, dicen en parte en chanza, en parte con toda seriedad. Mas que compartirles esa supuesta sabiduría que me achacan, quiero preguntarles por su hermano Victor. Lo veo muy apegado a su hija, pero a la vez muy enclaustrado. Yo le hable, le invite al circulo. Fue, y la verdad es que fue un evento afortunado. A veces es un poco inane, pero está vez se leyeron buenos versos, un buen declamador de los Derniere de Gautier, . Bueno, el punto es que aunque pareció agradarle, ustedes saben que es un alma sensible, no le pareció seguir frecuentando el circulo, y no es que haya muchos mas de donde escoger. No quise ser majadero con él, pero lago dejo ver, de que si bien no es que mire en menos las bellas artes, su alma no encuentra solaz mas que en la calma del hogar. A mi también me preocupa un poco, la verdad es que es una pena que no salga nada de él mas que algún verso, y muy a lo lejos. ¿Les parece a ustedes dejarlo en esa búsqueda interior, así nomas? En principio no veo nada malo en brindarle este hogar, nuestro hogar, como monasterio. Es por su bienestar que no puedo dejar de lamentarme por esta veta de melancolía que recorre a la familia, generación tras generación. Alberto se pone sombrío al mencionar eso. Quizás fue un error, por que debería sentir una condena de antemano, mas debería debería apoyarlo para que sea artífice de su propio destino. Su respuesta es muy característica. Es de esperar que alcancemos a ver a la teoría neuronal desarrollarse lo suficiente y encontrar la raíz científica de ese mal. ¿Raíz científica para un mal del alma? No sabías que adherías al reduccionismo cartesiano hermano. No es eso, ¿por que se ha de detener la ciencia ante lo que antes era un misterio? ¿Que era el vitalismo, en retrospectiva, si no una explicación mágica de las enfermedades y de la vida invisible? Cuantas vidas no se han salvado, sin ir mas lejos, en el mismo hospicio, por su aplicación en la asepsia. Se ve difícil. así son los problemas valiosos. Pero nos hemos desviado, a su hermano no lo va ayudar los descubrimientos futuros. Padre, no es tomar una actitud quietista, ¿pero que mas podemos ofrecerle que nuestra compañía, nuestro oído confidente, para que descargue lo que sea que quiera descargar de su corazón? Mal podemos decirle donde están esas respuestas que el busca, ¿no? ¿Si, te parece a ti? ¿No podemos? ¿Y que lo que nosotros hacemos no es justamente eso? ¿No estamos cada uno en nuestra arte o ciencia, realizando estos propósitos de los que tanto se habla con tanta reverencia? Después de una buena pausa, preferimos tácitamente cambiar de tema, y una vez mas, no habiendo llegado a una conclusión, nos sentíamos satisfechos del intercambio hecho. Quizás por eso fue un gran servicio a mi país haber abandonado la política, y cambiar la elaboración de la legislación en las transacciones del foro por su interpretación en la tribuna.
