Alfonso B. estudió cuatro años de ingeniería en la Universidad de Chile y simultáneamente música. Abandonó la ingeniería y el país junto a su mujer para dedicarse a la música en Alemania, ayudado ademas de por su talento por su ascendencia alemana. Ahí trabajó en un conservatorio, tuvieron tres hijos que se casaron con alemanes, de ellos a su vez recibieron nietos y más tarde jubilaron. Años después a su mujer le fue diagnosticado un cáncer al pulmón. Después de que uno de sus pulmones colapsara, decidieron volver a pasar sus últimos años en Chile. Hace unos meses se instalaron en Linares, pero han tenido que visitar Santiago frecuentemente para la atención oncológica, movilizándose en el auto que compraron. Ese martes, por haber llegado a la capital en hora punta, Alfonso decidió cambiar la ruta de acceso usual para llegar donde viven unos parientes con los que alojan en Santiago. Como suele suceder en esos casos, termino dándose varias vueltas demás, pero sin llegar a perderse. Esa tarde él iba llegando a la avenida Antonio Varas por una calle menor. Esa avenida tiene transito en un solo sentido, y una ciclovía en doble sentido. Esta ciclovía, en ese sector, no está muy bien señalizada ni demarcada, no como en Alemania donde no puedes dejar de notarla. Alfonso vio la señal de ceda el paso al frente suyo, y como venían vehículos por la avenida, se detuvo. En todo ese momento no habían estado pasando bicicletas por ahí, y yo venía por la ciclovía desde su izquierda. Cuando vi su auto acercándose, bajé la velocidad de mi bicicleta, pero como paró en la línea de detención, seguí andando. Entonces dejaron de venir autos por su derecha, en el único sentido de esa avenida, y él avanzo un poco más para ganar visibilidad. Ahí fue que golpee el costado de su parachoques frontal con mi rueda. Caí al frente del auto, de cara contra el pavimento. Sentí como mis dientes golpeaban el cemento, tanto así que no rompí mi labio y luego cuando me extrajeron las partes rotas se notaba una marca gris, como que hubiese estado sonriendo al caer. Ya tendido en el piso, pase mi lengua y comprobé que me había roto primero uno después otro mas en la caída. La forma de los pedazos indicaban una fractura en diagonal, lo que podría comprometer la raíz y significar la perdida de las piezas. Inmediatamente se acercaron a ayudarme unos transeúntes y el conductor. Me ayudaron a pararme, pero como estaba un poco mareado me recomendaron que me sentara, y ahí me quede en la cuneta. Bastante tiempo después, revisando el casco, encontramos un par de marcas de la caída. El conductor estaba muy preocupado de mi condición y le dije que parecía que lo único de cuidado eran los dientes, que de la cabeza iba a estar bien con reposo. Me ayudaron con la bicicleta, llamaron a mi esposa, a Carabineros y a la ambulancia. Carabineros nos aclaró que los dientes son considerados huesos legalmente y por lo tanto había sufrido lesiones graves, así que íbamos a pasar a fiscalía. Nuestro deseo de tener un arreglo extrajudicial amistoso quedaba entonces a merced del criterio del Sr. Fiscal. Claro que con la sobrecarga de casos que tienen, por qué no iría a querer uno menos. Los del SAMU nos explicó que en el Hospital del Salvador, que era el que nos correspondía, no había dental, así que teníamos que ir a la Posta Central. Nos llevaron a él y a mi en el radiopatrulla mientras que mi esposa se quedó esperando a mi padre con la bicicleta y un hombre que fue empadronado como testigo. En la posta tuvimos lo que nos habían advertido era la parte mas larga del procedimiento, la espera para la constatación de lesiones. También nos tomaron la alcoholemia. El médico confirmo que no había compromiso neurológico evidente, pero igual me dieron una "hoja de TEC", por si acaso. De ahí a la comisaría, para el registro, consulta con el fiscal y posterior liberación. Ahí le dije de lo importante que era denunciar el siniestro al seguro obligatorio (SOAP), tramite que todos tiene que hacer para su permiso de circulación, pero que a veces se olvida en situaciones como esta. Al pobre caballero le dejaron su licencia en el expediente, así que mi padre lo llevó en su auto hasta donde sus parientes.
Al otro día, Jaime Guachalla, gran dentista, me confirmó que se salvaban las raíces, que solo iba a necesitar coronas.
jueves, 19 de enero de 2012
Accidente
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