16. Acompañé a la Luisa, había que escoger bien el maní está vez, la habían engañado, claro, no conocía bien todavía ese producto, si lleva un par de años nomas, y no podía mandar a nadie mas. De paso también le riño al casero ese, mira que darle maní podrido a la pobre. Como lloraba la pobre. Mire señora, ese es el hombrecito. Buenos días señora. Buenos días, oye tu, ¿tu le habías vendido ese maní malo a esta chica? Claro, el tipo se asusta ese rato, si sabe lo que hizo, me ve, baja la mirada, la vuelve a levantar sonriendo, haciéndose el que no sabe a que vengo. En cuanto le empiezo a reñir partes los cuentos, que señora, usted sabe que siempre se puede pasar algún maní malo. Claro que se puede pasar alguno malo, pero si estos eran casí la mitad malos, si me dio una rabia verlos así, ¿como se le ocurre hacer eso? Señora, si usted sabe que siempre le doy lo mejor, que puede haber pasado, sabe, alguien mas debe haber sido que le vendió, un sobrino que estaba acá ayudándome, tuve que ir un rato a una cosa y el me cuido. Sabe lo que yo debería hacer, debería denunciarlo por estafa. Pero señora, por favor, como va a decir eso. Mire, le voy a reponer, le daré media cuartilla por la molestia, como va a hacer usted eso, señora. Y en eso aparece un chico, su sobrino habrá sido, pero yo sabía que eso del sobrino era cuento, si el nomas vende, no se separa de su maní por nada, y empieza a hablar este chico, vivísimo, un chiquito nomas y dice, mira, si es la chica, si tu te habías ido con la bolsa equivocada, me equivoque no ve, porque me quede mirando sus ojitos tan lindos, y ahí la Luisita se pone roja, me mira asustada, y el chico riendo, no señora, si no hizo nada malo, si lo que paso es que yo nomas me quedé como tonto nomas mirándola, es que tan linda la chica, me decía yo, ¿no cierto señorita? La Luisa, rooja, no decía nada, y el chico poniendo su cara de tonto, diciendo, así estaba, enamoraado, y por eso me equivoqué, vivismo, un bandido el chiquito ese, me ha hecho reír, yo no quería reír, si venía a reñirle, la Luisa también se empieza a reir, tapándose su boca, así como está ahora, así se estaba riendo, y no había nada mas que hacer, le dije ya dame esa media cuartilla, que es mucho menos de lo que me debes, pero por esta vez nomas, ah, solo por esta vez te lo dejaré pasar, mucho cuidado con andar tratando de engañarme, mira que yo siempre te ha pagado el precio justo, ¿acaso alguna vez te he tratado de deber, de que me fíes, como otras que inventan? No, yo te pago tu precio justo, y tu tienes que ser justo también conmigo, ¿no ve? Sí señora, y se mete denuevo ese chiquito, si usted es la señora del doctorcito, el mas justo entre tanta injusticia señora, y le larga un coscacho el viejo, que te metes tú hablador, de que vienes a hablarle a la señora de su marido, que te has creído, ay grita, te voy a acusar donde el doctorcito, de que yo te sirvo bien y tu me das de coscachos, ¿no cierto señorita, usted me va ayudar? Pero ese chico era de gracioso, que no les explico, y esta se tapa la cara, y yo mejor que me iba de ahí, por que si no que barbaridades mas se iba a poner a hablar ese malandrín, mira, había ido tan enojada, pero al final salí riéndome, si a la vueltecita nomas nos tuvimos que sentar a reírnos las dos, si parecíamos locas, de recordar las caras y las gracias que hacía ese chiquitín.
17. Ese año que viajé a la inaguración del año judicial fue especial por varios motivos. Fue la primera vez que fui como presidente de la Corte Superior de Distrito. También, ese año se excusaron todos los otros magistrados, por distintos motivos, de valor irregular. Independiente de los porqués y otrosíes, partí ese viaje de muy buen animo. Algunas ocasiones fueron buenas para la lectura, los trechos mas llanos del camino, aunque rara vez en buen estado, y con luz adecuada. El viaje fue interesante no solo para las actividades contemplativas o de introspección. También fue una buena ocasión para conocer mejor al personal del carro, el mismo que ya nos había hecho este viaje en mas de una ocasión. Tuve oportunidad de conocer mejor a Julián y de apreciar sus cualidades en el mando de esa pequeña comunidad flotante que es un carro de viaje. Las labores de carga y descarga, todo el cuidado que requiere el cruce de los cauces crecido en esa estación, son episodios donde se hacen notar esas cualidades. Graba queda la imagen de los hombres, moviéndose coordinados alrededor de los animales y del carro, salpicando por las gélidas aguas de un riachuelo crecido. Sus gritos y los de su líder controlan a las bestias y coordinan sus movimientos como una danza. Los ojos fijos en concentración de cada miembro de ese equipo. así deberíamos funcionar los magistrados de una sala, para el beneficio de nuestros ciudadanos y de la república toda. Sin suspicacias por los prevaricatos ni ulteriores motivos, empujando el carro de la justicia por el escollo de los litigios. Esa noche me hablé con el conductor, alabándole en el cumplimiento de sus funciones. La verdad, un sencillo gracias bastó, y pude ver que estaba complacido por el reconocimento, que le pedí trasmitiera a los hombres. Las noches de ese viaje en cambio, se prestaban mas para la contemplación. Mientras los hombres se solazaban con la bebida de una venta, y el mas pícaro de ellos cortejaba alguna moza local, después de la solitaria cena, salía al descampado, donde la inmensidad del firmamento, escondido el resto del año por los faroles de la ciudad, por los muros y tejados, o simplemente invisible por que nuestra vista va pegada al suelo; me convoca una vez mas a ese llamado atávico, la sensación ominosa de pequeñez que sintió el hombre al adquirir conciencia de si mismo. El frió me despierta y vuelvo a la venta, donde me recibe el calor humano de mis compañeros de viaje, callados ante mi presencia, pero hermanados por la vastedad de nuestros parajes.
La
mañana es fresca. Consulto al conductor, quien a su vez consulta la
bóveda celeste, con sus señales en el horizonte. Eso y las noticias de
otros viajeros deciden nuestros rumbo para la siguiente jornada.
Viajamos ligeros de equipaje, acorde nuestra salida es pronta y de buen
animo. La Providencia nos favorece, y se anticipa un viaje mas corto de
lo usual. Al llegar a nuestro destino, la sede, les reparto a los
hombres una propina, y les encomiendo mesura, para volver a verlos en el
regreso. Mas de una vez se ha quedado un rufián por un pleito que lo
deja herido o muerto, generalmente por los excesos de la bebida. No
quisiera que este viaje se vea empañado por tal desdicha para sus
familias, recordándoles que no por estar fuera de la vista, estás hayan
dejado de existir.
Las ceremonias no merecen mención que supla lo que dijo el periódico, y
para el regreso compartí carruaje con las otras autoridades, que no
habían podido prever la ausencia de mis colegas, para ir todos mas
cómodos. No quiero aburrirlos con las comidillas políticas de ese viaje,
pero siempre es productivo el compartir ese corto cautiverio con los
que comparten delicadas responsabilidades en nuestro departamento y en
el gobierno de la república.18. ¿En que piensas hermano? Nuestro padre se preocupa de tu ennui. No es eso, para nada, Si quieres escucharme, te cuento de algo, que te puede parecer vano, que he discurrido en lo que te parece aburrimiento. Nada me dará mas placer, querido Victor. ¿Te has detenido a mirar una camisa planchada? Fijate la proxima vez que te la vayas a poner. Fijate que esas camisas nos la planchan con carbones encendido. Carbones, Armando, sucios y encendidos, y mira como quedan. Permiso, hermanos, no pude evitar escucharlos al pasar, y tengo que decir, ¿apuntas a una metáfora? Se ve prometedora. No, no es eso, es simplemente que he visto una belleza que me parece hasta artística en estos objetos cotidianos. Una cama bien hecha, ¡como nos espera! Como una llanura de orden, un sistema en un mundo perfecto, encerrado en si mismo, en ese pequeño espacio, en ese lapso entre la media mañana cuando la mucama lo tiende y la noche en que te acuestas. Veo, veo. Interesante. La belleza de lo cotidiano. Sabes, hay algo en algunas artes orientales me parece en esa linea. Estuve leyendo sobre algunas practicas decorativas, no recuerdo el nombre, en una publicación muy interesante que encontré, Le Japon Artistique, eso era, una hermosa magazine. Bueno, el asunto es que eran unos arreglos florales, que no eran meramente decorativos, tenían ciertos principios espirituales que no me quedaron muy claros, me temo que voy a culpar al autor por eso, si disculpan mi petulancia. La verdad, es una cultura tan lejana, de la que sabemos tan poco, si tengo entendido que el país entero estaba en una especie de enclaustramiento. Bueno hermanos, esta magazine esta en casa de mi amigo Jorge. Pero que poner a Jorge en ese dilema, prestar su ejemplar, la proeza que significa conseguir algo así; o peor aún, tener que decirnos que no, inventar una mentira, no se, quizás eso no le cueste tanto eso, pero mejor sería ir a su casa a leerla. Hermanos, les agradezco su interés en lo que les digo, solo sean indulgentes con mis divagaciones, la verdad es que ni yo se a donde voy con todo esto, son unos impulsos solamente que asolan mi alma. No se, no creo estar entrando a un Parnaso domestico cotidiano, no es eso tampoco, la verdad, ustedes saben, yo no creo que misterios ni ocultos, soy solo muchos contradicciones en un solo lugar. En ese momento, mirando los dos a nuestro hermano, vimos a la madre de su hija pasar por el pasillo, así como cualquiera puede pasar, escuchar lo que hablamos, nada confidencial.
19. Cuando pasé por la iniciación y el sello del silencio, no pensé que iba a ser tan difícil. Ahora entiendo por que no he tenido hijos, y tantos hermanos evitan esa tentación, de querer dejarles el conocimiento a tu sangre, la siempre presente ilusión del poder, del beneficio propio. Que dura labor, la de amor a la humanidad, y a la gran obra. Veo a Eulogia y me complazco de que sea una digna continuadora, que la semilla siga bien rastreada por los hermanos. Pero su padre, mi hermano, no puedo ayudarlo mucho, algo, para mantenerlo, pero su tedium vitae, si le pudiera hacer participe del gran propósito, ¿le serviría de algo? Y mi padre, mi anciano padre, ya ha confesado su alma de buscador ante su hija, y con esa sed del hombre a punto de despertar. Había sido parte de mi preparación, anticiparme a esa sed en el amado, en el hijo, y en el padre, pero claro, otra cosa es verla con tus propios ojos, la sed por el conocimiento, por esa fuente oculta en las nieblas del pasado, en las raíces mas profundas de nuestra humanidad. Pero no es que haya sido un buscador desesperado, de hecho, le ha llegado mas de su porción de alucinados por los espejismos, a contarle de las sombras borrosas que despliega la Realidad sobre este mundo contingente. Su respuesta suele ser benevolente y escéptica, aunque sabe que no es todo fantasías o imaginación de un alocado. Ha ido atando, paciente a lo largo de los años, esos pocos cabos, para tener la certeza de que nuestros pasos son movidos por fuerzas ocultas, que existimos, aunque no sabe quienes somos.
Tanta
buscador de emociones fuertes, que degrada las artes arcanas de elevado
propósito en espectáculos pirotécnicos, tanta hermandad espuria,
efímeras hojas al viento, perdidas en la historia, siempre
reapareciendo, a veces producto de hermanos caídos en la tentación del
dominio, a veces por los propios poderes, siempre latentes, dispuestos a
ser domados, o irrumpiendo en los de propensión demasiado fuerte. Pero
don José María es indiferente a esas invitaciones, sabe que aún en raras
ocasiones siendo veraces, son irrelevantes. Sin embargo, a ver,
revisaré una vez mas la cúpula que invoqué, sí, está bien. Lo que pasá
es que he notado ese cambio en mi padre, de que encontró algo, pero lo
raro es la fuente, sería por medio de Manuel. Sí, mi Manuel. El está
revisado, y aunque quizás había bajado un poco la guardia todos estos
años con él, estoy segura que sigo manso como el primer día, y no tiene
ni el mas leve rastro de poder ni nada parecido. Claramente fue algo que
pasó en su viaje al norte. En su carta que te mostré, me contó algo de
una charla a la que asistió, que dijo le había hecho pensar en mi. Por
supuesto que averigüe, y por lo que supe del hermano ahí era inofensivo,
un santón oriental, uno entre varios, nada para preocuparse. Que a
Manuel la haya causado alguna impresión, bien por él, por que aparte de
algunos comentarios y un entusiasmo muy mesurado, hasta recatado diría,
sin ser hermético, no ha hecho nada, ni he detectado nada en él. Sin
embargo, aunque por un lado me complace, no deja de sorprenderme la
reacción en mi padre. Por eso te quería mostrar esto, una lectura que él
trajo, y que leyo con mi padre, a ver que te parecía, a mi no me dijo
nada mas que las buenas intenciones de hombre devoto. Pero don Jose
María ha tenido ese cambio que te digo, de buscador que encontró. No se
si tu sabes de reacciones por el estilo al final de la vida. Yo conocía
de algunas, abulia melancólica, devoción religiosa, desesperación, y
esta como que rompe el esquema, y no se si amerita que le pongamos mas
atención, o simplemente es una fortuna de mi anciano padre, nada mas que
un solaz para su alma.
20. Mira cuñadita, estos son los dulcecitos de los que te hablaba. Nos son para comerlos en cualquier ocasión, pero esta es una buena tarde para hacerlo, tenemos toda la tarde libre y nuestros esposos han salido a sus cosas de hombres. Esta es una manera bien linda de divertirnos entre mujeres. Esta me mira, pensando lo obvio, pero ¿como va a saber? Las sirvientas ya saben que tomo mi siesta, y aunque entran de curiosas, ven solo a la señora durmiendo, quizás alguna vez con los ojos abiertos, se asustan, pero después se les pasara, por que no he visto que tanto van a hablar de una cosita así. Entonces toma, cualquiera va estar bien. Come con gusto, pero pareciera que mi cuñadita supiera algo mas, capaz que aquí ya prueban, pero me fijé bien en todas las casas y no había ninguna cactacea digna de mención. Cortésmente me acuesto en el sofá, dejándole la cama a mi huésped. El viaje empieza rápido, seguramente efecto de este clima. Mi compañera de viaje desaparece inmediatamente cuando cierro mis ojos, lo que aunque poco frecuente, no llama demasiado mi atención, espero encontrarla en algún lugar. Mis lugares preferidos empiezan a aparecer, parece que va a ser un viaje lindo, sin pesadillas. Lo que es mas, visto mi traje favorito, el aguila de alas turquesa, con la cola de fuego azul y pico de un hermoso bronce. En mi vuelo aparece lo que no es exactamente una pesadilla, pero sí está fuera de lugar. En la cima de un monte de dimensiones inmensas, en una pequeña meseta, esta de pie mi cuñada, supuesta compañera de viaje, digo supuesta por que esta sentada en una de las sillas de la habitación, y vestida con el mismo traje que la deje. Vuelo alrededor de ella, y levanta la vista con una mirada suave, como comprensiva, como quién ve a un niño jugar. Me resisto a bajar, solo vuelo un poco mas cerca, y ella no me hace un gesto de si debería aterrizar o no. Me alejo y sigo buscando cosas mas fantásticas, un poco enojada con la sorpresa de mi cuñada. Pero el paisaje, aunque fantástico, se vuelve monótono. Extrañamente el vuelo se pone largo y cansador. Despierto, con la mente mas clara de lo común, la consabida sed, y mi cuñada mirándome mas que cómplice, como que supiera algo mas que yo, pero no me lo va a decir. Tenía razón mi querido esposo, esta mujercita se las trae. Es una mosquita muerta, un hueso duro de roer.
21. Fue un mal día en la corte, un caso escabroso de asesinato, abuso de alcohol y abandono de menores. Casos sórdidos como este generalmente no pasaba mas allá de la competencia de la policía en estos años, sin embargo cuando el imputado y el demandante coincidían en recursos, aunque fueran modestos, podía ser que llegase a esa instancia superior. No terminaba de acostumbrarse a tragedias como esas, a pesar de su ya vasta experiencia. Al llegar a su casa buscaba esa luz de esperanza, que afirmaba su creencia de que todas las personas podían llevar una vida provechosa para si mismos y para su prójimo. Se debatía siempre por compartir o no estas pesadas cargas con su familia, especialmente sus hijos. En general prefería no compartir esa carga, pero había notado que el efecto era en general positivo cuando optaba por hacerlo. En esa ocasión encontró una sorpresa, al estar esperándolo su yerno Manuel, el marido de Carmen. Le sorprendió, pues aunque se habían estado viendo frecuentemente los últimos meses, había sido mas que nada en la casa de ellos, que le quedaba en el camino de vuelta de la Corte. Ahí paraba su carro para una breve visita, donde con una inocente complicidad, cada vez antes de irse compartían esas bellas selecciones que había traído de su viaje de trabajo a California. Algo importante tenía que ser, por que lo vio en sala con una ligera impaciencia en su porte. Después de intercambiar cordialidades, le dio la noticia. Había decidido emprender un viaje, sin fecha de regreso determinada, a las tierras del hombre cuyas palabras había traído. Don José María, aunque no se lo esperaba, no resultó sorprendido en demasía, porque ya conocía esa sensación, de haber encontrado a traves de esas palabras el objeto de su deseo, y la certeza de que su corazón hallaría el anhelado descanso al encontrarlo. Puede parecer sorprendente que un hombre respetable como el Doctor no se escandalizara de que su hija Carmen quedasé abandonada de su marido, pero él sabía como era la esposa en cuestión. Una muchacha retraída, pero de carácter fuerte, que se manifestaba en cuestiones muy intimas, como por ejemplo su disciplina en algunas devociones religiosas, su apego a una cierta niñera al final de su infancia y sus hábitos madrugadores. Había aceptado las atenciones de Manuel de una manera que a él y a su madre no logro convencer como guiada por ningúna motivación comprensible, no parecía moverle ni el interés pecuniario ni el romanticismo, de una juventud que ya estaba en retirada. Sus pocos pretendientes anteriores habían sido rechazados con una diplomacia magistral, digna de una mujer de mas experiencia. Su vida marital había sido sumamente discreta, el mínimo de vida social que exigen las buenas costumbres, andaba mas bien cada uno por su lado, lo que por supuesto se prestaba para una que otra maledicencias. Sin embargo, como las apariencias eran bien servidas y no hay había mas alimento a las comidillas que sus actividades mas bien aburridas, no eran objeto de mayor atención. Lo que si había sido mas comentado fue la infertilidad de la pareja. A Manuel le fue aconsejado seriamente por quienes le deseaban bien que demostrará su virilidad engendrando un hijo fuera de su matrimonio, para no sufrir el cuestionamiento del que era objeto. No sabemos si se negó por miedo a confirmar los rumores, pero esta sí fue el efecto que tuvo su actuar. Carmen fue mas bien objeto de compasión, por su desventura en la ruleta reproductiva. Alberto, en su condición de hermano y médico, satisfizo la curiosidad familiar, confirmando de que no había nada evidente en la anatomía de la fallida madre que explicara la ausencia de prole. También pudo constatar en sendas y discretas entrevistas a la pareja y a cada uno por separado, de que cumplían cabal y eficazmente sus deberes maritales, lo que descartaba un exceso de pudor o recato. Don José María había siempre sospechado algo en su hija Carmen, desde que nació. Algo extraño, difícil de apuntar. De niña había mostrado buen carácter, especialmente con sus hermanos. Había llamado la atención de su madre cuando demostró un notable don de mando con el personal de la casa y con otros servidores de labores meniales asociados a la familia. Parecía tener con ellos un ascendente innato, desde antes que otros niños tomaran conciencia de su lugar en la jerarquía social. Su formación había sido cuidada, absorbiendo con mayor interés las lecciones de su institutriz, y recibiendo una formación esmerada de su padre, llegando a dominar el francés en un breve lapso, e incluso incursionando en el latín bajo la dirección de su padre. Sospechaba él que había aprendido mas de lo que admitía, hurgando en su biblioteca, a la que por supuesto el no le habría negado acceso alguno. ¿Por qué ese actuar secreto? ¿Acaso desconfiaba de él? ¿Y en que sentido? Él la había alabado como padre, y sus hermanos eran mas bien indiferentes a lo que consideraban solo una excentricidad inofensiva. Tenía pocas amigas, y las visitaba con regularidad mas bien fría. En la entrevista medica que tuvo con su cuñado, este relató que había actuado con recatada compostura, lo que solo encajaba bien en la idea que se tenía de ella. Con todas esas consideraciones, el doctor José María no veía a su hija como una desdichada mujer que iba sufrir el abandono de su marido, con el consecuente desamparo. Manuel le explicó que tenía un viaje de trabajo al puerto, que era el mejor punto de partida hacia su viaje. Le venía a presentar su plan, por la amistad que les unía, por el interés común que tenían, y por el gran valor que le ponía a su opinión y consejos que tuviera a bien compartir con él. Don José María le confeso su sorpresa, pero le aseguro que contaba con su bendición. Incluso le confeso que sentía el deseo de estar en su lugar, con menos años y menos responsabilidades, para poder emprender tal aventura. Él, que nunca había querido buscar las emociones fuertes de tantas intrigas criollas, incluso el ofrecimiento de un puesto en alguna legación, americana o europea incluso, pero sabiendo muy bien que sus funciones iban a ser mayoritariamente ceremoniales, una estadía vacía de propósito, dadas las condiciones de la cancillería nacional; o bien cargadas de las suspicacias de la política bilateral, ese arte de lectura entre lineas y comunicaciones veladas que tanto le había desagradado en su breve incursión en el parlamento. Lo enviaba pués, a su yerno, con sus mas sentidos parabienes. Le prometía atenciones para con su señora madre, anciana viuda que esperaba a la muerte con devota resignación en su habitación, esa responsabilidad si que opinaba que era mas penosa dejar que a su esposa. Era su único hijo, y era muy poco probable que lo volviese a ver. Manuel le explico como dejaba sus asuntos arreglados con la sociedad de socorros mutuos, para cuidar de sus exequias y sepultura. Don José María, a quien esta noticia le había dado inicialmente una infusión de optimismo, se ensombreció al pensar en la venerable señora, y no dejo de hacérselo ver a su yerno, sin que esto resultase en un cambio de parecer con respecto a los planes finales. Le parecía que la madre estaba siendo sacrificada, por algo que no tenía la plena certeza fuera un bien mayor. Sin embargo, mostrarle su parecer a Manuel era todo lo que podía hacer, no iba siquiera a intentar disuadirlo en esa cuenta. Después de repasar diversos puntos de preparación que observó dejaba bien atados, se despidieron.
A continuación Manuel se dirigió a la casa comercial donde trabajaba de contador. Tenía la difícil misión de sincerarse ahora con Don Eustaquio, el director de la sede nacional y su superior por todos estos años de servicio. De este hombre, dedicado en cuerpo y alma a su trabajo, temía una mala reacción, pero se sentía obligado a enfrentarle con la verdad de cara, y no a la distancia por carta. Al encontrarse y saludarse, su jefe noto con su ojo avisor que Manuel traía un asunto grave de tratar. Inmediatamente dejo todo de lado, su trabajo del día de descanso, que el no respetaba pese a las observaciones de las autoridades eclesiásticas y de cercanos piadosos, y le instó a soltar su carga con plena confianza. Cuando Manuel le explico que de el viaje en ciernes al puerto iba a ser el último que iba a hacer como funcionario por un periodo indefinido, don Eustaquio le fijo la mirada con estupor, y empezó a protestar, inquiriendo por la ofensa o falta que lo llevaba a abandonar esto que había sido como su hogar, mas que su hogar. Fue un largo y apasionado debate, donde el formidable hombre de negocios paso de la cólera a las lagrimas, extendiéndose Manuel también por su parte, en una larga exposición de su viaje espiritual en los últimos dos años. En un momento Manuel llegó a lamentar haber optado por develar tanto detalle, por que no parecía encontrar respuesta favorable, ni ningún grado de comprensión para su parecer. Finalmente, prevaleció la gratitud que le tenía por sus largos años de servicio con honestidad intachable. Había estado entrenando un equipo de tres jóvenes promisorios, que seguro iban a poder tomar sus responsabilidades, él sentía. Sí, seguro que sí, y robarme hasta el alma, alegaba furibundo el jefe, si usted sabe que no se puede confiar en nadie en estos días. Don Eustaquio, con todo el agradecimiento que le tengo, debo decirle que si usted esta convencido de mi actuar honesto en sus finanzas, es por que nunca ha dejado de controlar los movimientos, lo que no lo resiento en lo mas mínimo, simplemente me permito hacerle ver que es lo que va a tener que seguir haciendo de ahora en adelante. Después de largas horas de está discusión y otras anexas sobre puntos de administración del negocio, le cito para el lunes a primera hora, antes de la llegada del personal, iba a reflexionar mas sobre la posición que le planteaba y consultarlo con su almohada, que hasta ahora había sido buena consejera, mejor en todo caso que los impulsos de una noche. Manuel se retiró un poco mas aliviado que en los momentos mas oscuros de la furia de su jefe.
Carmen fue, como se imaginaban él y su suegro, la parte más fácil. Le deseo bien, trató de asuntos prácticos, sobre las inversiones que dejaba, de los poderes y tutorías legales y temas de esa índole. Esa noche, la extraña quietud de su actitud comprensiva se transformo en la sorpresa mas grande que le había dado. De unos ya que dormían separados, cosa no en exceso extraña en su sociedad, donde mas de un patriarca saciaba sus apetitos carnales con las mujeres que su jerarquía le permitiera, relegando a su esposa legitima a una posición de ama de llaves en la intimidad de la casa. Este arreglo entre ellos se fue dando de manera amistosa, casi por accidente y conveniencia domestica. El visitaba su alcoba, donde siempre era bien recibido, con le recato que se esperaría de una dama de buena familia. Esa noche en cambio, entró otra mujer. Era Carmen, pero su cabello parecía enmarcar su cara como una cuadro de fantasía, con rizos que nunca había notado en sus sobrios arreglos. Su mirada era felina, de una intensidad penetrante. Al caminar hacía su lecho con el candelabro, su camisón de seda, el mismo de su noche nupcial, parecía acariciar sus delicadas curvas, como que su cuerpo estuviera ya siendo acariciado por manos invisibles. Sintió que estaba ante otra mujer, y la voz, aunque familiar, tenía un tono de secreto lejano, que nunca había escuchado en su vida. Le dijo, Manuel, perdonamé por todo, has sido un buen marido y quiero que sepas que estoy agradecida contigo, de cuerpo y alma, mientras tomaba su mano y la acariciaba, ante su enmudecido asombro. Ahí fue cuando le golpeo el perfume, que termino de sobresaltar su corazón, haciendo vibrar todos sus músculos en un largo espasmo. Apagó la vela y se deslizo dentro de su cama como un fantasma, como un sucubo mortal, para abrazar a su esposo con la magia de unos encantos que nunca hubiera sospechado podían existir en su mujer, haciendo nacer en él una fuerza insospechada, una hoguera de pasión que el creía muerta cuando dejo atrás su juventud.
A la mañana siguiente despertó solo, contento, y aunque un poco molido por el ejercicio, lleno de vitalidad. Su esposa había salido temprano y él partió raudo a su compromiso. Don Eustaquio, como siempre, si rodeos, le informo que había decidió a su favor y que le daba excelentes cartas de recomendación a sus socios en el puerto para que lo ayudaran a embarcarse. En la parquedad de su comunicación, Manuel comprendió que el hombre había agotado la sensibilidad de un largo periodo, y que ya podía darse por conforme con los resultados.
La despedida de su madre fue mas difícil, pues le dijo que estaba cierta de que está vez ya no la iba a encontrar a su vuelta, pero que si tenía que ser, ya, que se fuera nomás, que ojala volviera algún día para dejarle una flor a su tumba. Aunque el dramatismo de su partida ya se lo había repetido las dos veces que había viajado, esta vez, quizás por que él sabía que era cierto, quizás por que sabía que su madre podía leer muchas cosas de su corazón, está vez lo sintió como cierto y justificado por sucesos ocultos en el futuro.
Al volver a su casa terminar de empacar sus cosas, apartó en un sobre, con una sentida dedicatoria, una traducción que preparó de una sección del libro que habían estado compartiendo con su suegro en estos días.
Aquellos
que hollan el sendero de la fe, que tienen sed del vino de la certeza,
deben limpiar sus seres de todo lo que es terrenal, sus oídos de ociosas
palabras, sus mentes de vanas imaginaciones, sus corazones de afectos
mundanos, sus ojos de lo que perece.